Economista ciudadano

Retos del sindicalismo en España

Es palpable, y a la vez triste, que en España se haya instalado la idea que el sindicalismo es ya un elemento del pasado, y que lo moderno es que desaparezcan y vayamos al modelo pseudo esclavista del siglo XIX.

Este virus, que no es únicamente español, se ha propagado como la pólvora a lo largo del mundo occidental, otrora pionero de unas relaciones laborales envidiadas y envidiables por el mundo no desarrollado, donde los derechos de los trabajadores brillaban y brillan por su ausencia. La espita que desencadenó esta oleada de antisindicalismo, curiosamente auspiciada por los mismos que critican ferozmente el anticlericalismo tan de moda estos días en Madrid, fue la entrada en la escena política de dos personajes funestos: Reagan y Thatcher. Esta corriente política, conservadora en lo moral y ultraliberal en lo económico, desenterró el hacha de guerra contra el movimiento sindical, al mismo tiempo que desmantelaba la industria y los servicios públicos, cuna del poder sindical.

La socialdemocracia, fue poco a poco abrazando los términos emanados de la economía de oferta

El movimiento sindical comenzó su muerte tras la irrupción de Thatcher y Reagan

Esta corriente fue prendiendo entre la sociedad europea y hasta los partidos tradicionalmente amigos, como la socialdemocracia, fue poco a poco abrazando los términos emanados de la economía de oferta: flexibilidad en la contratación y negociación individual. A ello ayudó en gran medida, la pérdida progresiva de empleo industrial y servicios públicos, la privatización de gran parte del entramado industrial otrora público, y la terciarización global de la economía mundial. Las consecuencias son conocidas: precarización, pérdida de derechos adquiridos, reducción salarial y progresivo abandono de la cobertura de los convenios colectivos. Estas medidas, que la sociedad ha asimilado como imprescindibles, han sido implementadas indistintamente por partidos conservadores y socialdemócratas, como se está viendo estos días en Francia, con la aprobación de una reforma laboral que despoja prácticamente las conquistas laborales que durante lustros hicieron de Francia un país justo y decente en materia laboral.

La negociación colectiva se va evaporando gracias a los partidos conservadores y socialdemócratas  

Este declive sindical, particularmente en España, también tiene un componente interno y que debe obligar a un ejercicio de autocrítica. Los sindicatos no han sido una excepción, aunque no se puede generalizar, en un proceso de extensión de la corrupción al albur del clientelismo político que ha podrido muchas administraciones, particularmente ayuntamientos y Comunidades Autónomas. Esta presunta corrupción, que en nada tiene que ver con esas campañas absurdas y tendenciosas de ciertos medios sobre supuestos relojes de lujo o cruceros de medio pelo pagados por sus miembros, o la ingesta de cañas tras alguna manifestación, se ha cebado, además, en sectores muy sensibles como ha sido la formación para parados o los expedientes de regulación de empleo que, en su esencia, trataban de salvar la viabilidad de muchas empresas. La sociedad ha asistido estupefacta a este espectáculo, agravado por la escasa respuesta inicial y la poca transparencia que han demostrado las centrales sindicales. De nuevo, la sombra de la financiación irregular planea sobre organizaciones claves para el buen funcionamiento de una democracia participativa y cohesionada.

Tras el histórico cambio de Cándido Méndez en UGT, se abre una gran oportunidad para que la sociedad vuelva a reencontrarse con un nuevo modelo sindical

Los casos de corrupción y falta de transparencia han herido de muerte al sindicalismo en España

Con este bagaje, y tras el histórico cambio de Cándido Méndez en UGT, se abre una gran oportunidad para que la sociedad vuelva a reencontrarse con un nuevo modelo sindical, tan duro en la defensa de derechos básicos, como flexible en la adaptación de empresas y sectores a la nueva realidad económica. Pero a la vez, debe comenzar la recuperación de la solvencia técnica y el prestigio perdido tras años de equipos negociadores mediocres y poco formados, algo que estas organizaciones se tienen que tomar muy en serio. La formación de cuadros, la realización de estudios sectoriales rigurosos y la apuesta por servicios de estudios al estilo alemán darán lustre a un movimiento que languidece entre la indiferencia social.

La formación de cuadros y la apuesta por servicios de estudios potentes e independientes y rigurosos es básico

La acusación de falta de flexibilidad entre los sindicatos españoles es tan falsa como tendenciosa. Si uno analiza sector a sector, puede observar la esencia dd esta falacia. Por ejemplo, el sector del automóvil es un ejemplo de flexibilidad en la organización del tiempo de trabajo, sin apenas conflictos laborales en los últimos años, y en el que, además, se ha perdido la batalla tecnológica. No hay que olvidar que las fábricas españolas son meras maquilas de los grandes conglomerados, como me hacían llegar los muchos delegados a los que he tenido el placer de formar en un reciente curso organizado por la Fundación alemana Hans Boekler. Es por tanto plausible una negociación flexible en sectores como el automóvil, donde priman los convenios de empresa, pero también es factible que otros sectores y con empresas muchos más pequeñas y atomizadas, se mantenga una negociación sectorial para que no sean los trabajadores menos cualificados y más precarios los que vayan quedando sin amparo y sin derechos laborales.

Es conocido a nivel teórico que el convenio de empresa, en un marco de una negociación tipo Open Shop System como es la española, los trabajadores extraen mayor nivel de renta que en un convenio de sector, siempre que dicho convenio tenga un suelo como es el caso de la negociación sectorial. Pero estos resultados empíricos se rompen cuando dicho suelo queda invalidado por ley, como es el caso de la reforma laboral en España, tan aplaudida por los economistas de oferta y los socialistas reconvertidos, como el caso de Solchaga. En este contexto, el empresario solo tiene un suelo teórico: el salario mínimo interprofesional y el Estatuto de los Trabajadores en el resto de derechos laborales, siempre desde una óptica teórica. Es por ello, que el número de trabajadores cubiertos por convenio se haya desplomado desde la entrada en vigor de la reforma laboral. La consecuencia inmediata es la reducción salarial, más acusada en el segmento más débil, jóvenes y trabajadores poco cualificados.

La batalla por los derechos laborales estará perdida y entraremos en una nueva era de esclavitud moderna

Es imprescindible devolver los derechos que se han conculcado tras la reforma Laboral

Si este modelo se asienta en Europa, y en España en particular, la batalla por los derechos laborales estará perdida y entraremos en una nueva era de esclavitud moderna, en la que asistiremos a la pérdida del derecho a vacaciones pagadas, permisos de maternidad y paternidad pagados o días libres o descansos semanales obligatorios. Por tanto, es primordial recuperar la normativa sobre negociación sectorial, no por capricho, sino porque está en juego el derecho a un trabajo y a un salario digno.

Para conseguir todo ello, y sabiendo la complejidad a corto plazo, es esencial la creación de un movimiento sindical único, fuerte, profesionalizado y de clase que vuelva a encandilar a lo que quede de fuerza laboral, integrando a parados, jóvenes, prejubilados, y trabajadores del campo y del hogar, y que alcance un prestigio social e intelectual similar al que tienen en Alemania la IG Metal. No cabe, por supuesto, distracciones con temas territoriales, como algunos quisieron hacer en el reciente Congreso de UGT, precisamente los responsables de haber dejado el sindicato en la situación actual. Corramos ya ese estúpido velo y pongámonos a trabajar por recuperar la esencia del sindicalismo que trajo tantos derechos a los trabajadores, y también a los directivos, que parece ya nadie se acuerda que no bajaron del cielo.


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