OPINIÓN

Lo que no quiso hacer Solbes para pinchar la burbuja

Solbes, por la alergia al intervencionismo, se desentendió absolutamente del verdadero cáncer de esa época: la burbuja inmobiliaria.

Lo que no quiso hacer Solbes para pinchar la burbuja.
Lo que no quiso hacer Solbes para pinchar la burbuja. EFE

Esta semana hemos asistido, con cierto rubor y vergüenza ajena, al desfile de ex ministros de economía que han gestionado la crisis económica, antes y después, y también al responsable de la salida a Bolsa de Bankia y posterior intervención. Lo de Rato era previsible, un ciudadano inmerso en varias causas judiciales, ya que asistió al Congreso a ajustar cuentas pendientes con los que hoy manejan los hilos económicos del gobierno de Rajoy. Tal vez por ello, y sin menoscabo de la actitud insultante, prepotente y zafia, sus declaraciones apenas añaden más información, y solo nostalgia por parte de los que todavía creen que fue un excelso ministro de economía.

Triste comparecencia de los ex ministros de economía en el Congreso

La comparecencia de Solbes, por el contrario, sí aportó algún elemento interesante, aunque apenas nadie en la Comisión le puso en aprietos dada su enorme responsabilidad en el devenir futuro de la crisis inmobiliaria, y sobre todo, financiera. El primer elemento que ha sorprendido ha sido el hecho, insólito en la política española, que reconociese errores en su gestión pública. Por supuesto que los tuvo, pero en su alegato deja caer con cierta habilidad, que fueron otros los que no le dejaron hacer todo lo que él hubiese hecho. Por tanto, también aquí hay un ajuste de cuentas entre Solbes y Miguel Sebastián, algo que fue, y es, notorio para los que trabajamos en ese entorno en aquella época.

Los errores reconocidos por Solbes solo se refieren al supuesto exceso de gasto público

El gran problema de Solbes, y la mayoría de economistas ortodoxos, es que han confundido de forma grave el diagnóstico del problema de la economía española a partir de 2007-2008. En primer lugar, las previsiones y la magnitud del agujero económico que se avecinaba les desbordó, lo cual se dejó notar en el famoso debate con Pizarro que ayudó a Zapatero a ganar las segundas elecciones. Las veleidades sobre el alcance de la ralentización frente a recesión minó de forma nítida la credibilidad del Ministro, y por tanto la de Zapatero. Otra cosa sería analizar qué tipo de análisis y previsiones se hacen en el Ministerio de Economía, algo que produce bastante tristeza.

Solbes sigue pensando erróneamente que la crisis se ha debido al exceso de gasto

Una vez que el diagnóstico era erróneo, no solo atribuible a Solbes, el segundo mantra tenía que ver con el gasto público. Es pública la alergia que tiene Solbes al gasto público y social, y especialmente a la intervención del Estado en la economía. Eso explica, por ejemplo, las tensiones tan fuertes con el Ministerio de Trabajo, en la época de Caldera, en leyes tan sensibles como la dependencia, la regularización de inmigrantes, el permiso de paternidad, el cheque bebé, el Plan Concilia, o en otros ámbitos, la ley del suelo. El denominador común era que se desbocaba el gasto, curiosamente seguíamos muy por debajo de la media de la UE en gasto social,  y que perjudicaba seriamente a las empresas. Hay que señalar, para quien no lo sepa, dos anécdotas que clarifican mucho la orientación política de aquel ministerio. En la ley del suelo, el hecho de que se eliminasen las expectativas en la valoración del suelo, fue catalogado de confiscatorio. Y en segundo lugar, quien más luchó por eliminar de la ley de dependencia el carácter de derecho recurrible ante los tribunales, fue el Ministerio de Economía.

La recesión en la que seguimos instalados no es una crisis de gasto público, como se han encargado de difundir los coriáceos más liberales o neoliberales, es una crisis de deuda

Esta obsesión por el déficit y el gasto público, que en la mayoría de los casos salió vencedor frente al resto de Ministerios, es el segundo gran error cometido por Solbes. La recesión en la que seguimos instalados no es una crisis de gasto público, como se han encargado de difundir los coriáceos más liberales o neoliberales, es una crisis de deuda (y de modelo productivo). Por tanto, frente a esto, la pregunta que surge es, ¿hizo algo Solbes para limitar el alcance de la burbuja inmobiliaria y mitigar el sobreendeudamiento de familias y entidades financieras? Y la segunda derivada de esto, ¿se veló por el exceso de riesgo de las entidades financieras en la concesión de crédito hipotecario?. Y finalmente, ¿qué se hizo para evitar el colapso de las Cajas de Ahorro?

Nunca entendió que estábamos ante una crisis de deuda y que había que intervenir en el mercado de crédito

Estas preguntas, que nada tienen que ver con el cheque bebé, ni con las llamadas calderadas (así era la terminología de los miembros de economía al referirse a las propuestas de Caldera), quedaron sin resolver en la comparecencia de Solbes. Vayamos por partes. Hubo algunas voces, no muchas eso sí, que plantearon en aquella época algunas medidas que hubiesen paliado el sobreendeudamiento. En primer lugar, el establecimiento de cuotas de crédito por parte de las entidades financieras, a lo que el ministerio, y el gobierno, siempre se negaron. Esto hubiese limitado el volumen de concesión de crédito hipotecario, y obviamente hubiese enfriado el crecimiento de aquellos años. Eran tiempos de vino y rosa en los que se sacaba pecho, Solbes incluido, del crecimiento y la creación de empleo.

Rechazó cuotas de crédito hipotecario y moratoria de licencias de construcción

En segundo lugar, también hubo planteamientos a favor de la moratoria de nuevas licencias para construir viviendas, es cierto que esta competencia es autonómica, pero que invocando la necesidad por razones de política económica e interés nacional (como la propia Ley del Suelo estatal), se podría haber  puesto en marcha. Tampoco se hizo ningún esfuerzo en limitar la expansión artificial de un sector minado por la especulación, que era aplaudida y jaleada desde todas las instituciones.

El ministerio de economía de la época era tremendamente reacio a limitar el derecho a la compra de vivienda, sin entender que las medidas fiscales, crediticias y urbanísticas favorecen la inflación de activos

Estos ejemplos ponen de manifiesto que Solbes, por la alergia al intervencionismo, se desentendió absolutamente del verdadero cáncer de esa época: la burbuja inmobiliaria. Esto también se notó en las trabas al desarrollo del mercado del alquiler. El ministerio de economía de la época era tremendamente reacio a limitar el derecho a la compra de vivienda, sin entender que las medidas fiscales, crediticias y urbanísticas favorecen la inflación de activos, como así se ha demostrado. En este punto, la resistencia a la eliminación de la desgravación por compra de vivienda fue clave para que nada cambiase, frente a las tesis de Sebastián. Pero es que también lucharon denodadamente para que no entrase en vigor la Renta Básica de Emancipación,  los cambios que mejoraron la fiscalidad de las sociedades de arrendamiento, la legislación sobre Reits fue trasnochada por su absoluta ignorancia sobre el tema. Todo ello puso de manifiesto, su nula vocación de cambiar el modelo habitacional de este país, desarrollando una verdadera política de alquiler, especialmente público, que limitase los efectos del sobreendeudamiento.

Dinamitó muchas medidas para impulsar de verdad el mercado de alquiler, especialmente el público

Llegados a este punto, hay que ver qué se hizo para velar por las buenas prácticas en el sector financiero. Por ejemplo, la existencia de prácticas punibles, como los avales cruzados en Cajamadrid, fue puesto en conocimiento del ministerio, pero nadie se hizo eco de ello, y acabó arruinando a muchas familias, especialmente inmigrantes. De nuevo, la laxitud de todos los agentes involucrados en la crisis financiera, CNMV, Banco de España y el propio ministerio, fue una de las razones por las que el sistema financiero se sintió tan cómodo y apoyado. No hay que olvidar que las personas que rigieron algunos de los estamentos más altos, eran personas de la máxima confianza del Ministro.  Por no hablar de por qué se permitió que las entidades financieras pudiesen comercializar preferentes entre el canal minorista, otra victoria de los alérgicos a la intervención en el sector financiero que acabó con la estafa de millones de pensionistas, principalmente.

No hubo control sobre las prácticas de muchas entidades de crédito en el manejo del riesgo

En suma, todos los problemas de regulación e intervención en los mercados inmobiliarios y financieros fueron obviados en la época en la que la burbuja, que venía de más atrás, alcanzó el cénit. Frente a esto, la única obsesión del gasto público y la limitación de derechos económicos de pensionistas, dependientes o aspirantes a vivir en alquiler social, agravó las consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria. Todas las propuestas para embridar al sector financiero en la concesión de crédito hipotecario, la concesión de licencias de construcción y la transformación del mercado de la propiedad en un mercado del alquiler, fueron torpedeadas desde el ministerio. Por tanto, no se puede decir que se le impidieron hacer muchas cosas, sino todo lo contrario. La gran mayoría de disputas las ganó Solbes, y solo queda como anécdota y causas de la gran crisis el cheque bebé y el Plan E. Triste epitafio.


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