OPINIÓN

¿Qué hacemos con los informes de Cáritas?

Estamos ante una doble lectura social. La oficial que nos canta lo bien que estamos y lo maravillosa que es nuestra vida precaria y 'low cost', y otra, ligada a la Iglesia, que nos cuenta una realidad manifiestamente diferente y más dura.

¿Qué hacemos con los informes de Cáritas?
¿Qué hacemos con los informes de Cáritas? EFE

La publicación de los informes recurrentes que realiza Cáritas, y en especial los de la Fundación Foessa, cada vez despiertan menos debate público, a pesar de la crudeza de los resultados. Por un lado, al ser una organización ligada a la Iglesia parecería que una parte significativa de la sociedad, tanto la civil, como la política, deberían hacerse eco de sus denuncias. Por el otro, la izquierda podría utilizar las alarmantes conclusiones para erosionar, de una vez todas, al gobierno actual del PP.

Los demoledores informes de Cáritas cada vez despiertan menos debate público

Sin embargo, tanto los medios de comunicación de titularidad financiera, la mayoría, como los economistas de cabecera del actual ejecutivo, junto al propio ministro Montoro, han logrado que cale una idea fuerza: las estadísticas de Cáritas son técnicamente erróneas, por los que sus análisis están sesgados y carecen de rigor económico. A ello también se han unido muchos académicos que, siguiendo la táctica de encerrarse en universidades muertas, pontifican como si sus modelos y calibraciones fuesen palabra sagrada, por encima de los aficionados de Cáritas que solo enredan con encuestas sin valor, y cuyos resultados carecen de toda lógica económica. Ya saben la máxima de algunos: sin econometría muy complicada no hay paraíso. Curiosamente estos puristas, en sus endogámicos artículos que se solo leen y se citan entre la comunidad reducida de académicos, utilizan encuestas cuanto menos igual de cuestionables, como son la Encuesta de Condiciones de Vida o la Encuesta de Presupuestos Familiares que elabora el INE. Pero para ellos, los resultados que obtienen satisfacen los apriorismos que persiguen: que las condiciones de vida y consumo han mejorado sustancialmente para gran parte de la población. Y por supuesto, que la desigualdad ha mejorado notablemente y que el mito de la pobreza relativa prácticamente ha desaparecido de la realidad en España.

Los medios y los académicos más ligados al ejecutivo han logrado desprestigiar las investigaciones de Cáritas

En contraposición a este mundo de color pintado por los voceros del régimen, y sus acólitos académicos, Foessa pinta un mundo muy diferente, y probablemente más real, simplemente saliendo de las zonas nobles de las grandes ciudades en España. La primera conclusión que tratan de contradecir es el fechado del fin de la crisis. Los ortodoxos de la macroeconomía han fechado en 2014 el punto de inflexión de la crisis que supuestamente comenzó en 2008. El PIB comenzó a crecer, lo hace oficialmente a tasas superiores al 3%, aunque si supieran medirlo bien el INE, tendríamos una tasa más cercana a la realidad, el empleo dejó de destruirse y comenzó a crecer, aunque la Seguridad Social siga ingresando menos que el incremento de la afiliación, y la tasa de paro declinó, en parte por el descenso de la actividad. Estas variables han sido suficiente para santificar que se ha acabado la era de sufrimiento, pobreza y desigualdad que comenzó mucho antes de 2008, ya con la anterior onda larga del capitalismo que seguimos sufriendo.

El establishment ya ha consagrado que el año 2014 fue el año del inicio de la recuperación y no admite ninguna otra interpretación económica y social

El informe de Foessa, realizado con un muestreo de 1300 familias en las 17 CCAA, aporta resultados que deberían ser escuchados y analizados con algo más de altura de miras y menos desprecio intelectual, fruto de la endogamia y mediocridad que asola hoy gran parte de la universidad y política española. LA principal conclusión del informe es que 7 de cada 10 hogares no han notado la recuperación económica, y que ésta se ha concentrado en el 10% de la población.

Cáritas constata en su informe que el 70% de los hogares no ha notado mejoría en su situación económica

En su Análisis y Perspectivas 2017, vuelven a incidir que ni la pobreza, ni la desigualdad han remitido, lo que es lógico si tenemos en cuenta que los salarios que salen de la crisis son un 30% más bajos que los anteriores, datos aproximados ante la deficiente estadística de salarios que tenemos, y hay una gran desigualdad entre trabajadores de la industria, de los servicios o entre hombres y mujeres. Esto corrobora uno de los corolarios de Cáritas que peor sienta entre políticos y economistas neoclásicos: el crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo social. Tal vez por eso, la pobreza, la desigualdad y la exclusión no están en el debate social, ya que es más rentable hablar continuamente de corrupción, terrorismo internacional o ahora en verano de todos, fiestas populares y turismo de borrachera.

La pobreza y la desigualdad se han cronificado y la sociedad se ha habituado a la precariedad

Las consecuencias más llamativas de esta situación es que el 50% de la población no tiene una red de seguridad, un dato que empeora al de antes de la crisis. Casi el 60% de los hogares no puede ahorra nada, un 20% no podría aguantar tres meses en paro y un 60% del total no puede llegar a final de mes. Además, un 40% carece de fondos para poder acometer pagos sanitarios al margen de la Seguridad Social, pagar refuerzos educativos, pagos energéticos o ayudar a algún miembro del hogar que pierde su empleo. En suma, un porcentaje no desdeñable está en riesgo de exclusión social y no tiene ninguna red pública no familiar que pueda sostenerlo. Todos estos resultados no salen en ninguna estadística oficial, lo que sin duda sostiene la duda de este artículo, ¿a quién debemos creer sobre la verdadera situación de la sociedad española, a Cáritas o a la oficialidad?

Las redes de seguridad se han desplomado para un conjunto significativo de la población y eso no lo recogen los sesudos modelos macroeconómicos

Lo más grave de este informe es que la sociedad española ha entrado en una fase de desconfianza y asunción de que la precariedad y la pobreza ha venido para quedarse. Así, el 47% de los encuestados cree que la situación se mantendrá dentro de 5 años y el 26% incluso cree que empeorará. Esto se traduce en un profundo descreimiento político que llega a la creencia para el 75% de los encuestados que votar no sirve para nada y más del 55% desconfía de las movilizaciones y de la afiliación política.

Las mayores críticas a los informes de Foessa provienen de la fuente de datos y la metodología, mientras la ortodoxia sigue utilizando la Encuesta de Condiciones de Vida o Presupuestos Familiares del INE.

En resumen, estamos ante una doble lectura social. La oficial que nos canta lo bien que estamos y lo maravillosa que es nuestra vida precaria y low cost, y otra, ligada a la Iglesia, que nos cuenta una realidad manifiestamente diferente y más dura. Las estadísticas utilizadas son distintas y la metodología de análisis también, por lo que es urgente que alguien nos diga quién tiene razón. Sin duda conociendo la calidad de las estadísticas oficiales y quienes las interpretan, es más higiénico leer a Foessa y constatar con nuestros vecinos del barrio que las cosas cada vez están peor, siempre en términos relativos. A pesar de ello, Foesaa y Cáritas seguirán siendo ridiculizadas por los economistas como Rallo, Lacalle o ministros como Montoro. Pero eso siempre es un honor.

Con todo ello, y a pesar de los problemas de los informes de Foessa deberían ser tenidos en cuenta.

Solo cuando España tenga un aparato estadístico, tanto económico como social, potente, amplio y bien hecho, se podrán discutir con rigor los verdaderos problemas económicos de este país. Para ello, hay que dotar de medios al INE y cambiar drásticamente su funcionamiento y ampliar su capacidad de trabajo. Eso, desgraciadamente, no lo verán mis ojos.


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