La crisis que atraviesa el sector hotelero por el impacto que la covid-19 ha tenido en este negocio está permitiendo a algunos inversores saciar su apetito por adquirir activos en Barcelona. Durante los últimos años, el número de operaciones se había reducido considerablemente por la moratoria hotelera impuesta por la alcaldesa de la Ciudad Condal, Ada Colau.

En julio de 2015 el Ayuntamiento de Barcelona congeló durante un año la concesión de licencias de todo tipo de alojamientos turísticos en la ciudad, una moratoria que tenía como objetivo la elaboración de un plan especial para analizar y regular el sector.

Un año y medio después, en enero de 2017 entró en vigor el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), que limitaba la apertura de nuevos hoteles, apartamentos turísticos y otros alojamientos en el centro de la ciudad, centrifugando los nuevos proyectos a la periferia.

Además, en el marco de esta plan, Colau estableció restricciones polémicas para este negocio, como el hecho de que los hoteles del núcleo urbano que hicieran reformas integrales debían reducir en un 20% el número de habitaciones. Esto provocó un frenazo en seco de la inversión, pese a ser una ciudad atractiva para los fondos y las grandes marcas.

Ahora, la crisis de la covid-19 ha provocado que algunos propietarios se vean obligados a poner en venta sus hoteles para ganar liquidez, sacando al mercado oportunidades hasta el momento inexistentes. Tanto es así que las principales operaciones se están produciendo en esta ciudad, como la venta del Gran Hotel Calderón de Barcelona por 125,5 millones hace dos semanas o el traspaso del Nobu al fondo ASG por unos 100 millones.

Además, Único Hotels, la cadena de Pau Guardans, ha llegado a un acuerdo con Schroders Capital Real Estate Hotels para el traspaso del Grand Hotel Central por 93 millones de euros. El propietario puso a la venta el inmueble el pasado mes de febrero, como avanzó en exclusiva Vozpópuli.

También hay varias opciones aún por cerrar. Es el caso del Tryp Apolo, que actualmente gestiona Meliá bajo arrendamiento y que pretende arrebatar a Brookfield, el que se presentaba como favorito en la puja por 96 millones de euros. También están en venta el Exe Laietana Palace o el Ohla de Barcelona.

Finalmente, Brookfield también está en la puja por los hoteles de la cadena Selenta, en la que compite con la banca de inversión Goldman Sachs y la alianza entre el fondo de inversión Bain Capital y la inmobiliaria Stoneweg. La transacción incluye los hoteles Sofia y Expo Hotel, ambos en Barcelona.

Barcelona, líder en Europa

De hecho, un reciente informe de Cushman & Wakefield posiciona a Barcelona como "la ciudad más atractiva para inversión hotelera en Europa". Según los datos de la consultora, más del 70% de medio centenar de entrevistados han confesado estar muy interesados en esta ciudad. Inversores que, en conjunto, han adquirido 664 hoteles por valor de 26.000 millones durante los últimos cinco años. 

Este enorme interés por la Ciudad Condal responde, entre otros motivos, a las dificultades para entrar en Barcelona con nuevos proyectos por la moratoria de Colau y a la escasez de activos de segunda mano en el mercado por las limitaciones de la misma normativa. Además de que la menor oferta de producto había incrementado considerablemente el precio.

Bruno Hallé, socio y codirector de Cushman & Wakefield Hospitality en España, recuerda que, por esta razón, "en Barcelona no ha habido grandes operaciones en los últimos dos años". Ahora, aunque no hay grandes rebajas en el precio, "la crisis está permitiendo a los inversores adquirir buenos activos que hasta ahora no estaban en venta", explica el directivo.

Desde la consultora confirman que "la pandemia ha reanimado el interés por los activos mejor ubicados, que antes estaban en precios muy altos, lo que dificultaba el cierre de operaciones". No obstante, Hallé sentencia que lo que ahora se están encontrando los inversores en Barcelona no son tanto oportunidades de precio, sino de activos en sí mismos.