Economista ciudadano

Son los ingresos, estúpido

España agoniza como país y a casi nadie le importa. La degradación económica, política y social es palpable y nadie trata de ponerle remedio, pensando que este episodio de zozobra es uno más y que responde a la coyuntura, o a la mala praxis de los aprendices de políticos que nos desgobiernan, aunque sea en funciones.

La eterna lucha entre la izquierda y la derecha, ahora se ha trasladado al territorio de la anarquía, en la denominada Escuela Austriaca, que aboga por la desaparición de cualquier forma de intervención pública y que preconiza que desaparezcan los impuestos, y por tanto cualquier resquicio a la solidaridad entre iguales. Estas fuerzas combaten cada vez con más armas, especialmente mediáticas y en forma de lobbys, el supuesto exceso de intervencionismo público y la falta de libertad individual, como recientemente el nostálgico del régimen anterior Sánchez Dragó ha puesto de manifiesto.

España tiene un grave problema de ingresos públicos en todas las esferas, pero también en el ámbito del gasto

Las tesis abolicionistas de la fiscalidad van cooptando adeptos, incluso entre las clases populares

Pero las cifras son tozudas, y España tiene un grave problema de ingresos públicos en todas las esferas, pero también en el ámbito del gasto. Las comparaciones con los modelos que esta escuela siempre saca a relucir, la propia Austria, Dinamarca o el resto de nórdicos, no se sostiene. En muchos de ellos, el porcentaje de ingresos públicos sobre PIB supera ampliamente el 40% del PIB y en algunos, como Francia se sitúa por encima del 50%. Algo similar ocurre con economías como Canadá, donde supuestamente también la libertad individual está en peligro.

En España, la estructura fiscal es muy débil y se ha escrito mucho sobre ello. Está diseñada para permitir la elusión fiscal, algo que reconocen muchos hacendistas reputados, y que lo corroboran quienes han estado en el Ministerio de Hacienda y han podido ver cómo los lobbys de las oligarquías y monopolios privados presionaban a Ministros como Solbes, entre otros, para que los tipos impositivos efectivos de Sociedades sean tan bajos, que deberían sonrojar a quienes se sientan en el mal llamado Consejo de la Competitividad. Esta indigencia en los ingresos, que nos lleva a tener un marco de gasto social y de protección típico de un país subdesarrollado, todavía despierta críticas entre los anarquistas, que lo consideran abusivo y confiscatorio, pero que en la intimidad agradecen que la legislación y los jueces en España sean tan benevolentes para la ingente cantidad de delincuentes fiscales que jamás pagarán por dicho delito. Por supuesto, no hace falta dar nombres.

Los lobbys y las oligarquías han desmantelado, de facto, la fiscalidad empresarial

Esta falta de ingresos es fruto, por una parte, de lo ya señalado, y por otra de la escasa conciencia fiscal de los españoles, que de forma sistemática purgan sus propias penas, culpando a los que por arriba de la pirámide eluden y defraudan al resto. Esta noria puede tener sentido, siempre que la conciencia fiscal fuese asimétrica entre los de los percentiles de renta alta, y los de media y baja, pero lamentablemente no es así. Sufriremos esta degradación, incluso aunque la justicia pusiese a buen recaudo a los que sistemáticamente, y eso es cierto, pueden defraudar ingentes cantidades de fondos, dinero que serviría para ir construyendo un verdadero Estado del Bienestar acorde con nuestra posición en el PIB de la UE.

Se ha dilapidado mucho dinero público en obras faraónicas, que, por otro lado, han sido ratificadas y avaladas por los electores

Pero los ácratas siguen esgrimiendo un argumento peregrino, y consiste en intentar convencer a los legisladores, esa bolsa de supuestos socialdemócratas que agrupa al PP, PSOE y por supuesto a Podemos, pasando por los nacionalistas conservadores, que mayores ingresos conllevaría mayor gasto, y por supuesto mayor despilfarro. Se puede estar de acuerdo en una cosa, y es que las decisiones de gasto no han sido las mejores en la reciente historia. Se ha dilapidado mucho dinero público en obras faraónicas, que, por otro lado, han sido ratificadas y avaladas por los electores, que no saben discernir entre mis corruptos y los corruptos del contrario. Pero esa afrenta no puede justificar las tesis anarquistas que apuestan por eliminar los impuestos, como forma de eliminar la corrupción en el gasto. Es decir, sin ingresos públicos, no puede caber la corrupción en el gasto.

La nueva anarquía aboga por eliminar la imposición para evitar la corrupción en el gasto

En esta tesitura, las decisiones sobre ingresos que se han tomado en los últimos años han sido suicidas, y van en la dirección anarquista de reducir cada vez más la capacidad de recaudar por parte de los entes públicos. Un ejemplo es la decisión de bajar los impuestos por parte de Rajoy, en un momento del ciclo en el que se sabía que era contraproducente, máxime si uno quiere cumplir con las no testadas y arbitrarias reglas fiscales impuestas por Bruselas. La recaudación fiscal ha descendido en 7.800 mill€, más o menos el desfase en el que ha incurrido el socialdemócrata disfrazado de Montoro. Pero, además, si nos hacemos trampas en el solitario, inflando los ingresos de la Seguridad Social, todavía elevamos el riesgo de quebranto de uno de los pilares más odiados por parte de los amantes de la libertad individual: la pensión pública. Las sucesivas agresiones contra la parte más débil de la sociedad, los pensionistas más modestos, que son más del 35% del total, han llevado a este segmento de la población a situaciones de exclusión social, medidas aplaudidas por esta nueva clase política anarquista. En los últimos años, el gasto en pensiones ha aumentado un 27%, por la presión demográfica y el efecto sustitución, pero los ingresos apenas un 0,2%, fruto de la teoría incuestionable de que salarios y contribuciones cada vez más bajas son el futuro de la sociedad desigual y libre.

España se encamina a una indigencia en ingresos públicos, lo que hará imposible cuadrar las reglas fiscales

Las decisiones sobre ingresos de Rajoy van en la dirección de desmantelar el magro Estado del Bienestar y transformarlo en beneficiencia

En resumen, España se encamina a una indigencia en ingresos públicos, lo que hará imposible cuadrar las reglas fiscales, por más que recortemos el gasto (que reduce aún más el crecimiento y empobrece la parte más débil de la sociedad). Si no hay una conjura real sobre la necesidad de una reorganización absoluta de la fiscalidad efectiva, no la nominal, y no hay un cambio global en la conciencia fiscal, las tesis ácratas triunfarán y seremos muy pronto el país soñado por ellas: tan libre y tan pobre por abajo, que apenas se nos visualizará.


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