Nissan fue una de las primeras. Bosch, la última en anunciarlo. Entre ambas, muchas han sido ya las empresas del automóvil, principalmente las de componentes, las que han anunciado el cierre de sus fábricas en Barcelona y el traslado de su producción fuera de España. Y aunque el Gobierno catalán trata contrarreloj de evitar alguno de esos cierres anunciados, misión por otra parte improbable, muestra ya su preocupación por el goteo incesante de anuncios de cierre con miles de puestos de trabajo en el aire.

Así lo ha expresado el vicepresidente del Gobierno catalán en funciones, Pere Aragonés, que ha mostrado su preocupación por el encadenamiento de cierres empresariales. El panorama es especialmente alarmante en la automoción, después de conocerse el anuncio de la multinacional alemana de componentes Bosch de clausurar su planta de Lliçà d'Amunt (Barcelona), donde trabajan más de 330 personas.

Esta decisión se suma al anuncio del cese de la actividad, previsto para noviembre de 2021, de la planta que el mismo grupo tiene en Castellet i La Gornal (Barcelona), que emplea a otras 300 personas, por lo que los dos cierres supondrán que más de 600 trabajadores se queden en la calle en los próximos meses.

El vicepresidente ha señalado que el Departamento de Trabajo gestionará el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) apostando por la mediación y con el objetivo de revertir "todo lo que se pueda". Sin embargo, ha enfatizado que Cataluña necesita una política industrial y que tiene que reindustrializarse de forma "digital y verde".

Al respecto, ha confiado en que los fondos europeos Next Generation "son una excelente oportunidad" y una "inyección de recursos" para hacerlo. "Hay sectores que han sido muy importantes para nuestra economía y que tienen que afrontar procesos de transformación. Precisamente por esto hemos elaborado unos proyectos para acompañar a empresas y Administraciones catalanas hacia los fondos Next Generation", ha subrayado.

Nissan, la primera

Y es que tras este último anuncio de Bosch de cerrar una segunda planta en Barcelona son ya al menos cinco grandes empresas del sector las que han dado a conocer sus intenciones de cerrar sus plantas en Cataluña para trasladar la producción fuera de nuestras fronteras.

Nissan fue una de las primeras en hacerlo cuando ya antes del verano pasado anunciaba su decisión de cerrar las plantas barcelonesas, un expediente de regulación de empleo para despedir a 2.525 trabajadores de los 3.006 empleados de su plantilla y cerrar las plantas de Zona Franca, Montcada i Reixac y Sant Andreu de la Barca, y que afectará a más de 9.000 trabajadores indirectos en Cataluña y a 5.000 en el resto de España.

Continental Automotive ya anuncio junto a los sindicatos el principio de acuerdo para la salida de los 760 trabajadores de la planta de Rubí (Barcelona), que contempla indemnizaciones de 62 días por año trabajado, un cierre previsto para este 2021 si no encuentra comprador para un proyecto industrial que garantice la empleabilidad en la fábrica.

Conflictos laborales en la industria de la automoción catalana que también han afectado a la empresa de componentes Faurecia que va a llevar a cabo cerca de 200 despidos de su planta de Barcelona tras haber perdido un contrato de proveedor de Seat Martorell. Unos despidos que la empresa justifica porque tras perder la adjudicación del salpicadero y la pintura del nuevo modelo de Seat León.

En diciembre pasado, la dirección de TE Connectivity y los sindicatos alcanzaron un acuerdo para el cierre de la planta que tiene la multinacional en Montcada i Reixach (Barcelona). El cierre de la planta se realizará de forma progresiva hasta abril de 2022, cuando se finiquitará a los últimos de los casi 250 empleados que actualmente trabajan en la planta. La compañía, especializada en la producción de componentes de la automoción, finalizaba así con acuerdo el periodo de consultas de su ERE, sumándose a la larga lista de empresas del sector que abandonan Cataluña.