OPINIÓN

El cheque-formación: otra ocurrencia liberal

El cheque formación ignora a los parados, y en segundo lugar no ataca el verdadero cáncer: el diseño de la formación, la calidad de las empresas, en qué ámbito se cursa la formación y la evaluación de su impacto en la empleabilidad.

El cheque-formación: otra ocurrencia liberal.
El cheque-formación: otra ocurrencia liberal.

La reforma laboral de 2012 alumbró una norma plagada de ideología supuestamente liberal que, de facto, ha dinamitado la negociación colectiva y ha deprimido los salarios de forma estructural. Pero también trataba de modificar, en la disposición final tercera, todo el entramado de las políticas activas de empleo en lo referente a la formación. Supuestamente, y en un acto de fe más que de conocimiento de la realidad, la regulación de la formación ocupacional se solucionaría mediante un cheque formación que los trabajadores, nada dice de los parados, dispondrían para su uso y disfrute en libertad, sin intermediarios. Esto es lo que Garicano define como medidas de oferta progresistas.

La reforma laboral de 2012 se embriagó de ideología y consagró también la privatización de la formación

Este tipo de instrumentos se inspiran en los modelos anglosajones de prestaciones de servicios y tratan de evitar, supuestamente, el fraude que se suscita con la provisión pública directa o a través de interlocutores de la formación de los trabajadores. Esta medida, además, amplía la libertad individual del trabajador que puede elegir qué curso cursa y con qué empresa lo hace, sin que sindicatos y patronales perversas lo manipulen.

La máxima ilusión y anhelo de los liberales-libertarios-anarquistas es que todo en nuestra vida se ciñese a un cheque

Como es sabido, la máxima ilusión y anhelo de los liberales-libertarios-anarquistas es que todo en nuestra vida se ciñese a un cheque: cheque formación, cheque salud, cheque educación, cheque universidad, cheque botellón, etc. Con ello, se acabarían las mamandurrias de la pléyade de funcionarios vagos y maleantes y se reduciría drásticamente el gasto público, porque si algún ciudadano no alcanzase con el cheque la prestación que necesita, que obviamente es igual para todos/as, la tendría que costear de su magro bolsillo. Es el mundo ideal de Huxley reducido al mundo del cheque individual.

La obsesión por los cheques servicios ha llegado a la formación sin entrar en el núcleo del problema

Pero los que creen en los Reyes Magos desconocen el verdadero problema de este país en relación a la formación de trabajadores, ocupados y desempleados. El principal problema es el propio diseño del marco regulatorio, y no en quién provee el servicio, si empresas, sindicatos o patronales. En primer lugar, el gran agujero de la formación no está en los trabajadores ocupados, sino en los desocupados que son más de 4 millones, oficiales, según la EPA. Gran parte de estos ciudadanos carecen de una formación básica para reintegrarse al mercado laboral, salvo en sectores de bajo o nulo valor añadido. En particular, casi el 60% de los parados EPA apenas tiene cubierta la educación primaria. Con estos perfiles, ¿qué tipo de cursos se les ofrece, o quién decide qué tipo de certificado de profesionalidad deben cursar? Estas son las preguntas claves para abordar una reforma en profundidad del sistema de formación profesional y ocupacional.

El cheque formación no alcanza a los parados, verdadera lacra de nuestro mercado laboral

El primer gran problema, por tanto, es el relacionado con los parados y no los ocupados, destinatarios del cheque formación en prácticamente todos los modelos estudiados. Yo he presenciado el drama de parados/as que, al ir a cursar Certificados de Profesionalidad en el sector sociosanitario, tenían serias dificultades lectoras, de compresión oral y de escritura. Me pregunto en este punto si a este trabajador le importa de dónde viene el dinero, si lo paga el Estado directamente a las empresas, o se lo da a él/ella para que elija el mejor proveedor.

Lo verdaderamente crucial para el trabajador y la empresa es saber en qué ámbitos hay que formarse

De forma simétrica, en el mundo de los ocupados la elección de la empresa es irrelevante, mientras lo verdaderamente crucial para el trabajador y la empresa es saber en qué ámbitos hay que formarse, si la formación se hace en horario laboral y quién es el dueño del know how una vez formado el empleado, en el caso de que sea una formación muy específica. Las experiencias en otros países muestran que el tipo de formación cubierta por el cheque formación es genérica y muchas veces divulgativa, por lo que los incentivos a cursarla son bajos. Un ejemplo de este relativo fracaso es Bélgica. Desde su creación,  el  Fondo  de  formación  cheques- servicios,  financiado  por  el  Gobierno  Federal  (3,5  millones  en  2007  y  7  millones  de  euros  cada  año  a  partir  de  2008),  es  la  primera  vez  que  se  somete  a  una evaluación.  De ella se desprende que, en la práctica, han sido pocos los trabajadores que ocupados por este sistema recibieron  una  formación  con  cargo  al  mismo  (entre  11  y  13%  del  conjunto  de  los  trabajadores  en  el  2007). También refleja  que,  el  presupuesto  del  que  disponía  el  Fondo  fue  poco  utilizado (0,718 millones sobre los 3,5 millones de euros disponibles en 2007).   

La experiencia del cheque en Bélgica ha sido negativa, ante la indiferencia de los trabajadores

Este fracaso muestra que hay un elemento clave sin solventar que tiene que ver con los incentivos. Los trabajadores, en su mayor parte, desconocen sus derechos en relación a la formación, y las empresas hacen dejación de su obligación a formar a sus trabajadores en horario laboral, incluso en materias específicas. Por eso, lo único que se realiza con cierta asiduidad es aquella formación obligatoria (prevención de riesgos laborales o protección de datos), cuyo trámite se salda en muchos casos con fraude consentido por la propia administración.

Los incentivos a la formación es una de las claves para explicar el fracaso del sistema, tanto el actual, como el propuesto con el cheque

Con estas premisas, y antes de solucionar el problema de la provisión, es urgente parar y llevar a cabo una auditoria en profundidad del sistema y evaluar para qué ha servido el ingente capital empleado hasta ahora. La experiencia de los operadores, entre los que me encuentro, es que el sistema está viciado en origen. Los temarios, diseño de metodologías docentes, y la calidad de las propias empresas que ofrecen este tipo de cursos son manifiestamente mejorables.

Nadie se ha preocupado de evaluar la empleabilidad del esfuerzo inversor, ni la administración, pero tampoco las empresas ni los sindicatos

Nadie se ha preocupado de evaluar la empleabilidad del esfuerzo inversor, ni la administración, pero tampoco las empresas ni los sindicatos. Es por tanto urgente llevar a cabo este análisis, porque el desánimo entre parados  es creciente, como lo prueba las dificultades extremas para llenar los cursos de desempleados, que son gratuitos, especialmente los Certificados de Profesionalidad, cuya duración y contenidos desaniman mucho a los desempleados.

El Estado no ha evaluado junto a los agentes sociales el impacto del sistema actual, cuyo problema no es quién provee los fondos

Hasta ahora la financiación se hacía mediante la activación del dinero que se nos retiene en origen, la llamada formación bonificada (o de demanda en su nueva terminología), o mediante fondos  finalistas que el Estado o el Fondo Social Europeo invierte en formar a parados, sin ningún requisito de éxito. Es curioso que la Administración sea tan celosa en la justificación del gasto con estupideces nimias, y no se altere en absoluto con el nulo efecto de la oferta que ha diseñado junto a patronal y sindicatos.

Es urgente reevaluar todo el sistema, especialmente contenidos, calidad de las empresas de formación y empleabilidad

Al margen de casos de corrupción, que los ha habido, el sistema de financiación no puede basarse en el libre albedrio del trabajador para gastar un dinero para el que no tiene ningún incentivo, y menos a hacerlo fuera del horario laboral. Imagínense con la jornada laboral que tenemos impuesta, y sin remunerar, que muchos trabajadores tuviesen que formarse después de dicha jornada laboral. Como se puede ver, todo está mal diseñado.

En resumen, los sueños liberartarios de reducir el Estado a la mínima expresión chocan en este campo con dos obstáculos claros. Uno es un problema de incentivos, y el segundo de equidad, algo que desprecia mucho esta corriente de pensamiento. En primer lugar, el cheque formación ignora a los parados, y en segundo lugar no ataca el verdadero cáncer: el diseño de la formación, la calidad de las empresas, en qué ámbito se cursa la formación y la evaluación de su impacto en la empleabilidad. Nada de esto se soluciona con el cheque formación. Miren a su alrededor y constaten el fracaso. Hablar de esto como de políticas de oferta progresistas es simplemente una broma. Del mismo calibre que asegurar que la fertilidad mejora con la extensión de los permisos de paternidad y maternidad, sin tocar los salarios.


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