OPINIÓN

La educación ya no garantiza el ascenso social

La vieja idea de que la educación era una vía para el ascenso social, y por ende la progresiva igualdad de oportunidades entre desiguales se ha venido abajo al constatar que el modelo capitalista actual sigue discriminando por origen.

Alumnos en clase.
Alumnos en clase. EFE

En un mundo cada vez más sofisticado, tecnificado y digitalizado es crucial que las sociedades tengan un acceso universal, y en igualdad de oportunidades, a la educación y formación que les capacite para su plena integración social y laboral.

Incluso en países donde la educación superior se ha extendido de forma exponencial en los últimos años, ésta ya no es una garantía de ascenso social

Sin embargo, este principio de igualdad de acceso, que forma parte de los derechos humanos básicos no se cumple en amplias capas de la población mundial, y no solo en países en vías de desarrollo, lo que está generando cada vez más sociedades desiguales. Pero ahondando en el problema, incluso en países donde la educación superior se ha extendido de forma exponencial en los últimos años, ésta ya no es una garantía de ascenso social. La cantidad de estudiantes graduados que, a pesar del esfuerzo familiar y estatal de formarles, su futuro profesional es sombrío y alejado de lo que Weber y otros pontificaron. La sombra del desempleo estructural, del subempleo y de la emigración son las soluciones que todos los poderes públicos ofrecen a este conjunto de ciudadanos con el argumento que es mejor un empleo de 500€ al mes, que el desempleo o la inactividad.

La educación en general ya no es una garantía de ascensor social

La vieja idea de que la educación era una vía para el ascenso social, y por ende la progresiva igualdad de oportunidades entre desiguales se ha venido abajo al constatar que el modelo capitalista actual sigue discriminando por origen y no por titulación universitaria. De hecho, la pléyade de Universidades hoy en España es una fábrica de futuros parados, primero por su escaso valor añadido dado el exceso de oferta sin regular; y, en segundo lugar, porque el propio modelo productivo no absorbe esta mano de obra poco cualificada, a pesar de la titulación. Este factor de desencanto se deja sentir cuando uno analiza con rigor la diferencia salarial entre trabajadores con titulación superior y sin ella. En España esta diferencia es muy inferior a la de otros países, aunque también se está produciendo un estrechamiento de márgenes en otros países desarrollados.

El salario diferencial de un universitario en España es de los más bajos de la UE

Esta ruptura del ascensor social tiene un efecto devastador sobre la equidad y sobre la eficiencia del sistema educativo, ya que cuestiona severamente la utilidad de financiar algo que apenas mejora el bienestar social y que puede generar un grado de frustración entre gran parte de la población. Esta realidad choca con el ideario liberal que parte de la premisa falsa que todos los ciudadanos parten sin ventaja desde la cuna para poder alcanzar el triunfo social, tras una vida de esfuerzo individual. Es decir, según esta corriente, viviríamos en un mundo ideal con idéntica dotación inicial de capital humano y por tanto el origen familiar en nada condiciona nuestro devenir económico u social del futuro.

La consecuencia inmediata de la pérdida de valor de la educación es la inequidad social

Este planteamiento, tan irrisorio, como ideológico, se ha demostrado falso con datos empíricos. Así, en todos los informes PISA, por ejemplo, si eliminásemos las familias situadas en los percentiles de renta más bajos, los resultados agregados de España se igualarían con la media de países de nuestro entorno. Por tanto, mientras la equidad real no se alcance, como pasa en los admirados países nórdicos, será difícil que amplias zonas en España puedan situarse en igualdad de oportunidades para que la educación les revierta los beneficios económicos y sociales para los que fue creada.

En España una de las fórmulas más utilizadas para la inserción laboral es el capital relacional, es decir contactos y amistades

No hay que olvidar, además, que en España una de las fórmulas más utilizadas para la inserción laboral es el capital relacional, es decir contactos y amistades, lo que, al margen del nepotismo político tan extendido, deja fuera de los mejores puestos a un gran porcentaje de las rentas más bajas. Esto, por tanto, invalida el ideario de los que abogan por que la educación sea una mercancía más y se provea, como en cualquier mercado, siguiendo las normas de mercado lo que supone pagar el precio que se obtenga por el cruce de oferta y demanda.

En España es el capital social, relacional familiar y político lo que funciona como verdadero ascensor social

La realidad social nos muestra todos los días que en España la formación y la sobrecualificación es una rémora para el mercado laboral, como así lo verifican muchos empresarios a la hora de seleccionar al personal. De hecho, se utilizan gran parte de universitarios devaluados en puestos de trabajo de inferior categoría para poder pagarles peor y aprovechar ciertas habilidades que todavía diferencian a un universitario de aquél que no lo es.

La sobrecualificación del ejercito de reserva universitario pobre es el eslabón perfecto la deflación salarial en España

Con esta realidad, que poca gente se atreve a denunciar, hay ilusos que todavía piensan que es posible un gran pacto por la educación en España. Este pacto, eso sí, cuenta con algunas líneas rojas por parte del actual gobierno de Rajoy. Por un lado, que la religión siga formando parte del curriculum evaluable, esencial para el desarrollo de los jóvenes, y que los colegios que segreguen por sexos, sigan teniendo financiación pública. Todo ello en aras de la libertad de elección de los padres para que sus hijos no sean adoctrinados.

La educación ya no favorece el ascenso social, ya no garantiza un trabajo bien remunerado y produce desempleo

Es este falso concepto de libertad, que antepone el ideario del centro a la calidad del mismo y su posterior reflejo en el futuro laboral del estudiante, lo que hace imposible ponerse de acuerdo en materia educativa en España. Los choques entre formación humanística y pragmatismo tecnológico, servicio público esencial frente a la libertad de elección de centro, reflejan lo poco que importa de verdad esta situación y el vértigo que nos produce a algunos pensar en el futuro a largo plazo de este país.

Con estos mimbres es imposible un pacto educativos entre posicionamientos sectarios e ideológicos

En suma, la educación ya no favorece el ascenso social, ya no garantiza un trabajo bien remunerado y produce desempleo, subempleo y emigración. La intervención pública es más necesaria que nunca, ya que el mercado se ha demostrado que no filtra por cualificación, formación y capacidad, sino por origen social y familiar. Los salarios diferenciales de un universitario, la prima por mayor educación, es de las más bajas en la OCDE y se sigue reduciendo, a medida que el ejército de reserva que ya anticipaba Marx, se ha instalado como una bolsa ideal para que los sectores más activos, y menos productivos, se nutran de este tipo de nuevos trabajadores pobres, eso sí, con grado y a veces hasta un Máster.  


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