Hace unos días, la ministra de Economía, Nadia Calviño, aseguraba, nada más conocer los datos de paro registrado del mes de mayo que publica el Ministerio de Trabajo, que se había recuperado ya casi el 80% del empleo destruido durante la primera ola de la pandemia. Calviño hacía referencia a los cerca de 212.000 empleos creados en dicho mes y a la reducción histórica (la mayor en un mes de mayo desde que se tienen datos) del desempleo en 129.300 trabajadores. También al descenso del número de trabajadores bajo la protección de los ERTE, que se sitúa a final de mayo en 542.142, muy lejos de los 3,61 millones de abril del pasado año.

Con las cifras de ese mes, el número de afiliados a la Seguridad Social se situó en mayo pasado en una media de 19.065.058 trabajadores, un nivel muy similar al de enero de 2020 (19,041 millones), cuando nada hacía presagiar lo que se venía encima desde el punto de vista sanitario y económico. Lo que ha cambiado sustancialmente ha sido la distribución del trabajo por edades.

Con los últimos datos desagregados de afiliaciones a la Seguridad Social del Ministerio de Trabajo correspondientes al mes de abril se puede concluir que todo el ajuste de plantillas que se ha registrado en los últimos quince meses se ha producido entre los trabajadores con menos de 45 años, siendo especialmente doloroso en la franja de entre 35 y 44 años, donde se han perdido 210.528 empleos. El 57,62% de la caída del número de afiliados a la SS entre enero de 2020 y abril de 2021 se ha registrado en esos dos grupos de edad.

Todo el ajuste de plantillas que se ha registrado en los últimos quince meses se ha producido entre los trabajadores con menos de 45 años

El “tsunami” en el mercado laboral que siguió a la declaración del estado de alarma a mediados del mes de marzo ha cambiado significativamente la radiografía del empleo en España. Desde enero del pasado año y hasta abril de éste, el número de afiliados a la Seguridad Social se ha reducido en algo más de 51.600 personas, apenas un 0,27%. El problema es que no se ha repartido de igual manera entre los once grupos de edad en que el Ministerio de Trabajo presenta su estadística.

En el periodo analizado se han perdido 365.348 afiliados jóvenes (de hasta 44 años), pero hay 313.800 trabajadores más entre los mayores de 45 años. La diferencia entre ambas cifras es la caída total registrada en estos últimos quince meses, si se suman los llamados cuidadores no profesionales en la jerga del Ministerio de Trabajo, nada representativa.

A tenor de las cifras, no se puede concluir que han sido sólo los más jóvenes los que han pagado en mayor medida las consecuencias económicas de la pandemia. En los meses comparados hay 37.698 afiliados menos con edades comprendidas entre 16 y 19 años, y 49.753 menos entre los de 20 y 24 años. En total, 87.451, una cifra inferior a la consignada solo en el grupo de entre 35 y 39 años, en el que se han perdido 127.807 empleos.

La gravedad de la crisis entre los jóvenes

La gravedad del dato en el caso de los más jóvenes no está en la cifra absoluta sino en lo que representa desde el punto de vista relativo: los 37.698 empleos perdidos suponen más del 26% del número total de ocupados en el caso de los que se inician en el mercado laboral, aunque solo un 5,5% en el caso de los trabajadores de entre 20 y 24 años.

Hay algunas razones que pueden justificar estos movimientos en el mercado. La primera, es que las condiciones laborales de los trabajadores más jóvenes son mucho más precarias que las del resto y permiten rescindir los contratos (la mayor parte de ellos temporales) a su finalización, con mucha facilidad y muy bajo coste, todo lo contrario de lo que sucede cuando se va adquiriendo experiencia y acumulando años de antigüedad en la misma empresa. Además, la presencia de trabajadores jóvenes en el sector público (altamente protegido de los vaivenes laborales) es casi testimonial. Las primeras experiencias laborales también tienen mucho que ver con el sector servicios, especialmente la hostelería, donde los contratos temporales rozan el 100% y los salarios son más bajos que en cualquier otra actividad.

El 94,36% de los contratos firmados por jóvenes de entre 16 y 19 años en el último mes son temporales. En el caso de los trabajadores de entre 20 y 24 años la temporalidad alcanza al 92,68% y solo a partir de los 45 años “baja” al 89,62%. En mayo, por ejemplo, se firmaron 1.545.308 contratos, de los que únicamente 156.148 (el 10,10%) tuvieron carácter indefinido.

Todos estos argumentos justificarían que en los grupos con edades más altas se hayan producido aumentos del número de afiliaciones. Han crecido en los cinco subgrupos en que el Ministerio presenta la estadística a partir de 45 años, pero particularmente en el de 60-64 años, que ha sumado 89.345 afiliados más en estos últimos quince meses, por encima de los 64.785 en que aumentaron los números en la franja de 45 y 49 años. Hasta en el epígrafe “64 años y más” se ha producido un aumento importante, 34.741 afiliados más, casi los mismos que han perdido los más jóvenes.