El coche eléctrico es una realidad, algo que no le sucede al avión. Un hueco que quiere aprovechar Repsol. La petrolera que dirige Josu Jon Imaz tiene un plan encima de la mesa de 1.400 millones de inversión para su complejo de Tarragona con proyectos que optan a ser financiados con fondos europeos. Y una de sus ideas es utilizar estos fondos para que la producción del ‘biojet’ despegue. 

Repsol trabaja en este combustible con baja huella de carbono para aviones desde el pasado verano. Su primer lote de esta ‘gasolina verde’ se produjo en agosto en el Complejo Industrial de Puertollano (Ciudad Real), el segundo en enero de este mismo año en Tarragona.

Dos pruebas que quieren llevar a más. El biojet producido está, de momento, superando pruebas que requieren este tipo de productos y su fabricación también la quiere extender al resto de instalaciones de Repsol en España. La compañía tiene en sus planes encontrar alternativas que permitirán obtener combustible para aviones a partir de residuos.

Los biocombustibles, obtenidos a partir de biomasa o residuos, son la alternativa intermedia a la gasolina o derivados del petróleo en el transporte, mientras que la movilidad 100% eléctrica se asienta en el mercado. En el caso de la aviación, las baterías no permiten todavía un transporte aéreo eléctrico y el ‘biojet’ se convierte en la mejor alternativa para que las petroleras adapten su negocio a los nuevos tiempos. 

El propio Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), con el que el Gobierno quiere descarbonizar la economía antes de 2030, empuja a empresas como Repsol, CLH, Cepsa o ENI a que apuesten por estos biocarburantes mientras se adaptan a la electrificación de la economía.

Repsol busca el respaldo de la Generalitat 

Los 1.400 millones de euros con los que quiere transformar el Complejo Industrial de Tarragona en los próximos cinco años busca asentar otros proyectos más allá del ‘biojet’.  Repsol quiere que este centro de producción sea también una instalación para producir plásticos a partir del reciclado de materiales post consumo y la implementación de tecnologías para mejorar el consumo de materias primas y de energía en los procesos productivos.

Repsol ha incluido todas estas apuestas en el programa Cataluña Next Generation, que impulsa la Generalitat de Cataluña. La empresa que preside Antonio Brufau quiere ser el gran actor que transforme la transformación del Polo Petroquímico de Tarragona. Repsol por eso se ha incluido en el proyecto que han puesto en marcha el Puerto de Tarragona y el Ayuntamiento de Vila-seca, de 11 proyectos de transformación valorados en 259,5 millones de euros

Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, en la presentación este jueves del plan estratégico 2016-2020.

Las dos iniciativas que ha presentado por el momento Repsol ascienden a 41 millones de euros. La compañía mira al futuro tras el duro 2020. Repsol cerró el ejercicio con unos números rojos de 3.289 millones de euros. Un resultado marcado por la brusca caída de los precios de los hidrocarburos y el desplome de la demanda tras las medidas para frenar el coronavirus han castigado el negocio de la petrolera.

Ahora, su objetivo es poner todos los recursos encima de la mesa para cumplir con los planes de descarbonización y poder adaptarse a un futuro con el petróleo con papel secundario. Un giro de su negocio queda patente en la intención de sacar a Bolsa su negocio renovable para poder encontrar socios que le ayuden a financiar este nueva senda verde que se han marcado.

Estos movimientos del equipo de Josu Jon Imaz tienen un objetivo claro: que Repsol deje de ser reconocida como una petrolera y se catalogada como una empresa ‘multienergética’. Un cambio de imagen que le va a costar 18.300 millones de euros en los próximos cinco años.