A primera vista, puede parecer que Monchito y Toni Cantó tienen tanto en común como Pablo Echenique y Rocío Monasterio. Pero el azar de la actualidad ha venido a demostrar estos días que en la España exhausta de 2021 cualquier parecido es posible. Monchito nació cuando no existía Twitter y esta semana ha sido 'trending topic' al destapatarse el trapicheo monumental de su 'padre', el ventrílocuo José Luis Moreno. También ha marcado tendencia Toni Cantó, tras aceptar el encargo de Isabel Díaz Ayuso de liderar la Oficina del Español de la Comunidad de Madrid.

Con la detención del famoso empresario y el nombramiento del conocido político vuelven a aflorar las pestilencias de un país en el que casi todo vale, donde quienes podían dar ejemplo de rectitud predican con el fraude fiscal o el enchufismo. Pese a las diferencias evidentes -uno se enfrenta a la Justicia por un supuesto delito y otro no ha cometido falta alguna-, ambos lanzan un mensaje de desánimo a una sociedad fatigada, que observa cómo nada cambia salvo sus condiciones de vida, por el azote de la crisis económica y los rotos familiares que ha dejado la pandemia. 

El destino ha juntado en la misma semana la ‘Operación Titella’, que mandó al calabozo a Moreno, y la publicación de la nueva lista de morosos con Hacienda. Lejos de reflejar que quien delinque siempre lo paga, la coincidencia refuerza otra lectura: miles de españoles adinerados, muchos de ellos famosos, siguen maniobrando para eludir o engañar al fisco. Y la 'caza' de Moreno no rebaja la sensación de impunidad que desprende el ranking de morosidad. 

José Luis Moreno, durante una antigua actuación con su personaje 'Monchito'. YOUTUBE

La lista bochornosa nació en 2015 por iniciativa de Cristóbal Montoro, entonces ministro de Hacienda en el Gobierno de Mariano Rajoy. La iniciativa prometía. Se trataba de sacar los colores a los particulares y las empresas que acumulan grandes deudas con la Agencia Tributaria. Desde entonces, una vez al año, han desfilado por el listado empresarios, actores y deportistas. Lo llamativo es que muchos rostros conocidos repiten año tras año. 

Son ejemplos de tenacidad defraudadora los empresarios Agapito García (que se hizo rico con el negocio del hormigón) o Luis Miguel Rodríguez (que se forró con la chatarra). También son repetidores el exministro Rodrigo Rato, el exbanquero Mario Conde o los Ruiz Mateos. Y, por supuesto, famosas como Paz Vega o Patricia Conde, o habituales del 'Hola' como Matthias Kühn o José Ortiz Von Bismarck.

A medida que los morosos repiten, la lista va perdiendo impacto en la opinión pública y reforzando la sensación de que el fraude no sale tan caro. Lo dicen hasta quienes se dedican a combatirlo. Esta semana, tras la publicación del listado, el colectivo de Técnicos de Hacienda (Gestha) aseguró que publicar la identidad de los morosos no consigue por sí solo elevar las deudas pendientes de cobro. Es más, los profesionales recuerdan que el ranking es poco más que una lista de “desahuciados”, la mayor parte de los cuales “nunca pagará sus deudas”.  Además, tal y como está confeccionada, es fácil "confundir los defraudadores con simples deudores". 

Con la detención de Moreno y Toni Cantó vuelven a aflorar las pestilencias de un país en el que casi todo vale, donde quienes podían dar ejemplo de rectitud predican con el fraude fiscal o el enchufismo

En Gestha afirman abiertamente que “falta voluntad política para luchar contra el fraude fiscal”, por lo que reclaman reorientar la acción de la Agencia Tributaria. ¿Cómo? De entrada, centrándose menos en perseguir “los errores del contribuyente” y más en perseguir a los defraudadores. Sobre todo, a los que tienen los bolsillos más llenos. Otros pasos a dar son "la evaluación de la economía sumergida y el control de las administraciones tributarias". Y, por encima de todo, la ampliación de la plantilla de técnicos e inspectores. Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), España es uno de los países con menor ratio por cada 1.000 contribuyentes.

El Ministerio de Hacienda es plenamente consciente de los boquetes del sistema. En 2008, cuando arrancó la anterior crisis, había 28.000 inspectores; hoy quedan en nómina 25.000. El departamento que lidera María Jesús Montero ha prometido incorporar nuevos efectivos de aquí a 2023 (este año se sumarán mil profesionales más) y ha desatascado la nueva Ley de Lucha contra el Fraude Fiscal, aprobada esta misma semana en el Parlamento.

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La ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. EP

Entre las medidas que contempla la nueva normativa está la limitación del pago en efectivo para determinadas operaciones económicas, que pasa de 2.500 a 1.000 euros, y la prohibición de las amnistías fiscales. La ley sigue apostando por las listas de morosos; de hecho, reduce la cuantía vigente para aparecer en el ranking (del millón a los 600.000 euros). El año que viene, por tanto, habrá un listado mucho más largo.

Cualquiera de estas medidas permitirá avances, pero chocará con un problema de fondo: la falta perenne de confianza en los políticos y en las instituciones, y la penosa educación tributaria. El último Eurobarómetro, publicado en abril, mostraba una cifra alarmante: el 90% de los españoles -o sea, nueve de cada diez- desconfía de los partidos políticos. La deriva de la vida política hacia los extremos, el oportunismo y la falta de principios de algunos de sus protagonistas, contribuyen a abrir más y más la brecha con la ciudadanía. El mismísimo Pedro Sánchez llegó a afirmar que no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno.

Los cambios de chaqueta generan desapego entre los ciudadanos que deben pagar los impuestos. También el tufo a chiringuitos que emana de la política. Como el que Díaz Ayuso -la gobernante que presume de "principios políticos"- le ha montado a Toni Cantó, el exdiputado de Ciudadanos que le declaró, más que ningún otro, la guerra al enchufismo.