El blog de Juan F. Arza

¿Qué pasará en Cataluña tras el 27S?

¿Cuál será el nivel de movilización del área metropolitana? ¿Obtendrá la coalición CDC-ERC (Junts pel Si) la mayoría absoluta? ¿Qué resultado obtendrá UDC? ¿Cuál será el efecto Albiol sobre el PP, y de rebote sobre Ciutadans? Las incertidumbres en relación a los resultados electorales son muchas, pero hay algunas certezas y hechos altamente probables que nos permiten pronosticar qué ocurrirá en las elecciones del 27S y después de las mismas.

Sea cual sea el nivel de participación, la coalición Junts pel Si será con diferencia la fuerza más votada y los

antisistema de la CUP incrementarán ampliamente su número de votos

Sea cual sea el nivel de participación, la coalición Junts pel Si será con diferencia la fuerza más votada y los antisistema de la CUP incrementarán ampliamente su número de votos. Ambas fuerzas se beneficiarán de la sobrerrepresentación del voto de las provincias menos pobladas. Aunque es difícil que Junts pel Si obtenga la mayoría absoluta por sí sola, es muy probable que la suma de sus escaños con los de las CUP alcance o supere los 68 (sobre 135).

Como era previsible, la recuperación económica, la escasa calidad de sus candidatos, y las decepcionantes experiencias en algunos gobiernos municipales han ido erosionando el apoyo a la coalición de ICV y Podemos (Catalunya Si Que Es Pot – CSQEP). Aún así, estará en condiciones de obtener más de 20 escaños y disputarle a Ciutadans el segundo puesto. Esta última fuerza y los otros dos partidos no separatistas (PP y PSC) se repartirán unos 40 o 45 escaños.

El resultado electoral (especialmente el porcentaje de votos) puede dar a los separatistas más o menos legitimidad y credibilidad ante la opinión pública, y más o menos fuerza para una eventual negociación con el Estado. Pero lo que parece claro es que dominarán el próximo Parlament y que su guión no se va a ver substancialmente alterado por el resultado electoral.

Para seguir adelante, los separatistas contarán con la complicidad de CSQEP, coalición partidaria del engañoso derecho a decidir, buena parte de cuyos parlamentarios es abiertamente separatista. Con CSQEP se reproduce un fenómeno típico en la izquierda catalana, dominada hasta ahora por el PSC y por ICV: una élite nacionalista se beneficia del voto no nacionalista y lo pone al servicio de medidas y proyectos de “construcción nacional” que nada tienen que ver con la identidad e intereses del electorado.

Junts pel Si, y no digamos ya su posible alianza con la CUP y CSQEP, constituye un tótum revolútum ideológico incapaz de desarrollar un programa de gobierno coherente

Junts pel Si, y no digamos ya su posible alianza con la CUP y CSQEP, constituye un tótum revolútum ideológico incapaz de desarrollar un programa de gobierno coherente. Sin embargo, comparten un mínimo común denominador o, mejor dicho, máximo común divisor: su voluntad de afirmar la soberanía catalana y de abrir un “proceso constituyente” para redactar una “Constitución catalana”. Esa será una nueva discusión estéril y de conclusión imposible, una reedición del debate estatutario a lo bestia, una nueva pantomima con la que la clase política catalana seguirá entreteniendo a la parroquia, alimentando fantasías y agravios, y ocultando su sangrante incompetencia. Aunque el PSC ha ido deshaciéndose de sus parlamentarios más ambiguos o abiertamente nacionalistas (Geli, Parlón, Martínez-Sempere, Sabaté, etc.), no pueden descartarse sorpresas en sus filas y que alguno de sus diputados se una al show.

Artur Mas presidirá de nuevo la Generalitat, con el apoyo de una mayoría absoluta o simple, Oriol Junqueras será su Vicepresidente, y formarán un Govern de “excepcionalidad” y de “concentración”. Sin recursos financieros, humanos y técnicos, la construcción de las “estructuras de Estado” por parte de dicho Govern será otro festival de declaraciones, reuniones, cumbres e informes sin ninguna trascendencia real. La “diplomacia” separatista se intensificará, pero los apoyos internacionales seguirán sin llegar.

Artur Mas intentará de nuevo aplicar su estrategia oculta, la única que puede proporcionarle a él y a los grupos de interés que representa una tabla de salvación: la negociación con el Gobierno español

Mientras el Parlament y el Govern desarrollan un nuevo capítulo de la farsa populista y populachera que sufrimos desde hace años, Artur Mas intentará de nuevo aplicar su estrategia oculta, la única que puede proporcionarle a él y a los grupos de interés que representa una tabla de salvación: la negociación con el Gobierno español. Mas y esos grupos siguen soñando con un nuevo Zapatero en la Moncloa que se avenga a cambalaches y a cocinar un pasticho constitucional, que les garantice impunidad y total libertad para seguir medrando económicamente y sometiendo a la sociedad catalana a su proyecto de construcción nacional. A cambio ofrecerán tranquilidad y el aplazamiento por unos años del desafío separatista.

El futuro de Cataluña dependerá mucho más de los resultados de las elecciones generales que de las autonómicas del 27S. Si un PSOE inmaduro, tan necesitado de poder como falto de liderazgos e ideas, representado en Cataluña por un PSC jibarizado, tuviera la posibilidad de llegar a La Moncloa (algo que sólo podría hacer apoyado en partidos de extrema izquierda y nacionalistas), se habría abierto el cielo para el separatismo catalán. Si por el contrario el Partido Popular conserva el Gobierno, continuará la política de no realizar concesiones al separatismo catalán, reforzada con medidas contra sus terminales mediáticos y sus mecanismos de control social, y se abrirá la posibilidad de una auténtica reforma del modelo territorial que sería un duro golpe para la estrategia nacionalista de victimismo y agravio permanente. La voluntad de llevar a cabo dicha reforma, reconocida por el propio Presidente del Gobierno, ha dejado con un palmo de narices a quienes se empeñaban en caricaturizar su supuesto “inmovilismo”.

El poder del nacionalismo catalán se ha sustentado en un control directo o indirecto de los medios de comunicación y de socialización, en su capacidad para repartir cargos y dinero desde la Administración

El poder del nacionalismo catalán se ha sustentado en un control directo o indirecto de los medios de comunicación y de socialización (escuela, clubes deportivos, asociaciones, etc.), en su capacidad para repartir cargos y dinero desde la Administración, y en su habilidad para presentarse como útil ante la sociedad catalana obteniendo supuestas ventajas de los Gobiernos de España. El Gobierno de Mariano Rajoy ha hecho poco hasta el momento para destruir las bases de ese poder, pero sigue siendo la peor pesadilla para el movimiento separatista.

El separatismo ha dado en los últimos años 4 años un salto sociológico enorme. Probablemente no retrocederá a los niveles anteriores al 2012, y se mantendrá como una fuerza política significativa en el futuro. Pero el fracaso de esta campaña de propaganda y movilización llamada “procés” (proceso) y la constatación de la ineficacia de toda la estrategia rupturista, unida a una actuación firme e inteligente del Gobierno español, le restaría muchos apoyos sociales. La derrota definitiva del separatismo no se producirá en el 2015, pero sí puede producirse en el siguiente ciclo electoral.


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