La caída de los tipos de interés ha beneficiado a aquellos hogares y empresas que han incrementado su endeudamiento. Ahora es mucho más barato que hace cinco años, con el precio oficial del dinero en la Eurozona gratis, cuando no por debajo de cero, y en cantidades prácticamente ilimitadas. Para los que no necesitan financiación ajena, la situación es bien diferente. La rentabilidad que se puede obtener de los ahorros bancarios se ha desplomado hasta tal punto que no existe diferencia alguna entre el interés que las entidades financieras pagan por un depósito a plazo o por una cuenta corriente.

En 2015, cuando todavía el Banco Central Europeo no había bajado al 0% el precio del dinero en la Eurozona, los costes financieros soportados por el sector bancario ascendieron a 17.052 millones de euros. El pasado año, se quedaron en el entorno de los 8.300 millones de euros, algo menos de la mitad, según los datos del Banco de España. Si la comparación se circunscribe exclusivamente al pago de los intereses, en 2020, el sector abonó 4.200 millones de euros, mientras que seis años atrás, retribuir el dinero depositado por familias y empresas había costado 14.359 millones, o poco más de 9.100 millones en 2016.

Familias y empresas no financieras mantenían en el pasivo de los bancos, a cierre del pasado año, 1,2 billones de euros en cuentas corrientes y depósitos a plazo. Los hogares disponían de 917.588 millones, de los que el 88% correspondía a cuentas corrientes, y las empresas, 297.418 millones, de los que únicamente el 9,7% eran depósitos a plazo. Hay que tener en cuenta que desde enero de 2011, los bancos cobran a las empresas por el dinero que depositan en sus cuentas, en línea con la política del BCE en relación con los “aparcamientos” de liquidez que las entidades financieras hacen en Fráncfort con el dinero gratis recibido de la institución europea en lugar de prestarlo a la economía real.

Productos de inversión

Como contrapartida, los productos de inversión crediticia proporcionaron a las entidades de crédito unos ingresos de 25.100 millones de euros el pasado ejercicio, una cifra inferior en un 7% a la del ejercicio precedente y no tan alejada de la de 2015, alrededor de 32.200 millones, de acuerdo con las cifras del banco central español.

El margen de intereses bancario, el primer renglón de la cuenta de resultados de una entidad, está íntimamente ligado al precio del dinero. En 2009, apenas unos meses después de la quiebra de Lehman Brothers, el tipo de interés de las operaciones de financiación del BCE estaba en el 1,5%. En apenas nueves meses se había reducido desde el 4,25% dada la profundidad de la crisis financiera. Ese año, los bancos ingresaron como “producto de inversiones crediticias” 87.630 millones de euros y abonaron en intereses 48.741 millones. Hoy, la proporción entre ingresos y costes se ha ampliado. Los gastos suponen apenas la sexta parte de los ingresos, cuando en 2015 representaban la tercera parte.

Margen de intereses

El 2020 no fue un buen año para el sector financiero. Solo Bankinter, Unicaja y Liberbank, las tres entidades más pequeñas de las ocho que cotizan en Bolsa, han conseguido mejorar su margen de intereses. El primero, un 6,77%, y el segundo, un 9,6%. Han sido la excepción a un comportamiento bastante negativo por la crisis derivada de la pandemia. Santander y BBVA salvaron los muebles en España, lo que no impidió la tendencia general en sus grupos consolidados (-9,3% y -7,3%, respectivamente). Sabadell bajó el 6,2%; Bankia, el 5,9%, y Caixabank, el 1%.

Los bancos apenas retribuyen hoy el ahorro de las familias y menos aún el de las empresas. En los últimos años, el Banco Central Europeo ha terminado por acostumbrar a los mercados a su leyenda inicial sobre las decisiones que adopta cada seis semanas en su reunión periódica en Fráncfort: “el consejo de gobierno ha decidido confirmar la orientación muy acomodaticia de su política monetaria”. Una frase hecha, que se traduce por la inmovilidad del precio del dinero desde hace cinco años y la continuidad de las compras de emergencia de activos decretada desde la declaración de la pandemia y de las anteriores con el fin de proporcionar liquidez abundante al sistema.

Captación de depósitos

Las nuevas operaciones de captación de depósitos, una práctica que los bancos han abandonado desde hace más de dos años, ofrecían en diciembre un interés medio del 0,02%, que podría llegar al 0,15% si el dinero permanecía más de dos años “secuestrado”. Es decir, una media de dos euros por cada 10.000, que llegan a ser 15 si se mantiene la fidelidad con la entidad más allá de los veinticuatro meses. En 2015, el tipo medio era del 0,39% y en 2011, del 2,79%. Las cuentas a la vista (corrientes) pagan un 0,01% hoy; en 2015, el 0,16% y en 2011, el 0,28%.

Con estas condiciones no es difícil suponer qué ha sucedido con el ahorro de las familias. Si en 2015 las nuevas operaciones de depósitos bancarios sumaron 267.853 millones de euros, el pasado año no llegaron a alcanzar los 94.000 millones. A pesar de la falta de rentabilidad, los hogares españoles mantienen un saldo vivo en depósitos a plazo de 110.533 millones de euros, la tercera parte que en 2015 (318.597 millones).

El camino que han seguido las cuentas corrientes ha sido el inverso. En apenas seis años han pasado de sumar 436.737 millones de euros a situarse en 807.555 millones a finales del pasado año, con un crecimiento del 84,9% desde 2015 o, si se prefiere, de 93.368 millones en apenas un año. Si los intereses van a ser similares, la crisis sanitaria ha terminado por demostrar la importancia de tener liquidez en los momentos económicamente más complicados.