La Inteligencia Artificial se aplica a muchos campos, pero quizá el que más polvo está levantando últimamente es el de los chatbots o robots virtuales. Siri, Alexa o Cortana son los más conocidos, pero ya hay muchas compañías, especialmente de la rama del turismo, quienes están incorporando este tipo de asistentes para tratar de vender más.

La comunicación verbal es posible gracias a la aplicación de la Inteligencia Artificial a la Lingüística Computacional, también llamada, Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN).

El objetivo es el citado anteriormente, ayudar a las máquinas a entender y descifrar el lenguaje humano, con el fin de mejorar nuestra vida. Bueno, y también la salud de la cuenta de resultados de las empresas que apuestan por esta tecnología.

Siri tiene respuestas graciosas -o al menos parece que intenta que lo sean-, irónicas, que buscan provocar una carcajada, pero rara vez consiguen su propósito.

Se pueden crear chatbots naturales, espontáneos, programándolos para que sean divertidos cuando el usuario use determinadas palabras, otra cosa es que tengan iniciativa y entiendan la ironía. Ahí estamos en pañales"

Pero para hacer reír a un humano hacen falta muchas cosas. Ser ocurrente, conocer al receptor de la chanza y sus circunstancias, contarlas con gracia y naturalidad... De momento, características que escapan a los chatbots.

"Todos los idiomas poseen una sintaxis y una gramática concretas y cumplen con unos principios básicos
de economía y optimización, pero también cuentan con una serie de irregularidades,
ambigüedades y matices que, como humanos, entendemos, sin embargo, esta no es tarea fácil
para las máquinas", asegura Julio Prada, Director General de Inbenta en España, compañía dedicada al desarrollo de chatbots.

Lingüistas, científicos y psicólogos se han propuesto la tarea de crear una rama de la Lingüística Computacional y la Inteligencia Artificial denominada Humor Computacional. El objetivo, escuchar carcajadas cuando un humano hable con una máquina.

"Pasará mucho tiempo hasta que haya un robot que tenga el mismo humor que los humanos. Otra cosa es programar algoritmos para que respondan gracias concretas. O hacer que el chatbot se comunique con un lenguaje más distendido y divertido cuando el usuario utilice determinadas palabras clave. Es decir, se pueden crear chatbots naturales, espontáneos, otra cosa es que tengan iniciativa y entiendan la ironía. En ese aspecto estamos en pañales", asegura Juan Prim, CEO de correYvuela, compañía que comercializa viajes a través de chatbots.

Conseguir este objetivo es mucho más complicado de lo que puede parecer. El motivo es que la
Inteligencia Artificial y los ordenadores encuentran patrones cuando hay gran cantidad de
información disponible pero, con el humor, nunca hay suficiente información. 

Algoritmos de risa

Aunque crear algoritmos que construyan o entiendan chistes es posible, ya que la mayoría del humor es formulado, "se requiere un buen procesador semántico y pragmático que permita que la
máquina entienda 100% el significado, y es aquí cuando surgen los problemas. Al existir
diferentes tipos, dependiendo de países, culturas, juegos de palabras…hay que acceder a
muchos conocimientos para entenderlo y un ordenador, en este tema, se pierde", asegura Prada.

De todas formas es una rama con un futuro prometedor y que permitirá a las empresas marcar la diferencia en el servicio que dan. Un robot simpático, que tenga realmente el don de hacernos reír, será más utilizado, seguramente, que uno con el que mantener una conversación sea algo más plano. Esto, al final, se traducirá en que ese chatbot generará más ventas.

"Contar con un sistema que sea capaz de interactuar con los usuarios de forma natural e, incluso, empatizar con ellos siendo irónico o mostrando cierto sentido del humor cuando sea oportuno, puede suponer mucho más que una venta. Fidelizar al cliente en un mundo globalizado y saturado de información en el que abunda la oferta y la competencia, se ha convertido en algo totalmente determinante", concluye Prada.