Ayer el Tesoro colocó 5.000 millones de euros en bonos ligados a la inflación, en una subasta que tuvo una de las mayores demandas que se recuerdan en los últimos tiempos: 20.000 millones de euros, es decir, cuatro veces más de lo adjudicado. Los gestores, internacionales preferentemente, se pelearon por hacerse con estos activos y, de hecho, los que se quedaron fuera intentaron conseguirlos en el mercado secundario.

Así, de los precios de adjudicación de 99,65 puntos nominales, a media sesión se pagaban ya 100,20, lo que supone unos 55 puntos básicos de subida, según confirman desde una mesa de tesorería.

Los expertos consultados afirman que este activo tiene mucho sentido ahora y que sin duda el Tesoro abrirá una nueva línea de financiación con estos instrumentos, hasta llegar a tener a medio plazo entre el 5% y el 10% del total de deuda viva. Esto supone multiplicar al menos por 10 veces esta última colocación.

La oportunidad del momento (son activos idóneos para momentos semi deflacionarios como el actual) es uno de los motivos, así como la entrada a nuevos inversores para financiar al estado, ya que en mercados como el estadounidense, hay fondos de inversión que toman posiciones exclusivamente en estos instrumentos.

Lo cierto es que los fondos están buscando activos casi con desesperación. El Ibex y en general las bolsas están caras, con EE UU fijando máximo históricos tras máximo, mientras que la deuda pública está inmersa en plena burbuja.