Los expertos que ha reunido el presidente Pedro Sánchez en torno a su Oficina de Prospectiva han advertido en su informe sobre la España de 2050 de que la economía española vivirá una fase de estancamiento en las próximas tres décadas, pudiendo quedarse atrás respecto a otras potencias europeas.

"En ausencia de mejoras de productividad, esta contracción de la fuerza laboral podría hacer que nuestra economía se estancase entre 2023 y 2050, con un crecimiento anual del PIB de entre el 0,3% y el 1,1%; un crecimiento muy inferior al 2% que tuvimos entre 1996 y 2019, que nos alejaría todavía más de los países más avanzados de Europa", advierten los autores del informe 'España 2050' presentado este jueves.

Consideran que para evitar este "escenario negativo", que sería similar al vivido por la economía japonesa en los últimos años, España tendrá que hacer una apuesta decidida y contundente por la educación, multiplicar esfuerzos en I+D, modernizar el tejido productivo, fomentar el crecimiento de las pymes, reducir las "distorsiones generadas por las trabas administrativas" y "atajar con éxito el problema de la economía sumergida".

La causa por la que España se dirige al estancamiento está en la mala evolución de su productividad y por las disfuncionalidades estructurales de la economía española.

El circulo vicioso funciona así: "La menor calidad del capital humano, el funcionamiento del mercado laboral, las trabas burocráticas y el insuficiente desarrollo de fuentes de financiación alternativas a la bancaria obstaculizan la puesta en marcha de proyectos de innovación y el crecimiento de las empresas más eficientes".

"Esto, a su vez, hace que el tejido productivo se escore hacia actividades de menor valor añadido cuya demanda de capital humano también es inferior a la de los países más avanzados, reduciendo los incentivos de la población a formarse. A la larga, ello acaba traduciéndose en un déficit educativo que dificulta la inversión en conocimiento y la adopción de nuevas tecnologías y métodos de trabajo, lo que contribuye a limitar el aumento del tamaño empresarial", apuntan.

La caída de la población trabajadora mermará el crecimiento un punto

Sólo si España construye consensos y ejecuta con éxito cambios de calado que corrijan las carencias estructurales, podrá adoptar una nueva senda de crecimiento y acercarse a las economías más avanzadas de la UE antes de mitad de siglo.

El país no contará con la fuerza del mercado laboral para lograrlo, ya que la población de 16 a 64 años podría caer en 3,7 millones de personas de aquí a 2050 por el envejecimiento, por lo que tendrá que intentarlo por la vía de la productividad.

La mayoría de los estudios internacionales auguran a nuestro país una pérdida de peso económico moderada y paulatina en las próximas décadas

"Solo por el efecto demográfico, nuestro país pasaría de crecer a tasas del 2% (promedio de 1996-2018) a hacerlo a tasas del 1%. Si a este escenario de menor población en edad de trabajar se suma una dinámica de la productividad similar a la observada durante las últimas décadas, entonces nuestro crecimiento económico podría ser incluso más reducido: de entre un 0,3% y un 1,1% de media para el periodo 2023-2050", advierten.

Aunque el escenario es pesimista, los expertos arrojan un halo de esperanza y le recuerdan al Gobierno y a los sucesivos que le sustituyan de aquí a 2050 que "está en nuestras manos evitar este destino".

Mejorar el capital humano e innovar para evitarlo

Van más allá, incluso, y confían en que España podría convertirse en una de las economías más avanzadas de la UE si mejora su capital humano, redobla esfuerzos en I+D y emprendimiento, sitúa la innovación en el centro, acelera la transformación digital y reduce trabas administrativas.

"Tendremos, en definitiva, que aumentar la eficiencia con la que operamos, actuando sobre las causas transversales que explican nuestra baja productividad", concluyen.

Relanzar la productividad, que en nuestro país sólo ha crecido en épocas de caída del empleo, y ampliar las tasas de participación laboral (sobre todo de mujeres, jóvenes, mayores de 55 años y de nuevos inmigrantes que vendrán en los próximos años), hasta alcanzar unos niveles similares a los que ya tienen los países más avanzados de la UE, será clave para cambiar a un patrón de crecimiento moderno y competitivo.