El representante de los hosteleros españoles, José Luis Yzuel, asume el papel fundamental que ha jugado este sector en las elecciones de la Comunidad de Madrid. Cuenta que se sienten “ninguneados” por las autoridades centrales, con quiénes desearían tener más trato, y lamenta “falta de respeto” por parte de la vicepresidenta, Carmen Calvo, al referirse a Madrid únicamente como la ciudad del ocio y los berberechos. 

Yzuel recibe a Vozpópuli pocas horas antes de que decaiga el estado de alarma. Confía en que el nuevo escenario suponga un balón de oxígeno para los establecimientos. Pero antes, reclama que lleguen las ayudas prometidas y, sobre todo, un acelerón en la vacunación para poder recuperar este sector, que ha sufrido el cierre de cerca de 100.000 establecimientos desde que comenzó la pandemia. 

Pregunta. ¿Confía en que el estado de alarma dé aire a la hostelería

Respuesta. Siempre aspiramos a más, pero bienvenido sea el decaimiento del estado de alarma, la modificación de estas gravísimas restricciones. La situación económica del sector va a mejorar, pero estamos a meses de recuperar la senda de la economía. Mejorará la situación de algunos establecimientos que estén abiertos, pero aún dependemos de la vacunación, del pasaporte sanitario y de las ayudas, los famosos 7.000 millones de euros. Tenemos que saber de qué manera se va a acceder a ellas, cómo se van a cobrar. Hoy el hostelero no sabe cuándo las percibirá. Las necesita para ayer. 

P. ¿Están en contacto con el Ministerio? 

R. Tenemos relación permanente con el Ministerio de Industria, aunque no ha sido muy eficaz. También nos hubiera gustado trabajar con el Ministerio de Sanidad pero no tienen hábitos de pactar ni comentar nada. Hemos invitado al Gobierno a la mesa para trabajar conjuntamente. Tenemos muy buena relación con la ministra Reyes Maroto, intensa, de trabajo, pero poco eficaz si lo comparamos con el montón de decisiones que se han tomado con el Gobierno o con las comunidades autónomas.

P. ¿Se sienten ignorados? 

R. Nos sentimos absolutamente demonizados. La sociedad nos reconoce como uso social que nos identifica con nuestra cultura. Estamos en contacto con el Gobierno, con la mano tendida, en actitud de escucha, pero pedimos que se nos respete. Hemos notado falta de empatía que ha rozado la falta de respeto. 

Nos sentimos absolutamente demonizados

P. ¿Cree que ha tenido que ver la figura de Ayuso? ¿Se ha producido una “ayusización” de la hostelería? 

R. Ayuso ha demostrado que la economía y la salud pueden ir de la mano y ha hecho una apuesta con decisiones eficientes. No hay informes con datos serios que digan que cerrar la hostelería mejora la situación. Los últimos datos que publicó el Ministerio de Sanidad fueron del 4 diciembre y decían que la hostelería solo representaba el 2,3% de los contagios. Como les sonrojó, dejaron de publicarlos. Pero no queremos politizar las decisiones que se han tomado en comunidades. Todos los datos de Europa nos dan la razón: Francia lleva cinco meses con la hostelería cerrada y nos ha cuadriplicado en cifras, Alemania, Bélgica… Por tanto, en España, es una evidencia que cerrar la hostelería produce efecto contrario. 

No han dado ningún dato pero se han seguido tomando decisiones gravísimas hasta el punto de arruinarnos y provocar un efecto dañino en el empleo: hemos retrocedido 20 años. Estamos hablando de cerca de 700.000 trabajadores que no se han incorporado. La hostelería no son solo bares; hemos tirado del empleo, de la economía. Y nos envidian en el mundo.

No hay datos serios que digan que cerrar la hostelería mejora la situación

P. ¿Es Madrid la comunidad del ocio y los berberechos? 

R. Madrid tiene muchos atractivos turísticos, pero sobretodo son terrazas, cañas y hostelería que nos diferencia de otros destinos, por ejemplo: si nos comparan con Londres, vendemos felicidad. ¿Nos tenemos que avergonzar? Todo lo contrario, España es un país de bares porque nos encantan y nadie nos tiene que demonizar o menospreciar. Somos el país con mayor índice de bares por habitantes. Espero que se callen los que nos han ninguneado.

P. ¿A quién se refiere? 

R. Ha habido un sector político claro en contra de nuestro modelo y estoy pensando en declaraciones de estos días en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Ha habido partidos que se fundaron en un bar y les han ido bien, y una vicepresidenta del gobierno estaba ninguneando y hablando de berberechos. Lamentará esas declaraciones porque no tienen relación con la realidad. 

Creo que el Gobierno se ha equivocado gravemente porque nos ha estado negando, poniendo todas las pegas del mundo con las ayudas que veníamos reclamando desde noviembre. Se aprobaron en invierno, estamos en primavera y nos dicen que llegarán en verano, luego en septiembre. 

P. Pero también esperaban ayudas de las comunidades autónomas… 

R. Ha habido absoluta disparidad. Tampoco quiero acusar y prefiero hablar en positivo: Murcia o Cataluña han dado buenas ayudas, País Vasco fue el primero que las dio y fueron de fácil consecución, del en torno a 4.000 euros, pero en otros sitios han sido propinas. Las ayudas que estamos reclamando son mucho mayores: las empresas han perdido miles de euros, se han cerrado y se les ha expropiado el derecho a trabajar. Algunos interiores de establecimientos siguen limitados. No entendemos que no se pueda tomar un café en una barra. ¡Que me lo expliquen! Pero en las decisiones sanitarias no están acostumbrados a que se les discuta. Creo que han primado por encima del sentido común, del trabajo serio y eficiente. No nos han dicho que apliquemos medidas tecnológicas, solo medievales. 

Tendemos la mano al Gobierno, pero pedimos que se nos respete

P. Los expertos alertan de posible repunte de contagios a raíz del decaimiento del estado de alarma. ¿Cómo lo piensan afrontar? 

R. La hostelería es el gran instrumento para afrontar la situación. Todos los datos publicados indican que el espacio donde mayor contagio se produce es en el privado. En la hostelería se cumplen las normas y si no, el cliente lo puede exigir. Fernando Simón, que no es especialmente buen amigo mío, habla claramente dice que la quinta no puede ser mayor que la cuarta. Hay que hacer deberes: vacunar, vacunar y vacunar, por tierra mar y aire. Si se replica el récord de vacunación de 500.000 personas al día, en 60 días estaremos todos vacunados y podremos vivir un verano de normalidad.