OPINIÓN

Bajos salarios y debilidad sindical: escenario ideal para CEOE

El modelo laboral instalado ha llegado para quedarse. Por eso es ridículo pensar que el PSOE lo vaya a cambiar, si es que en algún momento de los próximos siglos vuelve a gobernar.

Los secretarios generales de CCOO, Ignacio Fernández Toxo (d), y de UGT, Pepe Álvarez.
Los secretarios generales de CCOO, Ignacio Fernández Toxo (d), y de UGT, Pepe Álvarez. EFE

El modelo laboral español va en camino de ser el sueño de cualquier liberal trasnochado, por más que se sigan quejando de las rigideces existentes y de los elevados costes de despido. Este modelo se fundamenta es dos premisas fundamentales: ausencia de control efectivo de las condiciones laborales, es decir poder utilizar al trabajador en función de mis necesidades, incluso violando la ley, y no tener interferencias a la hora de fijar el salario anulando cualquier representación colectiva de los trabajadores.

El modelo laboral español va camino de ser el sueño de cualquier liberal: sin negociación colectiva

Las supuestas rigideces a las que hacen referencia los tertulianos, otrora economistas, se refieren al excesivo número y tipología de contratos, el recurso a la autoridad judicial a la hora de dirimir diferencias de criterio y por supuesto, los elevados costes de despido (20 días por año en caso de dificultad económica) y 33 días en el resto de los casos. Todas estas rigideces, supuestamente malignas, han permitido a la gran mayoría de las empresas en España ajustar sus plantillas de forma masiva durante la crisis, cambiar de un día para otro las condiciones de trabajo de forma unilateral, rebajar salarios de forma permanente para un gran número de asalariados y eliminar para más de un 40% de la población las referencias salariales, es decir ya no están sujetos a convenio. Y, por último, la dinámica de dicho mercado laboral también permite, sin intervención de la autoridad inspectora, que se lleven a cabo millones de horas extras sin remunerar, sueño de cualquier liberal y empresario cañí.

Las supuestas rigideces existentes se refieren básicamente al coste del despido, en su afán de hacer del trabajo una mercancía sin valor humano

Para llevar a cabo este sueño, la parte contratante tiene que contar con cooperadores necesarios muy importantes. En primer lugar, un aparato estadístico deficiente en materia laboral. A día de hoy, no tenemos una buena estadística real de salarios, lo que impide, por ejemplo, saber con certeza cuánta gente cobra el salario mínimo, o cual ha sido la reducción real de salarios en esta fase depresiva del ciclo. El conjunto de fuentes, la mayoría encuestas o índices sintéticos, no cubren con precisión los ingresos reales de los trabajadores o autónomos. En esta ceremonia de la confusión, aparecen fuentes como la agencia tributaria o el INE con contradicciones en la dirección de la serie. Aprovechando esta anomalía, que no es casual, nadie es capaz de aseverar realmente cuál ha sido la evolución salarial en nuestro país en los últimos años.

El conjunto de fuentes, la mayoría encuestas o índices sintéticos, no cubren con precisión los ingresos reales de los trabajadores o autónomos

Se echa de menos una fuente como son los PayRolls en EEUU., tan simple como una estadística de nóminas donde aparecen todas las fuentes de ingresos, y por tanto mide con mayor fiabilidad el volumen de empleo y su calidad, y nadie discute su verosimilitud. Esta misma estadística se podría explotar a partir de la Seguridad Social que mensualmente recibe de todas las empresas las nóminas desglosadas de todas las empresas con trabajadores de alta en la misma. Aquí queda un trabajo, por ejemplo, para que las organizaciones sindicales empezasen a tejer una nueva función en la sociedad: garantes de la información real, rigurosa y rica, lo que les devolvería parte del prestigio perdido.

Cooperadores necesarios son la ausencia de buenas estadísticas y la manipulación de las existentes

Una sociedad sin buenas estadísticas es carne de manipulación y división en trincheras, precisamente lo que ocurre en España cada vez que aparece un nuevo dato de empleo, salarios o PIB, por más que sean datos supuestamente oficiales y que son enviados a Eurostat para su publicación. Eso no invalida que la calidad de las fuentes estadísticas en la UE sea muy mejorable, y ejemplos tenemos muy recientes, como en el caso de Grecia u otros países, incluso ha habido algún escándalo con la propia agencia estadística, cuando Solbes fue comisario.

Las voces pidiendo subidas salariales desconocen que el poder de negociación de los trabajadores ha desaparecido

Siguiendo con el racionamiento, se empiezan a escuchar voces en favor de subidas salariales, incluso en voceros mediáticos como el País, medio liberal y cercano ideológicamente al gobierno actual, lo cual da que pensar. Esto, sin embargo, choca con las tesis de los más fanáticos tertulianos del arco liberal-libertario, que siguen abocando por la moderación salarial para no perder las ganancias de competitividad, que no de productividad, conseguidas tras romper las últimas fortalezas que tenían los trabajadores.

¿Cómo van a lograr subidas salariales en las pequeñas y medianas empresas aquellos trabajadores que no tienen representación sindical?

Una vez desposeído al trabajador del derecho a la negociación colectiva, como hace la reforma laboral del 2012, y tímidamente la de 2010, la pregunta es simple. ¿Cómo van a lograr subidas salariales en las pequeñas y medianas empresas aquellos trabajadores que no tienen representación sindical? O, dicho de otra forma, ¿hay algún mecanismo de presión a los empresarios en millones de empresas para subir el salario, cuando no hay ninguna amenaza creíble en el horizonte y todavía existe un ejército de reserva, que diría Marx, muy abundante? Estas preguntas son las que se deberían hacer quienes tímidamente tratan de oponerse a esta marea silenciosa que ha dejado a la gran mayoría de la fuerza laboral sin poder de negociación.

Los empresarios si no son forzados no subirán salarios, porque hay un ejército de reserva dispuesto a trabajar cuasi gratis

Los liberales no reconocen este triunfo abiertamente, aunque en su fuero interno lo celebran diariamente y siguen, con la boca pequeña, alertando de las enormes rigideces del mercado laboral. Pero hoy, se puede cambiar las condiciones laborales de forma unilateral, jornada, centro de trabajo, movilidad y otros derechos adquiridos, de un día para otro. La no aceptación por parte del trabajador permite un despido objetivo a 20 días, por lo que muchas empresas lo están utilizando para despedir y evitar litigios ante los tribunales.

La ausencia, de facto, de control laboral por parte de la inspección contribuye a esta orgia liberal de la no intervención

Estos mismos liberales reconocen en la intimidad que es grandioso que existan tan pocos inspectores de trabajo comprometidos con los derechos del trabajador, por lo que pueden llevar a cabo prácticas incluso abusivas, sin que el trabajador lo denuncie por miedo al despido. No olvidemos, por ejemplo, que recientemente un trabajador ha sido despedido en Alicante por cogerse dos bajas en 14 días ante un problema de diabetes. El mantra que los trabajadores de cogen muchas bajas laborales, es decir que son unos vagos, ha calado entre gran parte de la población y así lo recogió la última reforma laboral que permite también el despido por causas objetivas si un trabajador tiene la mala suerte de caer enfermo de forma recurrente.

Este modelo laboral ha venido para quedarse y nadie, y menos el PSOE, logrará revertirlo

El modelo laboral instalado ha llegado para quedarse. Por eso es ridículo pensar que el PSOE lo vaya a cambiar si es que en algún momento de los próximos siglos vuelve a gobernar. Se ha instalado entre la población la psicosis que hay que aceptar cualquier cosa, incluso vejaciones y mobbing, porque perder el puesto de trabajo, especialmente a ciertas edades, supone la muerte laboral.

La pérdida absoluta de confianza en los sindicatos favorece su paulatina desaparición del universo de las PYMES, quedando solo, de momento, como un reducto de grandes empresas y función pública

La pérdida absoluta de confianza en los sindicatos favorece su paulatina desaparición del universo de las PYMES, quedando solo, de momento, como un reducto de grandes empresas y función pública. Eso hará que la negociación salarial futura sea bilateral entre trabajador y empresa, lo que sin duda favorecerá a la parte más fuerte, y podrán mantener la entelequia de la competitividad sine die, máxime si los trabajadores desconocen la realidad de la empresa, como es el caso de la mayoría en España.

Solo un nuevo modelo sindical como el alemán podría revertir esta situación sobre la base del análisis riguroso basado en buenas estadísticas

Queda un halo de esperanza y tiene que ver con el modelo alemán. Allí, los grandes sindicatos se unieron en uno solo y crearon una verdadera estructura de análisis y de defensa de los valores sindicales, bajo el paraguas de la Fundación Hans-Boeckler. De ahí cuelgan dos institutos de primer nivel, el IMK (de macroeconomía keynesiana) y el WSI (de corte socio laboral). Empezaron construyendo buenas bases de datos, siguieron haciendo análisis riguroso y pudieron encarar una negociación de tú a tú con la otra parte. España tiene la oportunidad de implementar algo parecido, si es que quiere, y tal vez así se pueda reconstruir unas relaciones laborales modernas. Mientras no sea así, la batalla estará perdida y los liberales seguirán brindando y disimulando con pequeños flecos sobre el coste del despido.


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