Crecen las clases altas y las más bajas, y se estrecha la clase media. Un año después del inicio de la pandemia, y de la configuración del primer Gobierno de coalición en la España democrática, el modelo social ha sufrido un espectacular vuelco. Según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondientes a los barómetros de febrero de 2020 y del mismo mes de 2021, la clase social alta y media alta (personal directivo de empresas y de Administraciones, profesionales liberales, técnicos y cuadros medios) y la denominada media-media (asalariados en rutinas administrativas en su mayor parte, es decir, empleados públicos) han crecido exponencialmente en el peor año para la economía desde la guerra civil y también para el empleo. Si la clase alta representaba hace un año el 3,7% de los españoles, ahora alcanza el 6,2%.

Por su parte, la clase media-media alcanzaba en 2020 el 45% de la ciudadanía y ahora llega al 49,6%. Se trata de los colectivos que mejor están aguantando los rigores de la crisis y a los que menos les afecta los ajustes laborales porque componen los equipos directivos o porque tienen empleo seguro. Por tanto, la situación actual ha provocado que las dos clases más elevadas del estrato social supongan nada menos que casi el 56% de la sociedad cuando hace sólo un año se situaban en el entorno del 48%.

También es llamativo el incremento de quienes se consideran inmersos en la categoría situada en el último escalafón. Se trata de la clase baja y pobre (obreros no cualificados, peones, jornaleros del campo y el grueso de pensionistas) que ha pasado de representar el 6,9% hace 12 meses al 8,7% en 2021. Esta clase ha aumentado como consecuencia de la caída de la denominada clase media-baja, es decir, pequeños empresarios y autónomos, agricultores, y sobre todo de la hecatombe de la clase trabajadora, obrera y proletaria (según la nueva denominación del CIS), es decir, obreros manuales cualificados o semicualificados o artesanos sobre todo en el sector de los servicios y en menor media en la industria.

Los paganos de la crisis

Así, este desplazamiento de clases ha supuesto que la clase media-baja haya pasado de representar el 17,3% al 16,6%. Y espectacular ha sido la caída de la clase trabajadora, obrera y proletaria ya que en 2020 representaba el 20,9% y en 2021 ha pasado al 10,2%, es decir, se ha contraído a menos de la mitad. Estos últimos estratos sociales son los grandes ‘paganos’ de la actual crisis. Representan ahora el 26,8% de la sociedad cuando hace un año llegaban al 38,2%. Todo esto está afectando a su situación económica y laboral y también a sus inclinaciones políticas y al sentido de su voto.

No existe un diagnostico fidedigno de quienes componen cada clase desde el punto de vista económico porque prefieren no facilitar dato alguno a la hora de concretar la horquilla de sus ingresos. Por ejemplo, según los datos aportados hace un año (en el barómetro de 2021 no se ha incluido la pregunta del CIS), el 31,2% de los que se consideran clase alta no mencionan sus ingresos y sólo un 18,3%, la mayoría, dice moverse entre 1.800 y 2.400 euros mensuales después de impuestos. Por su parte, el 32,2% de la clase media-media (que se corresponde a la denominación del anterior Gobierno de ‘nueva clase media’) tampoco informa de sus ingresos aunque la mayoría de este colectivo (17,1%) manifiesta disponer de entre 1.200 y 1.800 euros. Es éste el colectivo que más oculta sus ingresos reales.

Mientras, el 27% de la clase media-baja (que se corresponde con la denominación anterior de ‘vieja clase media’) tampoco identifica el montante de sus ingresos, pero la mayor parte (17%) apunta una media de entre 600 y 900 euros. En cuanto, a la clase trabajadora y obrera y proletaria (nueva denominación del actual Gobierno que corresponde a del anterior Ejecutivo de ‘obreros cualificados’) es curiosamente la segunda de las clases que más intenta ocultar sus ingresos (31,8%).

En todo caso, la mayoría de esta cohorte (16,4%) señala obtener entre 600 y 900 euros mensuales. Respecto a la clase baja-pobre (que se corresponde a la antigua denominación de ‘obreros no cualificados y jornaleros’), sus componentes son más transparentes a la hora de manifestar sus ingresos (sólo el 15% no contesta a la pregunta del encuestador). En todo caso, la mayoría (22,2%) dice ganar después de impuestos entre 600 y 900 euros; un 17,2% se encuentra entre 901 y 1.200 euros; y el 19,2% figura entre 1.200 y 1.800 euros al mes.

A la hora de valorar la situación económica, todas las clases sociales son concluyentes, pero es la clase media-baja la que señala que el momento de la economía es malo o muy malo (95%). Le sigue la clase media-media (92%); la clase alta (90%); la clase trabajadora, obrera y proletaria (87%); y la clase baja-pobre (86%). La crisis económica del coronavirus preocupa más a la clase alta (al 65%), ya que son los que más podrían perder si se prolonga o se eterniza la situación mientras que la clase trabajadora es la más preocupada por sus efectos sobre la salud. Y es la clase media-media la que advierte mayoritariamente que seguimos en el peor momento mientras que la clase baja-pobre advierte que lo peor está aún por llegar.

¿Quiénes componen las clases?

La mayoría en todas las clases sociales manifiestan ser trabajadores al definir su situación laboral. Así lo manifiesta el 64% de la clase alta; el 58% de la clase media-media; el 54% de la clase media-baja; el 46% de la clase trabajadora, obrera y proletaria; y el 37% de la clase baja-pobre, aunque destaca también que casi un 24% está en paro.

¿A quiénes votan? Se observan claros cambios de tendencia y crecen las críticas a los principales partidos así como a sus líderes. En las elecciones de noviembre de 2019 la clase alta votó mayoritariamente al PSOE (25,2%) y al PP (20,9%), seguidos de Ciudadanos (13,2%), Podemos y asociados (9,3%) y Vox (8%). La clase media-media apostó un 30,4% por el PSOE, un 15,2% por el PP, un 11% por Ciudadanos, un 9,4% por Podemos y un 7,8% por Vox.

Por su parte, el 29,2% de la clase media-votó al PSOE, un 15,2% al PP, un 12,9% a Podemos, un 9,3% a Ciudadanos y un 7,5% a Vox. Un 32,2% de la clase trabajadora, obrera y proletaria votó mayoritariamente al PSOE, un 20% a Podemos, un 7,3% al PP, un 7,3% a Ciudadanos y un 3,3% a Voz. Y la clase baja-pobre se convirtió en el principal caladero del PSOE ya que le votó el 42% de estos ciudadanos y un 15,5% a Podemos mientras que, curiosamente, Voz consiguió el 7,4% frente al 7,2% del PP y el 4,4% de Ciudadanos.

Intención de voto

¿A qué partido votaría ahora si hubiera elecciones? Lo que es evidente es que la crisis sanitaria y económica está haciendo moverse a las clases de sus posicionamientos políticos mientras aumenta la desconfianza en los partidos mayoritarios. Por ejemplo, el 19,9% de la clase alta votaría ahora al PSOE cuando hace un año antes de la pandemia llegaba al 23% mientras que el PP conseguirá los apoyos del 15,2% cuando en febrero de 2020 era del 19,3%. La clase media-media votaría también al PSOE (21,9%, 1,2 puntos menos que hace un año) mientras que el PP obtendría el 13,6% (tres puntos más que en 2020).

Pero, sorprende que el 31% de esta cohorte señale que no votaría a nadie, o no sabe a quién votaría o votaría en blanco. En cuanto a la clase media-baja, el PSOE bajaría dos puntos aunque obtendría el voto mayoritario mientras que el PP y Podemos perderían fuerza (dos puntos menos cada uno) mientras Vox ganaría votos. Por su parte, el PSOE perdería seis puntos (hasta el 24,2%) del respaldo de la clase trabajadora, obrera y proletaria mientras que Podemos subiría tres puntos (hasta el 14,3%) y el PP se dejaría tres puntos (hasta el 6,1%).

Respecto a la clase más baja y pobre, los encuestados señalan que castigarían tanto a la izquierda como a la derecha aunque Vox mantendría su 7,4%. Así, el PSOE perdería casi seis puntos de este grupo sobre el año anterior (hasta el 24,6%), Podemos bajaría más de cinco puntos (hasta el 6,6%) mientras que al PP se dejaría 5,2 puntos hasta obtener sólo el 5,7% de votos de esta clase social de la que el 33%, un tercio del total, manifiesta que en las circunstancias actuales no votaría, no sabe a quién votar o lo haría en blanco.

¿Qué partido consideran próximo a sus ideas? Aunque baja algo más de un punto, hasta el 21,6%, la clase alta identifica mayoritariamente al PSOE y luego al PP (19,2%, cifra similar a la de 2020). Destaca que el 14% de esta élite señale que ningún partido se acerca a sus ideas. Aunque descienden también las cifras, la mayoría de la clase media-media (25,8%) se identifica también con la proximidad del PSOE y en menor media con el PP (13,5%), a sólo dos puntos de la cercanía con Podemos (11%) mientras que el 17% dice que ningún partido representa sus ideas.

En cuanto a la clase media-baja, también sale preferido el PSOE (24,4%), seguido de Podemos (11,5%) mientras que el epígrafe de ‘ninguno’ alcanza el 18,3%. La clase trabajadora y la clase baja-pobre también optan por el PSOE con porcentajes superiores a los anteriores y Podemos consolida su segundo lugar. Pero, llama la atención, por ejemplo, que uno de cada cuatro ciudadanos de la clase pobre señale que ninguno de los partidos representan sus ideas.

El centro político gana

¿Dónde se ubican políticamente ahora las clases sociales? El centro gana inexorablemente. La clase alta se sitúa en el centro y luego en la derecha. Lo mismo sucede con la clase media-media y la clase media-baja. Y curiosamente la clase trabajadora, obrera y proletaria es la que se concentra más en el centro y centro derecha mientras que la clase baja-pobre se sitúa también en el centro y en segundo lugar apuesta por la extrema izquierda.

¿Qué valoración hacen las clases de los líderes políticos? Todas las clases se decantan por poner la peor nota posible a los secretarios generales de los grupos. Sánchez es el peor valorado por la clase alta. ‘Muy mal’ le pone el 28,5% (la mayoría de la cohorte). Idéntica nota le pone el 27,5% de la clase media-media, el 26,6% de la clase media-baja, el 17% de la clase trabajadora y casi el 23% de la clase baja-pobre. Este último colectivo es quien mejor valora su gestión, pero sólo el 6,3% de los integrantes señala que lo hace ‘muy bien’.

Como era de esperar, Casado obtiene la calificación de ‘muy mal’ de la mayoría de la clase trabajadora (34,2%), de la clase pobre (32,1%) y de la media-baja (30%), pero el resto de clases también son críticas con el líder del PP: el 23,1% de la clase media-media le da esta misma calificación así como el 19% de la clase alta. El mejor resultado de ‘muy bien’ lo obtiene del 1,8% de esta clase alta. Iglesias recibe las peores calificaciones entre las rentas altas, medias-medias y media-baja, con tasas superiores del 42% en cada clase.

Pero tampoco son benignas las calificaciones de las clases más humildes: el 26,4% de la clase trabajadora, obrera y proletaria le valora ‘muy mal’ y esta cifra se eleva al 38% de la clase baja y pobre. En todo caso, Abascal es el peor valorado por el conjunto de las clases. Así, como es obvio, el 60% de la clase obrera, de la baja media-baja (53%) y clase baja-pobre (52%) le ponen la peor nota, pero también dicen que lo está haciendo ‘muy mal’ el 50% de la clase media-media y el 46% de la clase alta.

Mientras, Arrimadas consigue los resultados menos críticos. Es decir, la imagen de centro es la mejor valorada por los españoles. La dirigente de Ciudadanos sólo obtiene la nota de que lo hace ‘muy mal’ por parte del 12% de la clase alta y del 16% de la media-media mientras que en el resto de las clases (las más bajas) esta valoración sólo llega al 20% de sus componentes.