Economista ciudadano

¿Hay algo al margen del sector inmobiliario en España?

En la recta final de campaña electoral parece que lo que muchos esperaban, se va cumpliendo. El sector de la vivienda vuelve a brillar tras unos años de quiebra absoluta. A falta de que otras actividades despierten, España vuelve a sonreír porque los pilares del crecimiento tradicional, turismo, vivienda y comercio minorista, parece que repuntan, fruto de la coyuntura internacional (precio del petróleo, desviación de turismo por el terrorismo internacional y leve mejoría del empleo temporal), lo que está causando un efecto bálsamo para muchos economistas y políticos.

Para alegría de muchos, el sector de la vivienda vuelve a brillar

Lo que ya no está tan claro es si esta supuesta recuperación del sector, amparada por datos de precios de dudosa fiabilidad, está inducida por los sectores afectados, principalmente medios de comunicación en manos del sector financiero, o realmente es simplemente un rebote tras un desplome sin precedentes. Tal vez, si tuviésemos mejores estadísticas del sector inmobiliario podríamos calibrar de forma independiente y sin presiones políticas o financieras, cuál es la realidad del sector. No hay que olvidar que este sector tiene una connotación anímica muy relevante y constituye un factor determinante de la evolución futura del consumo interno. La riqueza inmobiliaria, junto a la financiera, explican una parte no desdeñable de la evolución del consumo, a pesar de la negación por parte de algunas instituciones, lo que sin duda es un arma muy potente para poder manipular los deseos y el comportamiento de los consumidores.

Este tipo de alegrías para algunos, saber que su piso vale más, puede llegar a influir en su decisión de voto

Parte de esta euforia puede ser inducida, ante las malas estadísticas de precios del sector

Lo que se aprecia, repito con toda la cautela de algunos indicadores, es que, tras tocar fondo en 2013, los principales marcadores del mercado presentan cifras positivas, como puede ser el crédito nuevo para la compra de vivienda, hipotecas constituidas o trasmisiones de vivienda de segunda mano. También han mejorado las cifras de actividad, visados o inversión en vivienda residencial, y los datos menos fiables, los precios, también, aunque todavía están supuestamente un 45% más bajos que en 2007, epicentro de la burbuja inmobiliaria. No es sorprendente, ni baladí, que el bombardeo de información y publicaciones coincida con la aproximación al fin de la campaña, puesto que este tipo de alegrías para algunos, saber que su piso vale más, puede llegar a influir en su decisión de voto, máxime si se correlaciona negativamente el desplome con el anterior Presidente, y la recuperación con el actual, y si nadie lo remedia, el próximo inquilino de la Moncloa.

La coyuntura de riesgo del demandante es aún peor que en 2007

Cierto es que este sector crea mucho empleo, temporal y de mala calidad, y que genera una ilusión monetaria en muchos jóvenes que les lleva a abandonar el centro educativo, ante el señuelo de salarios elevados, dado el coste de oportunidad que para muchas familias supone mantener en el mundo educativo a sus hijos. Esta faceta, que es muy humana, deviene en un retroceso en otras variables que habría que evaluar y eventualmente solucionar. Surge una pregunta clave. ¿por qué la única alternativa para grandes zonas del país es que sea el empleo en la construcción la única salida para muchos ciudadanos?

Esto se nota en un número no desdeñables de Comunidades Autónomas y municipios, como Andalucía, Baleares, Canarias, o la Comunidad Valenciana. Si miramos el mapa de desempleo en España, nos encontramos que en aquellas zonas donde más de construyó, sin ningún tipo de planificación urbanística, y cuyos máximos responsables son alcaldes y responsables de urbanismo de las CCAA, es donde más se ha cebado el desempleo, dejando grandes comarcas a merced de esta actividad.

La sociedad española no ha interiorizado el daño de la burbuja inmobiliaria

La experiencia vivida en España, con una enorme burbuja inmobiliaria, parece que no ha dejado huella ni política, ni financieramente. No basta con haber visto las malas praxis en el sector financiero, con una exposición al riesgo inmobiliario que todavía estamos pagando todos los españoles, ni tampoco las atrocidades urbanísticas que hemos dejado a nuestros herederos, por no hablar de la corrupción ligada a la actividad, para reflexionar y tratar de no volver a repetir dichos episodios.

No hay que olvidar que, si el riesgo en 2007 era enorme, con un 30% de temporalidad, pero con unos salarios un 15% superiores a los actuales, ahora la coyuntura es pavorosa

La explicación, tal vez, pasa porque la sociedad española en su conjunto haya llegado a la conclusión que, sin un sector inmobiliario a pleno rendimiento, la economía española es incapaz de generar empleo de forma masiva. Ello explica por qué no se dan cifras reales de stock de vivienda vacía, ya que, si hubiese transparencia y buena medición del mismo, los precios seguirían deprimidos, máxime cuando la demanda potencial, salvo el segmento del lujo, es todavía más insolvente que en 2007. No hay que olvidar que, si el riesgo en 2007 era enorme, con un 30% de temporalidad, pero con unos salarios un 15% superiores a los actuales, ahora la coyuntura es pavorosa. Realmente la mejora del empleo de la que se habla no es tal, si analizamos horas de trabajo, y los salarios han caído de forma notable, lo que sin duda constituye una bomba de relojería para el sector financiero, en una grande parte rescatado con dinero público.

Si se publicase el valor del stock real de vivienda vacía, los precios seguirían deprimidos

La pregunta que surge es obvia, ¿por qué no se escruta mejor la toma de riesgos, por ejemplo, en las entidades intervenidas, ahora que muchas son públicas? La respuesta es que no interesa enfriar ahora el sector que ha tomado carrerilla otra vez. Está claro que mientras no haya un interés político real en modificar la tenencia de vivienda en propiedad o alquiler, mientras la política de vivienda esté condicionada por el ciclo político, financiero y mediático, nada cambiará, salvo la magnitud. ¿De qué valen los discursos tan vacíos, como interesados, como los que proclaman el cambio de patrón de crecimiento? Probablemente para levantar algunos aplausos fáciles, pero para nada más. Si nada lo remedia, España se quedará estancada en lo que tradicionalmente ha sido muy competitiva: turismo barato, construir casas que no se necesitan y el consumo minorista, ahora también low cost. Ello definirá qué tipo de empleo se seguirá creando, qué salarios se seguirán pagando y que futuro tendrán los ciudadanos/as cuyo valor añadido sea superior. Pero está claro que de esto no se habla en los programas de María Teresa Campos o Pablo Motos.


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