Esta semana en el congreso de Aecoc, el más importante del sector del consumo de todo el año, el presidente de la patronal que distribuye los códigos de barras en España negaba la mayor: "No notamos ningún boicot a productos catalanes". Javier Campo, presidente del lobby y expresidente de DIA, mostraba así un voluntarismo que no parece coincidir mucho con la realidad. Los boicots entre nacionalistas catalanes y españoles para instar a no comprar productos del otro vienen siendo habituales desde hace muchos años. Quien sabe si aumentarán aún más después de la declaración de independencia unilateral del Parlament catalán.

"Nos está afectando mucho, aunque aún es pronto para saber si con el cambio de la sede a La Rioja esto se para porque nos ha hecho mucho daño", aseguran a este diario fuentes sindicales de Codorníu. Esta empresa de la familia Raventós lleva varios años en el ojo del huracán aunque su cava Anna sigue siendo uno de los más vendidos en España. Pero no es ni muchos menos la única: Lidl, tal y como contaba este periódico hace unas semanas, está sufriendo.

Hay que tener en cuenta que la industria alimentaria catalana vende un 60% de su producción en el resto de España. Y es por tanto muy sensible a los boicots, acciones que han rechazado tanto ilustres socialistas como Josep Borrell como presidentes de otras autonomías, como Guillermo Fernández Vara, presidente extremeño, que han alertado de su efecto bumerán.

Sin embargo, aunque ahora la industria catalana está amenazada por el boicot, hay que tener en cuenta que no es la primera vez que esto se produce. En fuentes del sector del cava reconocen que, de hecho, el principal y más dañino boicot se produjo en ya a mediados de los años 2000, como consecuencia de las desafortunadas palabras de Josep Lluís Carod-Rovira, entonces conseller en cap de la Generalitat, sobre los Juegos Olímpicos de Madrid. "Aquel fue el principio y se empezó a hablar del cava extremeño, que hasta entonces apenas se había oído".

Boicots a la inversa

En la actualidad los boicots han alcanzado un nivel casi profesional en internet. Por ejemplo, el perfil de Facebook Boicot a los productos de Cataluña es seguido actualmente por más de 70.000 personas, que comparten miles de veces sus comunicados. Parte del nacionalismo español se ha marcado como objetivo que la compañía saque su sede central de Cataluña, algo que aseguraron que harían "cuando cambiara el marco jurídico" si bien sus palabras muchos las interpretaron como un apoyo a las posturas de la Generalitat.

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En el lado inverso, tampoco los nacionalistas catalanes se han privado de hacer boicots directos o indirectos de productos de otras partes de España. Las campañas por la compra de productos de Cataluña han sido una constante desde hace mucho tiempo, fomentada también por los medios de comunicación como en este editorial de Avui de 2008.

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