El Gobierno afronta un goteo constante de renuncias en el área económica. Y la 'retirada' de altos cargos se producen en plena tramitación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, del que depende la llegada de la primera remesa de fondos europeos y -con ella- el ansiado rebote del PIB y del empleo.

En apenas 24 horas, Moncloa y el Ministerio de Economía han sufrido varias salidas 'sensibles'. Por un lado, la de Ana de la Cueva, que abandona la secretaria de Estado de Economía. Por otro, la de Daniel Fuentes, que sale de la Dirección General de Información Económica de la Presidencia. A ambas hay que sumar la de Víctor Echevarría, con cargo de subdirector general y jefe de la Unidad de Políticas Macroeconómicas y Financieras en la Secretaría General de Asuntos Económicos.

Los cambios en los puestos de mando del área económica han llamado la atención de muchos empresarios. Sobre todo, el caso de De la Cueva. Y es que la -hasta ahora- 'número dos' de Calviño ha sido clave en la elaboración del Plan de Recuperación, jugando un papel fundamental en la coordinación de la política económica entre ministerios y en las medidas contra la crisis de la covid-19. También tuvo que participar en decisiones 'sensibles' como el rescate de Plus Ultra, al formar parte del comité de expertos que asesora a la SEPI.

Fuentes empresariales consultadas por Vozpópuli muestran su sorpresa por un hecho: la secretaria de Estado abandona el cargo tras completar el trabajo más difícil (el diseño del Plan remitido a Bruselas). Será, por tanto, su sustituto (Gonzalo García Andrés) el encargado de promover la ejecución de las medidas y asegurar la llegada de los primeros fondos. Este año, en teoría, España debería recibir los primeros 27.000 millones de un total de 140.000 millones procedentes de la UE.

Fuentes próximas al Gobierno explican que De la Cueva comunicó a Calviño hace unas semanas que pensaba abandonar sus responsabilidades. Tras meses de actividad intensa, la secretaria de Estado había decidido dar un paso a un lado; eso sí, cuando el Plan de Recuperación estuviera en manos de Bruselas. En este sentido, desde el Ejecutivo niegan que haya una "desbandada" de altos cargos. También sostienen que no hay "discrepancias ni anomalías" y que relevos de este tipo son naturales.

De la Cueva comunicó a Calviño hace unas semanas que pensaba abandonar sus responsabilidades cuando el Plan de Recuperación estuviera en manos de Bruselas

En todos los casos, las salidas se deben a motivos personales. "Son puestos de responsabilidad, de máxima exigencia, que exigen un compromiso 24 horas los siete días de la semana", recuerdan estas fuentes. "Es normal que cambien las caras. Si se mira cualquier otro Gobierno, se observa que lo habitual es que vayan cambiando los secretarios de Estado".

Desde el Ejecutivo de Pedro Sánchez recuerdan un dato: salvo excepciones contadas como la de David Vegara, la mayoría de los secretarios de Estado que han pasado por el Ministerio de Economía han estado un máximo de dos o tres años. También atribuyen a la rotación habitual en este tipo de puestos las salidas producidas en el complejo del Palacio de La Moncloa: la de Daniel Fuentes y la de Víctor Echevarría. El primero fue mano derecha del jefe de la oficina económica, Manuel de la Rocha, y recaló más tarde en la Secretaría de Estado de Comunicación, al mando de Iván Redondo. El segundo, por su parte, entró como sustituto de Daniel Fuentes, procedente de BBVA Research.

Primera salida en Economía

Tanto De la Cueva como Fuentes y Echevarría siguen los pasos de la jefa de gabinete de la vicepresidenta económica. Carmen Balsa anunció el pasado marzo que abandonaba su despacho en el Paseo de la Castellana de Madrid. La economista aclaró que dejaba el Ministerio para dirigir la oficina comercial del Gobierno en Milán.

Balsa, técnico comercial del Estado, fue una de las principales escuderas de Calviño durante tres años. Se hizo cargo del gabinete de la ministra en junio de 2018. Desde ese puesto, apoyó a la ministra en los momentos más complicados del Ministerio, sobre todo, en el fatídico 2020, que hundió a España en la recesión.

Todos los altos cargos que abandonan ahora el barco han tenido que lidiar con una fuerte presión en las últimas semanas. El 30 de abril estaba marcado en rojo en todos los calendarios de Moncloa. Ese día era el último habilitado para enviar a la Comisión Europea el plan de inversiones y reformas exigido para recibir los fondos de recuperación.

El problema es que ese hito coincidía en el tiempo con otra fecha peliaguda: el 4 de marzo, la cita electoral madrileña. Moncloa ha tenido que hacer equilibrios casi imposibles para definir los primeros sacrificios que hará España ante la UE, sin espantar a la vez a los votantes en la Comunidad de Madrid. Y todo en un momento de debilidad para el Gobierno de coalición, con Pablo Iglesias en proceso de retirada y Yolanda Díaz como figura ascendente.

Finalmente, el 30 de abril el Gobierno envió a Bruselas el Programa de Estabilidad 2021-2024 y el Plan Nacional de Reformas. Ambos contienen un catálogo de medidas agrupadas en 30 fichas, entre las que se encuentran los futuros peajes en las autovías o la subida de impuestos al diésel.