La esperada subida de precios de los coches, fruto de la entrada en vigor de la nueva normativa de homologación de emisiones, puede dar paso a un nuevo encarecimiento por el problema que ha generado la falta de chips.

El precio de los vehículos nuevos ha subido este año entre 600 y mil euros por la entrada en vigor de la nueva normativa de emisiones WLTP. Muchos modelos que hasta ahora no pagaban el impuesto de matriculación y han tenido que asumirlo debido a que la regulación es más estricta y ha hecho aumentar los niveles de emisiones homologados de los coches.

Hasta el 1 de enero, aquellos automóviles que emitían menos de 120 g/km de CO2 no pagaban impuesto de matriculación. Con la nueva normativa, más exigente, son muchos los vehículos que superan esta franja y ya pagan un 4,75% de su precio por esta tasa. Una subida que ha lastrado las ventas en España –en otros mercados como el francés o el portugués los respectivos Gobiernos modificaron los tramos para evitar esas subidas– y que ahora podría volver a producirse debido a las paradas de producción en muchas fábricas motivadas por la falta de chips.

Una de las últimas ha sido la de Opel en Figueruelas, que continúa sin poder reanudar su producción por falta de componentes, después de haber cancelado el turno de mañana del pasado jueves. Desde entonces, no ha podido continuar; de hecho, todavía no han informado de si podrán hacerlo en el turno de noche de hoy martes.

Y es que la escasez de este diminuto componente ha puesto en jaque la industria no sólo nacional, también mundial, y, según apuntan los expertos, no se vislumbra una solución a corto plazo, por lo que los problemas de desabastecimiento continuarán, al menos, un año más. Los chips son componentes básicos en el sector del automóvil, especialmente en los últimos años por la gran dependencia de la electrónica. La demanda de semiconductores ha crecido de forma vertiginosa y en estos últimos meses los fabricantes se han visto desbordados por la demanda y han sido incapaces de abastecer a todos los fabricantes, algunos de los cuales han tenido que parar la producción.

Muchas causas muy diferentes

El confinamiento derivado de la crisis de la covid-19 ha sido responsable de buena parte de este desfase entre la oferta y la demanda, según coinciden los diversos especialistas consultados por Efe. El cierre de empresas y la paralización de la actividad provocó un notable aumento de la demanda de productos electrónicos, como tabletas o portátiles, para teletrabajo y entretenimiento.

Aunque esta es la causa principal, otros sucesos fortuitos han contribuido a agravar el actual problema de desabastecimiento, como el incendio que afectó a una fábrica de chips de Japón, la sequía que vive Taiwán, donde las restricciones en el consumo de agua han limitado la actividad industrial, o la ola de frío que asoló Texas y que interrumpió la producción de muchas empresas, entre ellas las de semiconductores.

La escasez de semiconductores está afectando a buena parte de la industria, pero muy especialmente a la automoción. Cuando la pandemia provocó la drástica caída de la demanda de automóviles, el sector se paralizó y dejó de consumir chips, unos componentes que sirvieron para surtir la pujante industria tecnológica. Ahora que las empresas automovilísticas necesitan nuevamente esos circuitos integrados, se encuentran con que no hay stock y que los productores destinan estas piezas a sectores más rentables, como los fabricantes de teléfonos móviles, que utilizan semiconductores "de vanguardia", de mayor valor añadido y, por lo tanto, más caros.

Insuficiencia de chips

"Ante un exceso de demanda, los fabricantes priorizan y concentran la producción en los artículos que más beneficios les dan", explica Ignacio Mártil, catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid. Así, aunque la demanda de vehículos se ha recuperado parcialmente tras el primer envite de la pandemia, muchas marcas se han visto obligadas a reducir la producción e incluso paralizarla temporalmente, como le ha pasado a Seat, Renault, Ford, Toyota o General Motors, ante la insuficiencia de chips.

Como explica Ignacio Mártil, actualmente solo hay tres compañías capaces de colocar en el mercado chips de vanguardia: la estadounidense Intel, la coreana Samsung y la taiwanesa TSMC. Hace solo una década, recuerda Mártil, había 18 empresas con capacidad de fabricar los semiconductores necesarios para las industrias más punteras. Hay muchas empresas que diseñan chips, pero pocas que los fabriquen.

Samsung y TSMC suman actualmente el 43% de la capacidad mundial de producción. Otro 15% está en manos de China y un 15% más de Japón. Asia, pues, aglutina buena parte de la fabricación global de semiconductores. Y es que los chips se han convertido en el "nuevo oro" de esta nueva era y amenazan con trastocar los planes de la industria.