España tenía hace cinco años el octavo salario mínimo más alto de la Unión Europea. Hoy, es el séptimo, tras haber superado a Eslovenia. También es el séptimo país que más ha incrementado el SMI en la UE, exactamente un 44,99% durante el periodo analizado, de acuerdo con los datos que publica Eurostat. El SMI ha pasado de 764,4 a 1.108,3 euros mensuales por doce pagas, tal y como acostumbra la agencia estadística europea a presentar las comparaciones para hacerlas homogéneas. En España preferimos referirnos a 950 euros por catorce mensualidades para hablar del actual SMI o a 655,2 euros para el de 2016.

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha vuelto a sacar a debate la necesidad de incrementar el salario mínimo para el próximo año, con el objetivo de compensar el efecto perverso de la inflación y de que la subida del IPC no repercuta más en las personas con menos ingresos. Como todos los años, la polémica está servida. El problema es que la especial situación económica española ha reducido el diferencial entre el SMI y el salario medio, el mediano y el más frecuente, al reducirse estos en relación a los pagados en 2019 y 2020. Es un mero efecto matemático.

Los sindicatos se alinean con las tesis del Ministerio de Trabajo y los empresarios no entienden que con un desempleo del 15,98%, que afecta más de 3,65 millones de trabajadores, y con cerca de siete millones de personas buscando empleo, un aumento de la retribución mínima que se tiene que pagar a un trabajador vaya a ser la solución a los graves problemas que azotan al mercado laboral. Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, cree que “no es momento de hablar de la subida del SMI, sino de centrarse en la consolidación del empleo”.

El actual salario mínimo interprofesional vigente en España sólo es superado en la Unión Europea por Luxemburgo (2.202 euros brutos mensuales), Irlanda (1.724), Holanda (1.685), Bélgica (1.626), Alemania (1.614) y Francia (1.555). Es cierto que es casi la mitad que el luxemburgués y un 31% inferior al alemán, pero más que triplica al de Bulgaria (con 332 euros es el más bajo de toda la UE), y es el doble que los de República Checa, Croacia, Hungría, Polonia o Rumanía. Dinamarca, Italia, Chipre, Austria, Suecia y Finlandia no tienen fijado por ley un salario mínimo.

Intento fallido

El año pasado hubo un intento de subir el salario mínimo, pero no prosperó. No cumplía ninguna de las premisas que recoge el artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores, que dice que “el Gobierno fijará, previa consulta con las organizaciones sindicales y asociaciones empresariales más representativas, anualmente, el salario mínimo interprofesional teniendo en cuenta el índice de precios de consumo, la productividad media nacional alcanzada, el incremento de la participación del trabajo en la renta nacional y la coyuntura económica general”.

Yolanda Díaz lo vuelve a intentar, pero tampoco parece contar con los argumentos suficientes. Los datos de la estructura salarial anual del INE sólo alcanzan hasta el año 2018 en relación con cuánto es el salario medio, mediano y más frecuentes en España y sitúan el SMI en 10.303 euros brutos anuales, el 43% del salario medio (24.009 euros), el 51,3% del salario mediano (el que por encima de él tiene el mismo número de perceptores que por debajo, que equivalía a 20.078 euros) y el 55,8% del salario más frecuente (18.469 euros). Quizás por eso, la ministra defienda la necesidad de subir el SMI hasta alcanzar el 60% del salario medio.

El problema es que la pandemia y el correspondientes desplome de la actividad económica han modificado a la baja los datos de salarios de 2018. A lo largo de los últimos cinco años se ha podido constatar que el salario medio es entre un 18 y 20% superior al mediano y que éste es entre un 10% y un 15% más alto que el más frecuente.

Con esas premisas podemos situar el salario medio español en 2020 en el entorno de los 24.500 euros, el mediano, sobre los 20.700 euros y el más frecuente alrededor de los 18.400. El problema es que la situación económica no ha mejorado tanto como para volver a los niveles previos a la declaración del estado de alarma. Con los datos de la estructura salarial del primer trimestre de este año publicados por el Instituto Nacional de Estadística, el salario medio de un español ha bajado hasta los 22.900 euros; el mediano, hasta los 18.500 euros y el más frecuente, a algo menos de 17.000 euros. Y el SMI sigue en 13.300 euros anuales.

Es decir, con cifras de marzo de este año, el SMI estaría en el entorno del 58% del salario medio, en el 71% del salario mediano y en el 79% del salario más frecuente. El SMI ha subido un 45% desde 2016 y un 29% desde 2018, pero los salarios medio, mediano y más frecuente son más bajos que hace cinco y tres años, por las especiales circunstancias por las que atraviesa la economía española desde hace 15 meses. De hecho, el coste salarial de un trabajador de la hostelería (686 euros y una caída interanual del 32,4%) era en el primer trimestre de este año inferior al SMI. Incluso el coste laboral total: 987,7 euros.

Comisión sobre el salario mínimo

La comisión de expertos que ha estudiado la evolución del SMI para los próximos años ha concluido que debería incrementarse entre 61 y 99 euros en el horizonte de 2023, lo que supondría llevar la cifra hasta 1.011 y 1.049 euros mensuales por catorce pagas, lo que deja bien a las claras que las diferencias no son tan importantes y que la subida puede esperar.

A favor del Ministerio de Trabajo sólo juega una de las cuatro condiciones del Estatuto de los Trabajadores, la inflación. El IPC cerró mayo en el 2,7%, aunque la práctica totalidad de este aumento está relacionado con los precios de la energía, los carburantes y de los alimentos frescos. Lo que se conoce como inflación subyacente, que no contabiliza estos epígrafes, apenas subió un 0,2%.

La productividad por puesto de trabajo equivalente a tiempo completo lleva seis trimestres consecutivos bajando por encima del 3%, con la excepción del primer trimestre de este año: -2,4%. La remuneración de los asalariados alcanzó en el primer trimestre un 47,7% del PIB (48,76% en 2020). Ha subido ininterrumpidamente en los últimos cuatro años.

En cuanto a la situación de la economía en general, las previsiones a futuro son buenas, pero el propio Banco de España no cree que se alcancen los niveles previos a la pandemia hasta finales del próximo año. Una de las sombras que se cierne sobre la economía es qué pasará cuando se acabe la protección a los trabajadores sujetos a un ERTE. A finales de mayo eran 542.242, en su mayor parte de los sectores de la hostelería, las agencias de viajes y el transporte. De su futuro, después de septiembre va a depender que haya más presión a la baja sobre los salarios.