La crisis de la factura de la luz ha castigado al Gobierno. "Es una crisis que no hemos visto venir", valoran fuentes internas de Moncloa. Los precios récord que han pagado los consumidores en abril y mayo, y que aumentarán en junio, ha hecho saltar por los aires uno de los principales eslóganes del actual Ejecutivo de coalición: "La energía será barata y verde". Y, pese a todos los cimientos que se han puesto en los últimos años para estos objetivos, en los últimos meses se está generando un ambiente de desconfianza entre la ciudadanía sobre esta hoja ruta.

Así lo reconocido el propio Gobierno. "Los ciudadanos no entienden cómo con una penetración cada vez mayor de las energías renovables los precios de la electricidad son cada vez más caros", explica la publicación de Boletín Oficial del Estado (BOE) donde se aprobaba la bajada del IVA de la factura eléctrica. "Esto está generando una desconfianza creciente en el proceso de transición energética en su conjunto", añade.

La propia ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, encargada de liderar las actuaciones del Gobierno para descarbonizar la economía, explicaba que los españoles tendrán una situación privilegiada en 2022 y 2023 frente a sus vecinos franceses o alemanes. El despliegue de renovables que se están realizando en territorio español son el ingrediente que defiende Ribera para que en el corto plazo se disfrute de una factura de la luz 'barata'.

Este escenario no se ha producido en los últimos meses. Con la electricidad cara en toda Europa, España y Portugal, que comparten 'isla' eléctrica, han estado muchos días a la cabeza de Europa en precios eléctricos. El precio diario de la electricidad en el mercado mayorista (POOL) ha superado en un 20% el de países como Alemania, Francia o Países Bajos. En Italia, los costes energéticos han estado hasta en un 16% por debajo del mercado español. Unas cifras que han calado entre los consumidores españoles, como apunta el Gobierno en el BOE.

El Gobierno necesita gas

Los principales culpables de esta diferencia son las tecnologías que se utilizan en estos países para producir energía y las conexiones eléctricas que comparten en en el centro de Europa. Porque el compromiso con el objetivo de clima y energía para 2030 es el mismo para todos los países miembros de la Unión Europea.

Francia, por ejemplo, logra evitar las dificultades meteorológicas sin recurrir al gas gracias a la gran producción nuclear que tiene su sistema. Alemania, pese a que ha cerrado muchas de sus centrales nucleares, consigue una estabilidad de precios en este escenario a través de la conexión francesa que le abastece de energía nuclear.

Central nuclear de Trillo.

"El motivo por el que España está pagando más por el precio eléctrico que el resto de países europeos se debe, principalmente, a las diferencias en el mix energético (la combinación de fuentes de energía primaria que se utiliza para generar electricidad)", explicaba Simona Sacripante, fundadora de Easyner, a Vozpópuli.

"Cuando no entran en el 'mix' fuentes como la eólica se recurren a las tecnologías de respaldo (sobre todo el gas) y, al estar caro el gas, se dispara el precio de la luz. Los países del norte Europa, por su parte, tienen un mejor mix energético y menos dependencia del gas”, añadía la experta energética.

Ni verde por el gas...

Países como Francia recurren a la nuclear que producen sus 58 centrales cuando no hay fuentes renovables suficientes. Una fuente de energía con precios constantes y que no tiene que pagar precios de emisión de CO2. España por su parte cuenta con siete centrales, de las que tres de ellas han tenido que parar en estos meses. Por eso depende en situaciones como la que está viviendo de los ciclos combinados, las centrales que convierten el gas en energía eléctrica, en estos meses.

Y el gas que utilizan estas centrales se ha descontrolado en el mercado internacional. El precio en MIBGAS, el Operador del Mercado Organizado de Gas en España y Portugal, se ha incrementado en un 55% entre los mínimos de febrero y los valores actuales. Con la desaparición del carbón en España, los ciclos combinados se quedan solos como fuentes de respaldo y marcan el precio de la electricidad, sobre todo cuando las energías renovables no pueden abastecer la demanda.

"Ese soporte se ha encarecido mucho en el último año", explican los expertos energéticos del Grupo ASE. El incremento del precio del gas en algo más de 22 euros/MWh respecto del año pasado eleva el precio de sus ofertas de electricidad en 40 euros/MWh. Añadido al impacto que provoca la subida del mercado de emisiones de CO2, el precio de generación de un ciclo combinado se ha incrementado en 50 euros/MWh respecto a hace un año. Esta subida en el precio de sus ofertas en las subastas diarias (POOL) se traslada rápidamente al precio de electricidad de los consumidores.

... ni barato por la contaminación

El gas no es el único factor de este escenario. Los consumidores están sufriendo precios "insultantes", tal y como lo define el Gobierno en el BOE, por un impuesto verde que crearon los países miembros de la Unión Europea en 2005: los derechos de emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Estos derechos son demandados por los dueños de industrias que necesitan contaminar, como centrales térmicas, cogeneración o refinerías. Lugares con gran protagonismo en la producción energética que, si tienen que pagar muy alto ‘la multa’ de contaminar, la energía que producen se dispara. 

Central de ciclo combinado.

Un elemento alineado con los objetivos de transición energética del Gobierno que también influye en que la ciudadanía "desconfíe" de la transición "verde". El precio de estos derechos cerraban el mes de mayo en 51,99 euros por cada tonelada de CO2 que se emita. Un nivel que es un 68% más caro de lo que cerraba en 2020, un 160% mayor que en el mismo mes del año anterior y ha multiplicado por diez el precio que tenía hace cinco años.

Este mercado tiene como objetivo desincentivar las emisiones a las industrias más contaminantes y reinvertir los ingresos en proyectos medioambientales. Pero sin la influencia de las renovables, la menor participación de las nucleares y la desaparición del carbón, los consumidores que se cuestionan los motivos por los que están pagando una luz a precio de oro en esta etapa de transición ecológica.