El Plan de Transformación, Recuperación y Resiliencia contiene 400 veces la palabra “reforma” sin concretar, prácticamente, ni un sola. Todo un ejercicio de funambulismo verbal, impecablemente maquetado en un libro de 211 páginas, con el que el Pedro Sánchez pretende convencer a sus 27 socios europeos de que merece 140.000 millones de euros.

El documento que presentó el presidente este martes en el Palacio de La Moncloa ha dejado perplejo a una parte del Ibex. “Vamos a sudar tinta”, presagian fuentes próximas a una de las mayores compañías. Que el Plan genere recelo entre muchos empresarios, azotados por la crisis y con un futuro dudoso a la vista, entra dentro de lo previsible. Tampoco sorprende que sus pilares básicos, elaborados sin consenso político alguno, provoque sarpullidos a la oposición. Pero lo que inquieta, realmente, a unos y otros es que la actitud del Gobierno colme primero la paciencia de Bruselas. Y reactive después la desconfianza histórica de los países frugales, con capacidad legal para tirar del freno de emergencia y paralizar los fondos.    

Las empresas de mayor tamaño y las grandes consultoras llevan días analizando el Plan de Transformación, Recuperación y Resiliencia. Buscan pistas para empezar a definir proyectos bien armados, con el objetivo de recibir cuanto antes la financiación. El problema es la falta generalizada de concreción.   

La 211 páginas del plan y las 107 de los Anexos son un compendio inabarcable de propuestas (212 medidas, de las que 110 son inversiones y 102 reformas), mucho más cercano a un programa electoral que al documento preciso que desea Bruselas. Lleva el sello inconfundible de la factoría de Iván Redondo: las formas están cuidadas con mimo, hasta el punto de que las medidas sobre igualdad de género se enmarcan en recuadros morados y en verde las que afectan al clima.

Portada del Plan de Recuperación del Gobierno.

Pero el contenido es un popurrí de iniciativas ya en marcha, como el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima o la Agenda España Digital 2025. El propio documento admite que las medidas “no parten de cero, sino que se basan en las líneas estratégicas seguidas desde 2018, pero limitadas hasta la fecha en su dimensión de inversión pública por el espacio fiscal disponible”.

A lo largo del libro se repite 366 veces la palabra "resiliencia" y algunas frases calcadas. “La economía española arrastra importantes desequilibrios de carácter estructural que han lastrado la capacidad de crecer de forma sostenible en el tiempo”, puede leerse en las páginas 18 y 106. También extractos copiados literalmente de planes antiguos. Según informaba misma semana El Confidencial, en el documento aparecen párrafos calcados de programas como el España Puede (presentado el pasado octubre) o la mencionada Agenda España Digital 2025 (presentada en julio de 2020).

A ojos de los empresarios, el autoplagio no pasaría de la anécdota de no ser por todo lo que se juega España. De las bases que ahora se instalen dependerá el futuro de los 46 millones de españoles que han sufrido una doble crisis -sanitaria y económica- jamás vista. El propio Gobierno eleva hasta lo más alto el listón. En el Plan se plantea, nada menos, que “abordar una modernización de la economía española, comparable a la que supuso la incorporación a la UE en 1986, que permita retomar la senda de progreso y prosperidad lograda durante las siguientes décadas”.

González elaboró el Plan de entrada de España en la UE
Felipe González, junto a Manuel Marín y Fernando Morán, en la firma del Acta de Adhesión a la UE. WIKIPEDIA

El párrafo rememora el hito histórico que logró España bajo el mandato de otro presidente socialista. El 12 de junio de 1985, en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, Felipe González firmó el Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas. Para subirse al tren del progreso de la UE, el líder del PSOE se aseguró previamente el consenso de todas las fuerzas parlamentarias

España se hizo europea -y comenzó a recibir un torrente de millones en fondos de cohesión- gracias al voto unánime del hemiciclo. 35 años más tarde, Pedro Sánchez encara una gesta de envergadura histórica con una oposición mal encarada y un Consejo de Ministros donde afloran vías de agua. "Prefiere gobernar como Napoleón", le espetó Pablo Casado al presidente este miércoles en el Congreso, tras afearle sus formas y el fondo del Plan.

En Bruselas empieza a preocupar “la venta política a la ciudadanía del futuro que nos espera”, asegura un consultor político. “No se entiende como Sánchez está manejando internamente el asunto”. La Comisión Europea ya ha pedido tres reformas concretas: laboral, fiscal y pensiones. Pero el Gobierno se ha limitado, por ahora, a avanzar algunas pinceladas sobre la jubilación y proponer la reducción a tres de los contratos laborales.

Un Plan "con cara y ojos"

“Al Gobierno se le van a acabar los cartuchos porque va perdiendo apoyos. Tiene que empezar a mostrar proyectos con cara y ojos”, añaden desde un gigante del Ibex. “Las empresas tenemos claros los nuestros. Es el Gobierno el que ahora tiene que dar la batalla y maniobrar con acierto en Bruselas para nos den el aprobado”. 

En su defensa, Moncloa alega que el Plan presentado esta semana sólo es un aperitivo. Antes del 30 de abril, remitirá a la capital belga un documento mucho más extenso y concreto. El Gobierno recuerda además que las reformas estructurales pendientes exigen un acuerdo sólido con los agentes sociales y respaldo suficiente en el Congreso. El 'libro azul' de Sánchez sólo marca el kilómetro uno de un largo maratón.

A muchos directivos les inquietan los precedentes: España es uno de los países que menos provecho saca a los fondos, por la falta de proyectos bien armados. Entre 2014 y 2020, sólo se consumió el 40% del dinero disponible. También que Sánchez no esté reconstruyendo ya los puentes con la oposición. Pero lo que asusta, de verdad, es que el Gobierno alumbre un futuro tan oscuro con luces tan cortas. Que le baste el destello suficiente para alumbrar el camino hacia las próximas elecciones.