El blog de Josep Prats

El coste de un fraude

Hemos empezado la semana con una caída espectacular en la cotización de un gran valor europeo. Volkswagen, la compañía europea con más empleados (600.000 en todo el mundo, la mitad de ellos en Alemania), veía como sus acciones perdían un 20% de su valor en un solo día. Ninguna noticia realmente cuantificable puede provocar este tipo de reacciones. Ni una mala cifra de ventas trimestral, ni un estrechamiento de márgenes, ni un defecto de fabricación en un modelo, ni unas revisiones a la baja de previsiones, ni una pérdida de cuota de mercado frente a sus competidores. Muchas son las noticias ante las que el mercado puede reaccionar negativamente. Pero el orden de magnitud de la caída, en pocos minutos, y en un contexto de relativa calma en los mercados, solo se puede explicar por razones inexplicables.

E inexplicable es que el líder mundial de la automoción, un grupo que fabrica y vende más de 10 millones de coches al año, de todas las gamas, en todos los mercados, pueda ser acusado de trucar a conciencia, cuando detecta que está sometido a pruebas sobre emisiones contaminantes, sus sistemas para que registren niveles claramente inferiores a los que efectivamente producen cuando están en funcionamiento normal. Y todavía más inexplicable resulta que siendo acusado de tamaño fraude, la respuesta inmediata por parte de la compañía sea una nota firmada por su máximo ejecutivo en la que no desmiente tal acusación, sino que se limita a mostrar su disponibilidad de colaboración en la investigación del fraude.

El actual CEO de Volkswagen, Martin Winterkorn podría tener los días contados al frente de la compañía. Hace menos de medio año su puesto estuvo en el alero tras una dura pugna con el que era presidente del consejo de supervisión, anterior CEO de la compañía, artífice de su conversión en líder mundial e importante accionista, Ferdinand Piëch, que acabó dimitiendo, al no lograr la salida del actual máximo ejecutivo.

El daño que ha sufrido Volkswagen en su reputación solo puede ser reparado con una cadena de dimisiones, que debe empezar por la de su número uno. El daño económico que sufrirá no lo conocemos. Potencialmente las multas que deberá pagar se cuentan por miles de millones de euros. Una multa de diez mil o hasta de veinte mil millones de euros es algo que el grupo puede soportar. Quince mil millones de euros de valor bursátil se han esfumado en un día. Si Volkswagen es capaz de mantener sus ventas en diez millones de unidades anuales, con un beneficio neto medio por unidad de mil euros; si es capaz de seguir ganando diez mil millones de euros al año, puede justificar perfectamente su actual valor bursátil de 65.000 millones de euros, aunque tenga que hacer frente a quince mil o veinte mil millones de euros de multas, que es probable que al final sean algo menos.

Pero para que pueda seguir como líder mundial, para que el prestigio de marcas como Volkswagen, Audi o Porsche se mantenga, no puede tener tramposos al frente. En estos casos, media docena de destituciones, mejor aún que dimisiones, ahorran muchos miles de millones.


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