El blog de Josep Prats

La fuerza del rumor

La última jornada bursátil del mes de septiembre nos proporcionó un claro ejemplo de la fuerza, de la influencia sobre el mercado, que puede tener un rumor. Deutsche Bank registró una revalorización, en cuestión de horas, superior al 15%. No es poca cosa para el mayor banco por volumen de activos de la zona euro.

Un rumor -el que apuntaba a que un buen número de hedge funds iban a cerrar toda su operativa con Deutsche Bank ante la inminente intervención pública del banco como única medida para reforzar su capital si éste se viera seriamente dañado por las multas norteamericanas- estaba en el origen de la fuerte caída bursátil de la entidad el día anterior. Y otro rumor, el anuncio de que el banco había cerrado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que fijaba en menos de la mitad de la cantidad inicialmente prevista la multa a pagar, relanzaba su cotización.

Unos días más tarde, ni ha habido intervención pública ni consta que se haya cerrado ningún acuerdo sobre el importe de la multa. Y la evolución en bolsa de Deutsche Bank responde a un patrón bastante parecido al del resto del sector.

¿Quién difunde los rumores? ¿Es posible que el mismo que difunde el rumor negativo un día antes propague el rumor positivo un día después? Quién propaga el rumor, uno u otro, ¿actúa tomando posiciones en el mercado, intentando obtener beneficio de ello?  No han de faltar partidarios de la teoría de la conspiración o defensores de la tesis de la manipulación de los mercados por parte de grandes agentes, que abonen dicha tesis.

La verdad, es que como inversor, poco me importa. Porque con el tiempo se aprende a relativizar los rumores hasta el punto de no hacerles ni caso. Algunos terminan por ser ciertos, pero es imposible saber cuáles. Y como la mayoría terminan siendo desmentidos por la realidad, lo más práctico es actuar ignorándolos.

Si alguien pierde dinero como consecuencia de hacer caso a un rumor intencionado, que no le eche la culpa a quien lo difunde, sino a sí mismo, por su falta de criterio. Y, sobre todo, que no le juzgue. Al fin y al cabo, quien lanza el rumor y quien le da pábulo tienen la misma intención: ganar dinero a corto plazo.

La fuerza del rumor no está en la credibilidad del emisor, sino en la credulidad del receptor.


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