La caída de la fecundidad y el envejecimiento han llevado el aumento natural de la población (nacimientos menos fallecimientos) a niveles muy bajos, siendo la inmigración el componente que ha determinado un 80% del crecimiento demográfico de España en las últimas dos décadas y será el principalmente determinante en el siglo XXI.

En concreto, según recoge el profesor Jesús Fernández-Huertas de la Universidad Carlos III de Madrid, en un estudio publicado por Fedea, "la inmigración internacional fue responsable del 79% del crecimiento de la población total en España entre 2000 y 2020. De un crecimiento poblacional de 6,8 millones de personas, 5,3 millones fueron inmigrantes nacidos fuera de España".

Esta tendencia, consolidada en los últimos veinte años y que ha llevado a España a ser el segundo destino preferido por los inmigrantes internacionales, solo por detrás de Estados Unidos, se perpetuará a futuro. "Es justo decir que no puede esperarse crecimiento de la población española en el futuro cercano a menos que ese crecimiento tenga lugar a base de recibir inmigrantes internacionales", advierte.

En el año 2019, el último de crecimiento antes de que estallara la crisis económica derivada de la covid-19, España tuvo una ganancia neta de inmigrantes de 476.133 personas, lo que supone el mayor incremento desde el año 2007 y sitúa el total de inmigrantes en el país en casi 7 millones, un 14,8% del total de la población, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Líderes en recepción de latinoamericanos

Este organismo estima que las entradas netas se habrán visto reducidas en 2020 hasta en 110.000 inmigrantes debido al impacto de la pandemia en los flujos migratorios.

España lidera la captación de inmigrantes en Europa porque es líder en recepción de latinoamericanos: "Sin inmigración de Latinoamérica, la evolución de España habría sido similar a la de otros países europeos y no habría constituido un caso único".

Además de los acuerdos bilaterales entre España y algunos países de esa zona (que justifican un 25% de los desplazamiento), han fomentado la inmigración las restricciones en la política exterior estadounidense, el idioma común y la existencia ya en España de inmigrantes de estas zonas que actúan como "factor atrayente para nuevos flujos". Este último factor, conocido como "efecto de red" es responsable de un 26% de los movimientos.

Influye también en un 40% la estructura demográfica de los países de origen, es decir, la juventud relativa de sus poblaciones, ya que los individuos más jóvenes tienen una mayor tendencia a emigrar. Otro factor determinante es que esas poblaciones puedan o no entrar legamente en el país con un visado de turistas.

La situación económica de España apenas influye

Todo esto supone que solo el 9% de los flujos migratorios que recibe España, o que puede esperar recibir de aquí a 2050, se justifican por la situación económica o demográfica del país.

El INE prevé que dentro de tres décadas habrá en España 12,8 millones de inmigrantes, casi el doble que ahora, una estimación que mantiene incluso después de tener en cuenta la crisis del coronavirus.

El mayor incremento se producirá en el volumen de población latinoamericana, que sumará otros 2 millones de personas, con destacado protagonismo de Perú, Colombia y Venezuela.

Mientras, la inmigración procedente del norte de África y Oriente Próximo se doblará hasta superar los 2 millones, con protagonismo de la inmigración marroquí.

La inmigración europea se estancará

"Frente a esto, la inmigración europea permanecería prácticamente estable y se produciría un descenso del total de inmigrantes procedentes del Este de Europa, debido al envejecimiento de países como Rumanía y Bulgaria", apuntan.

Estos países, en los que la población hasta ahora era preminentemente joven y tendente a emigrar, están envejeciéndose lo que desincentivará a los ciudadanos a trasladarse a otros países, y su calidad de vida, como miembros de la Unión Europea, está mejorando, lo que también actuará como efecto desincentivador de la emigración.