El cambio de paradigma que ha provocado el coronavirus -en el plano económico y social- afectará también al sector inmobiliario, que ve en la situación actual una oportunidad para acelerar el proceso de transformación hacia un mundo más sostenible.

"Lo que estamos viviendo es una gran oportunidad para dinamizar tiempos, llegar a acuerdos y acelerar el proceso de transformación en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible", ha destacado Teresa Joven, gerente del departamento Técnico, Arquitectura y Proyectos de la división inmobiliaria de Acciona, en un evento organizado por Vozpópuli.

La experta hace referencia a la oportunidad que supone la llegada a España de 140.000 millones de euros procedentes de fondos de la Unión Europea, de los que un 37% se destinarán a la rehabilitación de edificios y la transformación de la ciudades para hacerlas más sostenibles.

Coincide con ella Belén Moneo, fundadora del estudio de arquitectura Moneo Brock, y quien considera que la colaboración público-privada será clave para poder aprovechar la oportunidad que suponen esos fondos.

Ambas creen que para que esa inversión pueda ejecutarse en su integridad y ayudar a dinamizar la economía en el corto plazo y crear empleos, el Estado necesita reducir las trabas regulatorias y los tiempos de la Administración, que a veces desincentivan la inversión.

"Por la burocracia, los tiempos se extienden demasiado. Por ejemplo, las licencias para construir tardan muchísimo en concederse", lamenta Moneo, quien pide que se libere todo el suelo que está retenido, por ejemplo en la Comunidad de Madrid.

Menos trabas regulatorias

"Los tiempos son lo que muchas veces hace que los fondos no quieran invertir. Los inversores extranjeros piden que se cumplan unos tiempos que a veces son muy complicados de cumplir", apunta la directiva de Acciona.

El exceso de regulación es otro de los problemas que desincentiva la inversión, admiten, como ocurre ahora mismo con la intención del Ejecutivo de limitar los precios de los alquileres. En su lugar, creen que para facilitar el acceso a la vivienda -en especial de los jóvenes- es preferible aumentar la oferta.

"Lo idóneo es que pudiéramos construir viviendas rápidamente, y rápidamente no significa mal. Son las Administraciones las que están en entredicho y las que se tienen que poner a liberalizar los suelos y agilizar las licencias. Todos queremos construir y si no nos ponemos manos a la obra ya, vamos a tardar de 5 a 7 años en tener estas viviendas. La solución pasa más por tener más casas que por controlar el alquiler, que es lo que va a provocar que los inversores no quieran venir", señala la responsable de Moneo Brock.

La ciudad de los 15 minutos

Las dos expertas creen que en este camino hacia la sostenibilidad, los planes urbanísticos deben encaminarse a conseguir lo que denominan "la ciudad de los 15 minutos", un concepto que hace referencia a la capacidad de acceder en un trayecto de cuarto hora a todas las necesidades de la vida diaria.

"En un recorrido que te puede llevar quince minutos, puedes acceder a lo que necesitas en tu día a día: colegios, cultura, trabajo... Sería una ciudad policéntrica que serviría para reducir la necesidad del vehículo. Permitiría ampliar aceras, reducir el uso del vehículo, ampliar las zonas verdes, e incluso crear huertos urbanos", explica Joven.

Para conseguirlo, habría que reducir el espacio destinado al aparcamiento en los centros de las ciudades y potenciar otros transportes como la bicicleta. Al disminuir el uso del vehículo, se podrían aumentar los espacios verdes y conseguir disminuir la emisión de gases de efecto invernadero y el calentamiento de los núcleos urbanos.

El cambio de las viviendas y las oficinas

Además de cambiar la disposición de las urbes, la covid-19 acelerará el cambio de las propias viviendas y también el de los inmuebles de oficinas.

La experta de Acciona explica que "aparte de la ventilación, con la covid-19 necesitamos materiales que sean fáciles de limpiar y que no permitan al virus proliferar" y defiende que también es necesario aumentar los espacios abiertos: "terrazas más amplías, jardines, etc.", algo para lo que es necesario que se hagan algunos cambios regulatorios.

Hay que responder a tres interrogantes: si las medidas van en línea de la descarbonización, si contribuyen a la igualdad y cómo afectarán a las próximas generaciones"

Algo similar sucede con las oficinas, que se conciben como "un espacio social en el que intercambiar ideas".

"Con el coronavirus se ha visto que el teletrabajo funciona y es algo en lo que se van a apoyar las oficinas. No necesitamos espacios más grandes, pero sí necesitamos que sean más flexibles, que tengan una buena ventilación, sistemas contactless, y espacios exteriores que puedan servir para trabajar o hacer reuniones", apunta.

Considera que todas las medidas que se apliquen en el mercado de la vivienda y la edificación deben responder a tres interrogantes: si van en línea de la descarbonización y contribuyen a luchar contra el cambio climático; si contribuyen a la igualdad social; y cómo afectarán a las próximas generaciones.

"Sólo si contestamos a estas tres preguntas estaremos aplicando medidas que perdurarán en el tiempo", concluye.