El Blog de Ethenea

Los acontecimientos políticos captan la atención de los mercados

En un entorno mundial deslucido, que se caracteriza por el débil crecimiento, la tenue inflación, bajos tipos de interés y baja rentabilidad, se revela delgada la línea entre el crecimiento y la recesión, la inflación y la deflación, los mercados alcistas y los bajistas. En Estados Unidos, el ciclo económico se ha adentrado en una última fase que apunta a un crecimiento lento y gradual. El consumo privado representa la única locomotora del crecimiento y corre el peligro de verse lastrado por el debilitamiento del mercado de trabajo. En Europa, donde el ciclo está en una fase más temprana, el crecimiento debería seguir siendo robusto, apuntalado por una política monetaria sumamente acomodaticia. Como de costumbre, los riesgos emanan de la esfera política. Por último, la economía china supone el mayor peligro para nuestro escenario.

Tras el espectacular viraje orquestado por el Gobierno chino a principios de año, la economía vuelve a levantar el vuelo, si bien cabe destacar que no se han abordado los desafíos a los que se enfrenta, como la desaceleración de la tendencia de crecimiento, la sobrecapacidad, el elevado apalancamiento y la transición desde un modelo basado en la inversión hacia un crecimiento centrado en el consumo. En consecuencia, el gigante asiático sigue representando un factor de riesgo fundamental que puede reaparecer en escena en cualquier momento. Puesto que nuestro escenario no se ha visto alterado de forma significativa, nos centraremos en los cuatro acontecimientos que captaron nuestra atención en mayo, que fueron cuatro.

China sigue representando un factor de riesgo fundamental que puede reaparecer en escena en cualquier momento.

En primer lugar, el precio del petróleo alcan­zó el simbólico nivel de los 50 dólares por barril, lo que muchos consideran el precio de equilibrio en el sector de petróleo de pizarra de EEUU, estimado como productor marginal. Si este fuera el caso, el precio del petróleo debería fluctuar en torno a dicho nivel en un futuro próximo. Si el precio del pe­tróleo se mantiene en 50 dólares, la inflación estadounidense probablemente aumentará de manera paulatina en el año hasta situarse por encima del 2% en diciembre. De igual modo, en Europa, un encarecimiento del petróleo espolearía la tasa de inflación al alza. No obstante, cabe destacar que, en el Viejo Continente, el precio del petróleo y la inflación no guardan una relación tan estrecha como en EEUU. Esto podría explicarse, por ejemplo, por la función que desempeña el tipo de cambio en los movimientos de los precios del dólar estadounidense.

La publicación el 18 de mayo de las actas de la reunión del FOMC de abril desen­cadenó el segundo acontecimiento importante del mes, pues reavivó la posibilidad de una nueva subida de tipos en junio. Esto coincide con nuestra hipótesis de que se acome­terán dos subidas durante el año en curso. El tercer acontecimiento fue el acuerdo entre Grecia y sus acreedores. Aunque todo el mundo sabe que la situación en Grecia no ha cambiado sustancialmente, el Gobierno heleno es insolvente, aunque ya no carece de liquidez, pues ha recibido un nuevo cheque valorado en más de 10.000 millones para reembolsar al BCE y al FMI y cubrir sus necesidades de liquidez hasta final de año. Se ha puesto sobre la mesa la po­sibilidad de una condonación de la deuda, pero los acreedores europeos se mantuvieron a la defensiva, lo que significa que la deuda griega permanece en niveles insostenibles. Este acuerdo tiene el mérito de apaciguar las tensiones políticas en Europa en la antesala de un periodo de impor­tantes citas electorales. Por último, Donald Trump consiguió la cifra necesaria para obtener la nominación republicana a la Casa Blanca. Hasta hace poco, nadie apostaba por este desenlace.

El populismo está cobrando impulso en Reino Unido y Europa, lo que delata una falta de bienestar y visión en el mundo occidental.

La economía estadounidense ha dejado atrás la Gran Recesión con un PIB que supera actualmente en un 10% el máximo alcanzado antes de la Crisis Financiera y con una tasa de desempleo que se sitúa en un 5%. A tenor de estas estadísticas, ¿quién se atrevería a decir que los demócratas no han hecho un buen trabajo duran­te los ocho últimos años? ¿Por qué está funcionando tan bien el populismo en EEUU? El populismo también está cobrando impulso en Reino Unido y Europa, lo que delata una falta de bienestar y visión en el mundo occidental. La globalización y desigualdad económica suelen aducirse como los principales motivos. Si los responsables políticos se cen­traran en adoptar medidas más orientadas hacia la economía interna y hacia una redistribución más igualitaria, la capacidad para obtener beneficios de las empresas podría correr peligro. En cambio, una distribución más equitativa de los beneficios impulsaría el consumo y el crecimiento en los próximos años. Seguiremos con suma atención los comicios a ambos lados del Atlántico, pues el nuevo panorama político nos ayudará a formular previsiones fundadas sobre los acontecimientos que podrían ser determinantes en los diez próximos años.

Las sorpresas que nos depara el resto del año son imposibles de predecir, aunque existen algunas incertidumbres conocidas que mantendrán al mercado en un constante estado de alerta. Empezando por saber cuándo subirá o no los tipos la FED, seguido de cuál será el resultado del 23 del referéndum sobre el Brexit. Al referéndum británico le seguirán las elecciones generales en España el 26 de junio. Si la economía europea se mantiene en la misma senda que la actual y la agenda política no provoca el descarrilamiento del crecimiento, las decisiones del BCE podrían adoptar un nuevo cariz en la segunda mitad del año. Cabe suponer que, una vez se desvanezcan los temores deflacionistas y la economía de la zona euro se expanda a un ritmo superior a su tasa de crecimiento potencial, lo que conllevaría un nuevo descenso del desempleo, la cuestión sobre si ampliar, mantener o tal vez reducir de manera gradual las medidas de expansión cuantitativa después de marzo de 2017 podría hacerse realidad. Si bien la versión europea del taper tantrum resulta prematura, una ampliación de la expansión cuantitativa no nos parece muy lógica en este escenario, a diferencia de la opinión mayoritaria de los economistas.


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