El blog de Ethenea

La inflación: un verdadero interrogante

Por lo general, una fase tardía del ciclo se asocia a un aumento de la inflación, así como a un progresivo endurecimiento de la política monetaria. La inflación ha tendido al alza y debería proseguir su aceleración en el primer trimestre de 2017. La continua recuperación de los precios del petróleo de la que fuimos testigos el año pasado tendrá una repercusión gradual en las cifras de la inflación de los precios al consumo. No obstante, la inflación es un fenómeno complejo cuya evolución resulta difícil de prever de una sola vez. Por este motivo, los bancos centrales han inventado el concepto de inflación subyacente. Esta variable mide la inflación general y no toma en considera­ción los precios del petróleo ni de los alimentos, que exhiben volatilidad y cuyo comportamiento se rige por su propia lógica. Según esta medida alternativa, el riesgo de un rebasamiento de la inflación se revela limitado.

Las últimas previsiones de inflación del Banco Central Europeo y la Reserva Federal estadounidense señalan que el dato de inflación alcanzará el 1,7% y el 2%, respectivamente, en 2019. Por lo tanto, no parece apremiante la necesidad de dejar atrás la política monetaria hiperexpansiva que ha formado parte de la vida cotidiana de los mercados financieros durante casi un decenio. En nuestra opinión, la inflación podría hacer tambalear el marco actual durante el presente año, en caso de registrarse simultáneamen­te un aumento de la inflación y un debilitamiento del dólar o un repunte de la inflación salarial.

A diferencia de un tsunami, que representa un fenómeno aislado que se produce de golpe, el incremento de la inflación constituye un poderoso proceso a paso lento que evoca la imagen de una creciente marea. En una sosegada noche de luna llena, la subida de la marea puede cubrir paulatina y delicadamente las rocas más peligrosas, y trazar un horizonte marítimo apacible por el que navegar con gran visibilidad. No obstante, cuando la superluna concurre con vientos huracanados, la marea ascendente acarrea peligro y puede conllevar un amargo desenlace. En consecuencia, se­guiremos muy de cerca la trayectoria de la inflación, sobre todo porque las proyecciones de inflación de los bancos centrales, al igual que las tablas de mareas, no tienen en cuenta la dirección ni la velocidad del viento, ya sea a favor o en contra.

En lo que respecta al tema de la inflación, el cambio observado en los discursos de los bancos centrales resulta asombroso. La deflación desapareció del vocabulario de los bancos centrales y la inflación se está haciendo un hueco a hurtadillas en sus de­ de­claraciones. Este giro podría marcar el principio del fin de las políticas monetarias sumamente acomodaticias, que combinan tipos de interés en niveles irrisorios con inyecciones de liqui­dez. Con la salvedad de Japón, la 'normalización'de la política monetaria podría haber dado sus primeros (y lentos) pasos. El ritmo de la normalización dependerá de dos fenómenos: la desaceleración del crecimiento y el avance de la inflación.

Puesto que la economía estadounidense se encuentra en la eta­pa más avanzada de este ciclo, y habida cuenta de que su banco central ha sido el único que ha subido los tipos, el país nortea­mericano marcará el ritmo. La FED es el único banco central que podrá subir los tipos el año que viene. Por el contrario, el Banco de Japón está acometiendo un programa de expansión cuantitativa a todo vapor; el BCE ha anunciado que prorrogará las compras de activos (lo que seguirá engrosando su balance) al menos hasta diciembre de 2017; el Banco Nacional de Suiza se está viendo obligado a mantener la penalización de los tipos de interés con el fin de evitar la apreciación de su divisa; y, por último, la política del Banco de Inglaterra depende de la forma en la que se materializará el Brexit.


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