El blog de Josep Prats

Bolsa y política

Si le preguntamos a un inversor, incluso a un profesional de la inversión, qué marcó el movimiento de los mercados el año pasado o qué determinará la marcha de las bolsas este nuevo año, tendremos entre las respuestas más comunes, probablemente, en primer lugar destacado, la política.

Que las ventas de automóviles hayan alcanzado un record histórico a nivel global, que en todos los grandes países europeos se hayan recuperado tasas positivas de crecimiento, que en Estados Unidos se haya alcanzado el pleno empleo, que el petróleo haya multiplicado su precio por dos, que China siga añadiendo decenas de millones de nuevos consumidores, un año más, al mercado, que los bajos tipos de interés hayan permitido la financiación de grandes operaciones corporativas, que todos los grandes bancos europeos hayan cerrado por primera vez sus cuentas bajo la supervisión unificada del BCE, no tiene mayor importancia.

El precio de las empresas en bolsa parece depender más del resultado del referéndum del Brexit, de la victoria de Trump, de la derrota de Renzi, de la nueva composición del parlamento holandés, de las encuestas sobre porcentaje de voto de los candidatos a la presidencia de Francia o de si el señor Schulz le arañará unos escaños a la señora Merkel. Y no digo que a cortísimo plazo, cada vez más cortísimo (semanas tras el referéndum británico, días tras las elecciones estadounidenses, horas tras el referéndum italiano), no haya quien compre o venda acciones apostando a los pretendidos efectos benéficos o perjudiciales de un resultado electoral.

No diré que no haya que estar al tanto de las declaraciones de los políticos o de los sondeos demoscópicos, aunque solo sea para reírnos un poco en las conversaciones de café. Pero la labor de un gestor, de un inversor profesional, de una persona que recibe dinero de otros para obtener una rentabilidad, es más prosaica que la de un tertuliano. Leer memorias anuales, informes sectoriales, resultados trimestrales, pasar los datos relevantes a hojas de cálculo, hablar con analistas es mucho más útil a largo plazo que especular sobre si la próxima promesa de tal o cual político será más o menos cumplida.

Porque Trump, May, Renzi, Le Pen o Merkel, vienen y van. Pero Siemens, Basf, Air Liquide, BMW, LVMH, Daimler, Allianz, BNP, Axa, Shell y otras tantas y tantas grandes compañías permanecen.


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