La esperanza despertada por la activación de mecanismos de financiación sin precedentes en la Unión Europea ha dado paso a las dudas. Tras el fiasco de la gestión de la vacuna contra el coronavirus y las evidentes dificultades para ejecutar los fondos europeos en los últimos años, especialmente en España, con el 60% sin gastar, Europa mantiene su afán de implementar un ambicioso y complejo plan de recuperación tras la pandemia que contrasta con el de otras potencias, como Estados Unidos, cuyo espejo arroja los defectos -y también algunas virtudes- del sistema europeo. 

Más de un año después del estallido de la pandemia, los 800.000 millones de euros de los ansiados fondos europeos siguen sin ser una realidad. Aunque nadie cuestiona que más pronto que tarde se materializarán, la lentitud con la que están siendo tramitados pone en evidencia la capacidad de reacción de la UE ante un problema como el actual. Algo muy distinto a lo ocurrido en EEUU, donde el presidente Joe Biden ha sido capaz de movilizar 1,5 billones de euros a los pocos meses de su acceso al poder.

“Los fondos europeos se implementarán en un periodo relativamente largo... El plan Next Generation todavía es papel”, apunta en declaraciones a Vozpópuli Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, que recuerda “aún no hay una aprobación de los recursos para que Europa pueda acudir a los mercados para financiarse”. Hasta finales de este mes de abril, los estados miembros pueden remitir sus propuestas a la Comisión Europea. Una vez se aprueben, los países recibirán un anticipo del 13% y contarán con seis meses para presentar la primera evaluación sobre su uso para poder recibir el siguiente desembolso. 

La demora de los fondos europeos

Es previsible que este año España no reciba nada más al margen de ese anticipo, limitado a solo 10.000 millones. De hecho, Moody's ya ha advertido que el impacto de los fondos europeos será mínimo en 2021. En pos de garantizar una correcta utilización de los mismos, su aplicación tampoco será inmediata, ni siquiera una vez que los planes nacionales hayan sido validados: hasta 2023, los estados miembros podrán comprometer sus proyectos, que habrán de ser ejecutados en 2026 como año límite.

Se trata de todo un reto para España si se tiene en cuenta la experiencia con la ejecución de los fondos europeos correspondientes al periodo 2014-2020, de los que hasta la fecha solo se ha gastado alrededor del 40% del dinero recibido. Esto ha forzado a prorrogar el periodo de ejecución en otros tres años para evitar que las partidas ya presupuestadas tengan que ser suprimidas y devueltas, y todo indica que con los esperados fondos covid podría ocurrir lo mismo.

Frente a la lentitud en la tramitación y previsible demora en la ejecución de los fondos en Europa, “EEUU no tiene que esperar nada y ya puede empezar a gastar”

Frente a esa lentitud en la tramitación y previsible demora en la ejecución de los fonds, “EEUU no tiene que esperar nada y ya puede empezar a gastar”. No es lo único que distingue al país norteamericano de la Unión Europea. Raymond Torres destaca “dos grandes diferencias” entre ambas estrategias en términos cuantitativos y cualitativos. “Cuantitativamente, el monto es significativamente mayor en Estados Unidos que en Europa”, explica Torres, que advierte que “las comparaciones tienen que hacerse con muchísimo cuidado”. 

Si bien Estados Unidos dedicará mucho más dinero a la recuperación tras la pandemia, Torres cree que hay que tener en cuenta que en Europa se han aplicado “estabilizadores”, esto es, “políticas de gasto que se incrementan automáticamente con la recesión”. El director de Coyuntura de Funcas hace referencia a los ERTE: “Los países europeos han tenido dispositivos de empleo que se activan en consonancia con la crisis”. “En cambio, en EEUU esos dispositivos, aunque existen, son mucho más débiles”, matiza.

EEUU apuesta por la educación

Pero incluso si se suman a los 800.000 millones de euros de deuda comunitaria esas ayudas directas a trabajadores desempleados, “aunque la comparación no es tan abrumadora, todavía en Europa se gasta menos”: “Estados Unidos está haciendo cuantitativamente más”. Y “cualitativamente también hay una diferencia”, indica Raymond Torres, que incide en el “componente de lucha contra las desigualdades, de capital humano, cheques de transferencia de renta e inversiones en educación” que planea Estados Unidos, mientras que “en Europa los fondos se destinan fundamentalmente a digitalización, transición ecológica...”. 

Los grandes ejes sobre los que giran los fondos europeos serán implementados mediante los llamados 'proyectos tractores', de los que se encargarán las empresas más potentes de sectores como el ferroviario con el impulso de los ansiados corredores, el de las telecomunicaciones -con el 5G- o el energético, con un cambio de paradigma que afianzará las renovables, como el llamado ‘hidrógeno verde’. Esto ha provocado recelo entre los más críticos, que tildan de faraónico el plan de la UE y cuestionan su capacidad de hacer extensible este mecanismo tanto a pequeñas y medianas empresas como a la ciudadanía en general.

El impacto en el “capital humano” al que apela Estados Unidos se plantea en Europa “como un efecto colateral”. Por tanto, los efectos en términos educativos “descansan en cada política económica nacional”. El hecho de que la educación quede relegada a un segundo plano “se debe en parte a que los niveles de desigualdad crónica son mucho más abultados en Estados Unidos que en Europa”. De hecho, se trata de un asunto de calado en EEUU. No en vano, “Biden ha ganado las elecciones para corregir desigualdades”: es la cruda realidad estadounidense, tan cierta como que aún hoy en España hay niños que estudian en barracones, además de las disparadas tasas de fracaso escolar y riesgo de exclusión social que sufren muchos menores.

El impacto que tendrán los fondos Next Generation a nivel educativo dependerá de si se ejecutan "como una inversión solamente o también como un estimulo en formación", sostiene Raymond Torres

El impacto que tendrán los fondos Next Generation a nivel educativo está por ver. "Dependerá mucho de su implementación". Torres pone de ejemplo otro de los ejes del plan: la renovación de vivienda, "que se puede encarar como una inversión solamente o también como un estimulo en formación". "La educación es un objetivo que no es que falte, sino que se deja a la discreción de cada país... Va a depender de cada país utilizar esta palanca para intentar repensar y una revolución que va a requerir muchos cambios en la cualificación", advierte, pues hay que tener en cuenta también a "las millones de personas que están en ERTE y no van a poder encontrar trabajo en el mismo sector después de la crisis".

Para Torres, “lo ideal sería una mezcla” de los dos modelos, y en ese sentido recalca la importancia de los ERTE, una medida “muy europea”: “Han sido muy útiles, más que dejar a millones de personas en el paro, como ha ocurrido en Estados Unidos”. Por otro lado, destaca la celeridad de los fondos estadounidenses: “En Estados Unidos ha sido útil la rápida acción de la política presupuestaria, porque es un paquete que ya está en vigor y aquí todavía estamos discutiendo los planes nacionales...  Esa rapidez de reacción es algo bastante típico de Estados Unidos”.