El mercado laboral sigue deteriorándose. Los datos de enero facilitados por el Ministerio de Trabajo muestran el peor resultado desde que la economía empezó a crecer hace siete años. Aunque el primer mes del ejercicio no suele ser benigno, este año ha sido particularmente malo al coincidir una serie de particularidades que no ayudan: la EPA del cuarto trimestre confirmaba que la demanda interna, el motor principal de la economía, ha vuelto a tasas negativas como consecuencia de la caída del consumo y la inversión; las dudas sobre el alcance y orientación de la reforma que ha anunciado el nuevo Gobierno de coalición de la última reforma laboral del PP; la caída de la confianza empresarial sobre la situación política y los planes del nuevo Ejecutivo en materia presupuestaria y económica; los posibles efectos de la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en el sector primario; las borrascas y las inundaciones en este mes; el fin de la campaña navideña y también de las rebajas; y, por si fuera poco, el día 31 no sólo fue el último día de mes sino que además cayó en viernes (día de despidos generalizados).

Este cóctel ha llevado a que en cada uno de los días de enero se hayan destruido casi 8.000 puestos de media mientras que el paro ha aumentado en casi 3.000 y la contratación se ha estrellado.

Según los datos de la Seguridad Social, el 31 de enero se despidieron a 226.428 personas, 39.000 más que en el mismo día del año anterior (cayó en miércoles). No fue el peor dato registrado en este mes ya que el primer día laborable, también del año, salieron expulsados del mercado 501.558 personas (es despido embalsado de diciembre y anotado en ese día) y, por ejemplo, el día 7, primer día después de las fiestas navideñas, se destruyeron 255.296 puestos. Esta ruleta rusa ha llevado a que se hayan volatilizado en este mes 244.044 afiliados medios netos (1,26%), el peor dato desde 2013. Que se ha acentuado la destrucción de empleo en este mes lo demuestra el dato de que en enero de 2019 el descenso de cotizantes fue menor (204.865, es decir, 6.600 al día) y, por ejemplo, en 2018 se redujo la cifra a 178.170 (5.700 diarios). La caída del empleo respecto al mismo mes del año anterior se detecta en el comercio, con 4.000 trabajadores más despedidos; hostelería e industria, con casi 5.000 más cada sector; transporte, con 6.000 más; y, por ejemplo, la sanidad registró casi 5.000 expulsados más de los que salieron en enero de 2019.

En cuanto a la tendencia, que se aprecia desestacionalizando las cifras, sale que el empleo creció sólo para 3.949 personas en enero cuando, por ejemplo, subía a un ritmo de 12.215 en diciembre, de 24.386 en noviembre y de 36.277 en octubre. En el mismo mes de hace un año el ritmo era de 42.415 cotizantes más y de 58.758 en enero de 2018. Lo que evidencia el pinchazo del empleo a pesar del aumento del deterioro de las condiciones laborales.

La afiliación, en regresión

En términos anuales, la afiliación aún crece, pero en evidente regresión. Subió en 345.195 (con 50.000 cotizantes menos en el sector agrario y 13.000 entre los empleados del hogar), pero el aumento era de 537.269 en enero de 2019. Se trata del registro más bajo desde 2014. De esta forma, el número de afiliados medios se situó en este mes en 19.164.494, es decir, se trata del mismo nivel que había en marzo de 2019 (hace 10 meses). Se encuentra muy lejos (368.917 menos) del récord conseguido en julio pasado (más de 19,5 millones de cotizantes). En cuanto a la afiliación a fin de mes, que es la forma en que se mide la estadística del paro, había 19.041.591 el 31 de enero frente a los 19.261.636 del último día de diciembre.

Los datos de enero del paro son más preocupantes. Aumenta el número de desempleados respecto a la del mismo mes del año pasado y, por primera vez desde 2013, también está a punto de crecer en términos anuales. Subió en 90.248 personas (2,85%) frente a los 83.464 (2,61%) de hace un año o los 63.747 de enero de 2018. Las cifras desestacionalizadas confirman también el grave deterioro ya que el paro sube en 13.480 frente al descenso en diciembre pasado en 3.081 y el alza de sólo 3.292 en enero de 2019. De esta forma, alcanza ya a 3.253.953 personas. Se trata de la misma estadística que había en marzo del año pasado y se encuentra cada vez más lejos de la frontera psicológica de los tres millones (cuando empezó la crisis económica había dos millones). Respecto al mismo mes del año anterior: hay 5.000 parados más en los servicios y en el campo mientras que, por ejemplo, baja en 3.000 más en la construcción que hace 12 meses.

En términos anuales, el paro sólo baja para 31.908 personas, es decir, a un ritmo exiguo de 87 diarias, frente a las 190.767 de descenso del año anterior respecto a 2018, o las 283.703 en el ejercicio precedente y las 390.524 de reducción en 2017. En porcentaje, baja ya a un ritmo anual del 0,5% frente al 5,49% en 2019. Desde 2013 no se registraba una minoración tan parca.

Todo esto es la consecuencia de una nueva vuelta de tuerca a la contratación, que sigue reduciéndose mientras se acentúa aún más la precariedad. En enero se hicieron 1.764.837 contratos, 93.240 menos que en enero de 2019. Caen un 5,02% cuando hace un año subían un 6,18%, un 7,12% en enero de 2018 y, por ejemplo, un 16,94% en el primer mes de 2017. El 10% fueron indefinidos, que repuntan (en enero suele pasar) respecto al mes anterior (28,69%) pero caen un 1,31% respecto al mismo mes de 2019. En todo caso, el 35% de la contratación fija es a tiempo parcial. En cuanto a los temporales, bajan en términos anuales en casi 91.000 y también en 15.000 respecto al mes anterior. En porcentaje, el descenso anual es del 5,42% cuando hace un año subía esta modalidad de contratación un 6,33%, un alza similar se producía en 2018 y, por ejemplo, esa subida era del 16,68% en 2017. Lo que significa que la contratación temporal ya ha iniciado también la cuesta abajo. El 32% de estas contrataciones es por horas. Pero, si sumamos el total de contratos a tiempo parcial en este mes sale que se hicieron (entre indefinidos y temporales) casi 567.000. Lo que significa que un tercio del conjunto de los contratos que ahora se hacen en España son sólo por unas horas.