Es difícil entender la modernización de nuestro país sin conocer con cierto nivel de profundidad la historia de España del Siglo XIX. Es en esta etapa cuando los revolucionarios liberales empezaron a poner coto al absolutismo y dieron los primeros pasos para que sus habitantes transitaran de súbditos a ciudadanos. Nada de esto se hubiese podido consolidar sin el concurso de tres agentes que fueron condición de posibilidad para nuestro desarrollo económico y social: el ferrocarril, las comunicaciones postales y el telégrafo.

La empresa púbica Correos, más por iniciativa personal de algunos de sus trabajadores que por apoyo institucional, ha conseguido consolidar un espacio museográfico, así como una colección bibliográfica relevante, el Museo Postal y Telegráfico.

El museo de Correos no ha sido ajeno a los avatares por lo que ha atravesado nuestra empresa en los últimos años. Uno de los más traumáticos, sin lugar a duda, fue el tener que abandonar las instalaciones que tenía reservadas en el antiguo Palacio de Comunicaciones de Madrid (hoy Ayuntamiento de Madrid) próximo al paseo del arte para trasladarse a las afueras de Madrid (junto a Aravaca).

Aun a pesar de su ubicación, es un área que cuenta con no pocas visitas y con un espacio adaptado a su colección, aunque escaso para albergar la colección bibliográfica que atesora. Desde el momento de su traslado, las organizaciones sindicales siempre hemos propuesto que se mejorara su ubicación en otra zona con mejores comunicaciones para que sus funciones de investigación, difusión de la cultura y educativas estuvieran mejor situadas para los ciudadanos y así facilitar el ser puente de comunicación entre su colección y el público que lo visita.

El actual presidente de Correos, Juan Manuel Serrano Quintana, que viene demostrando un desprecio significativo por todo los que representa y ha representado en nuestro país la institución postal (ha llegado a suprimir la palabra Correos del logo de la compañía) ha decidido deshacerse de lo que para él supone “este enojoso asunto del museo postal y telegráfico” proponiendo su traslado a la ciudad de Toledo. Detrás de esta decisión no hay ningún interés porque la ciudad de Toledo mejore su oferta museológica, sino que para él la única ventaja es que el edifico que actualmente alberga el museo quede disponible y así pueda venderse al mejor postor de forma que ello permita engordar los resultados extraordinarios que sirven con los que disimular los nefastos resultados de su gestión.

Asimismo, consciente de que sus apoyos políticos disminuyen al mismo nivel que su incapacidad para gestionar la mayor empresa pública del país, utiliza sin ningún rubor los inmuebles de Correos para ganar posiciones dentro del partido que le aupó a la presidencia de Correos, con esta finalidad ya nos estamos acostumbrando a que los edificios singulares y bienes inmuebles de la compañía cambien de titularidad o de uso en favor de otras administraciones y sin que Correos obtenga beneficio alguno por esta transacción, ejemplos ya tenemos suficientes: Barcelona, Almería, Castellón, etc.

Desde UGT y CCOO no tenemos nada en contra de las autoridades de la ciudad de Toledo, pero no encontramos suficientes razones para que el museo se traslade allí, ya que probablemente redundará en un declive de su función como extensión cultural de nuestro país.

No existe ningún país de Europa (todos ellos tienen museos postales y telegráficos) que no albergue su colección en la capital del estado. Las asociaciones que altruistamente trabajan en el mantenimiento de la colección, en el descubrimiento y adaptación de nuevos elementos museísticos, en difundir el papel de la cultura postal en el desarrollo socioeconómico de nuestro país, así como los investigadores que acuden a las actuales instalaciones a desarrollar sus trabajos, todos ellos tienen sus bases de operaciones en Madrid. El modelo turístico de la ciudad de Toledo tampoco parece el más adecuado para la investigación, difusión y educación de la historia de las comunicaciones. A todo lo anterior hay que añadir que tampoco parece que sea lo más idóneo que el museo de Correos comparta espacio con la oficina principal de atención al público de la ciudad.

El presidente de Correos ha prometido una inversión de 2,5 millones de euros para la adaptación del edificio, gasto que va a realizarse en el momento más convulso de la compañía, con unas pérdidas de más de 200 millones de euros para el ejercicio 2020. Su gestión está colocando a Correos en una situación de déficit estructural y con una deuda que ya está por encima de los 300 millones de euros. Asimismo, se ha comprometido a que en el museo trabajarán 10 personas, de lo que informa al tiempo que se conocen los recortes de personal del primer trimestre de 2021 que alcanzan los 12 millones de euros. Hay que resaltar que este ahorro de 12 millones ha supuesto el empeoramiento de la calidad del servicio postal no alcanzando los niveles de calidad legalmente exigidos lo que está suponiendo, desde hace tiempo, que se le impongan a la compañía multas por incumplimientos reiterados en la calidad del servicio.    

Juna Manuel Serrano Quintana tras más de dos años de gestión no ha entendido que trabaja en una empresa de comunicaciones y no en una inmobiliaria porque en eso consiste la operación de traslado del museo postal algo que tendría que hacer reflexionar a las autoridades de la ciudad de Toledo.

Sobre la seguridad del traslado, si es que llega a producirse, de la colección estaremos vigilantes no vaya a ser que piezas muy valiosas como es el caso de un retrato de la regente María Cristina de Sorolla, entre otros elementos, también sean pasto de la obtención de resultados extraordinarios que maquillen la gestión de Juan Manuel Serrano Quintana.

José Sayagués es secretario Federal Sector Postal UGT Servicios Públicos

Regino Martin es secretario General FSC-CCOO Correos