España ha sido siempre el único mercado desarrollado en el que la productividad sólo crecía cuando se producía una crisis económica y una destrucción de empleo, pero ahora que la covid-19 ha hundido el PIB y ha provocado un aumento de la tasa de paro, la productividad se ha desplomado, rompiendo esta tendencia.

Tal y como se puede apreciar en el gráfico, elaborado a partir de los datos de Productividad y Costes laborales divulgados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la productividad por hora efectivamente trabajada en España se disparó en el segundo trimestre de 2020, tras la declaración del estado de alarma y la imposición del confinamiento domiciliario, cumpliendo con lo que había sucedido en el pasado.

No obstante, a partir del tercer trimestre la productividad se desplomó, con una caída interanual del 2,3% en ese periodo, del 3% en el cuarto y del 0,5% en el primero de este año; un comportamiento inusual que responde a distintas razones, según los expertos consultados por Vozpópuli.

"Mi hipótesis es que muchas empresas afectadas por el parón se han puesto en funcionamiento a partir del tercer trimestre del año pasado con un volumen de negocio muy bajo, inferior al previo a la crisis, pero sólo el hecho de empezar a funcionar les ha llevado a contratar a un volumen de trabajadores", explica María Jesús Fernández, economista senior de Funcas.

Un ejemplo podría ser un hotel que funciona al 10% de su capacidad pero que para dar servicio a ese 10% de huéspedes ha tenido que contratar o rescatar del ERTE al 50% de su plantilla. En ese escenario, su productividad caería, detalla la experta.

Fernández cree también que, a diferencia de lo que ocurrió en la crisis de 2008, las compañías en esta ocasión confían en que la caída de la actividad será temporal, por lo que no han reestructurado su actividad ni optimizado costes.

"En 2008, las empresas sufrieron una caída de la actividad permanente, estructural, y tuvieron que ajustar su capacidad productiva, organizarse para reducir costes… lo que provocó un aumento de la productividad. En esta crisis es distinto porque pueden consideran que van a recuperar sus niveles de actividad previos y, de momento, no han hecho ajustes en su capacidad productiva", ilustra.

EL shock de oferta y la recomposición sectorial, entre las causas

Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research, considera que la caída de la productividad se debe a la recomposición sectorial que se ha producido en la economía española y al efecto que ha tenido la crisis sobre la oferta.

"En el segundo trimestre, muchas de la actividades de consumo social, que tienen menos productividad que la media, cerraron, con lo que se produjo un efecto composición y la productividad por hora trabajada aumentó. La economía se centró más en actividades 'core', que son más productivas. A partir del tercer trimestre, cuando empiezan a eliminarse las restricciones, se produjo el efecto contrario, empezaron a aumentar más las horas trabajadas que el PIB", señala.

A esto se suma que la propia pandemia no sólo ha afectado a la demanda, sino que también ha implicado un shock de oferta negativo que nos hace ser menos productivos.

"Todo lo tenemos que hacer con medidas de seguridad adicionales, estándares productivos, etcétera. Antes hacíamos actividades de forma más flexible y ágil, ahora se producen cuellos de botella además por las restricciones y por la demora en la entrega de componentes, y esto afecta también a la productividad", apunta.

Cambio de tendencia en España

Lo curioso de los datos está en que, por primera vez, España tiene también un comportamiento procíclico de la productividad con la crisis, a diferencia de lo que sucedía en el pasado en que, por los despidos que se producían en momentos de recesión, la economía española se volvía muy productiva.

Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), explica que en esta crisis "España ha sufrido un intenso ajuste de la productividad, a semejanza de lo sucedido en nuestro entorno", algo que él achaca a "la modernización de nuestro mercado laboral experimentada a raíz de 2012, que ha permitido disponer de mecanismos de flexibilidad interna como los ERTE".

"En ausencia de este tipo de mecanismos de flexibilidad, los costes de destrucción de empleo hubieran sido inevitables con el consiguiente deterioro añadido tanto de la solvencia empresarial, como de la confianza de los hogares", agrega.

Los expertos en macroeconomía consultados por este medio no creen que el aumento del teletrabajo haya influido, pero el sector inmobiliario no está de acuerdo

Desde el Círculo de Empresarios apuntan también que el sistema de ERTE ha influido también porque, aunque el trabajador en ERTE deja totalmente de trabajar, el empleador sigue soportando un coste laboral.

"Es un coste al que no corresponde un aumento de la producción", de ahí que la productividad caiga. "En la crisis financiera no hubo ERTE y se produjo una fuerte destrucción de empleo, en especial en un sector poco productivo como la construcción, con lo que aumentó la productividad media", afirman a este medio.

El impacto del teletrabajo en la productividad

Los expertos en macroeconomía consultados por este medio no creen que el aumento del teletrabajo, a raíz de la pandemia, haya sido determinante al marcar esta evolución de la productividad.

"Podría ser una explicación, pero la evidencia internacional es mixta. Es demasiado pronto para pronunciarse sobre esto. Algunos estudios del Reino Unido dicen que el teletrabajo ha permitido aumentar la productividad, mientras que hay estudios en Japón que dicen lo contrario. En España no hay ningún estudio todavía", señala Doménech.

Sin embargo, fuentes del sector inmobiliario consultadas por este periódico reivindican que el incremento del teletrabajo sí ha contribuido a la caída de la productividad antes referida.

Uno de los principales empresarios del sector a nivel nacional augura, de hecho, que en los próximos meses surgirán estudios que demuestren la conexión entre un fenómeno y el otro. Otro incide en que la cuestión ya divide posturas en el mundo de la alta consultoría empresarial, en las llamadas 'Big Four', con algunos de sus altos ejecutivos en Madrid apostando por el teletrabajo y otros, por conservar la fuerza del trabajo presencial.

Todos nuestros entrevistados coinciden en que la interacción presencial es insustituible, en que lo ideal sería quizá un teletrabajo parcial, una fórmula combinada

La consultora de inversiones inmobiliarias Colliers realizó en 2020 un sondeo digital a más de 3.000 empleados y directivos de 25 países, incluido España, sobre el potencial crecimiento del teletrabajo permanente a raíz del coronavirus. El 82% de los encuestados dejaron claro que querrían teletrabajar uno o más días en la era postcovid, si bien el 58% avisaba de que podía colaborar mejor con sus compañeros en la oficina.

"Es cierto que la gente ve ventajas; destacan posibles ahorros de tiempo, por trabajar por resultados, y externalidades positivas para el medio ambiente, y la posibilidad eventual de conciliar mejor la vida laboral y profesional", ha señalado Elisa Chuliá, académica y directora de Estudios Sociales de Funcas, a Vozpópuli, tras una encuesta a 700 profesionales. "Sin embargo, todos nuestros entrevistados coinciden en que la interacción presencial es insustituible. Coinciden en que lo ideal sería quizá un teletrabajo parcial, una fórmula combinada".

El teletrabajo llegó a crecer un 700% durante 2020, hasta abarcar al 30% de los españoles en condiciones de trabajar -el umbral máximo, por cierto, de personas con posibilidad de teletrabajar, según el Banco de España-. Sin embargo, de acuerdo a cifras reconocidas por Eurostat, la población ocupada que teletrabaja de forma permanente en España ha caído ya al 11% a cierre del primer trimestre de 2021.