El coronavirus también ha contagiado a la inflación. En lo bueno y en lo malo. La variación mensual del IPC general (Índice de Precios de Consumo) se situó en marzo en el -0,4% (tres décimas inferior al registro de febrero) mientras que la anual llegó al 0,0% (una décima menos que en el mes anterior). Lo que demuestra que la economía se ha parado en seco con el inicio de otro nuevo ajuste laboral. Esta reducción de precios general se debe en particular al descenso de los precios energéticos (hidrocarburos, electricidad y gas), al apagón económico, y también a la falta de funcionamiento de las leyes de los mercados de oferta y demanda. Es decir, a pesar del resultado final del –0,4%, el IPC de marzo ha registrado un ‘subidón’ de los precios de los productos alimentarios, los más demandados por los ciudadanos en la situación de confinamiento a pesar de que la oferta de los supermercados y tiendas no ha descendido.

Se trata de los precios de los alimentos más básicos, también de otros productos. Y es consecuencia de la falta de control y vigilancia del Gobierno; de la compra compulsiva y al acaparamiento por parte de los ciudadanos en los primeros días oficiales de la pandemia; de la ausencia de comprobación de los precios por parte del consumidor (se compra sin mirar su coste) y, como siempre, de la oportunidad de hacer más caja por parte de muchos comercios pese a estar asegurado el suministro. Son, en definitiva, los precios que más afectan a quienes tienen que soportar con más crudeza la pandemia sanitaria y también la económica ya que la cesta de la compra se ha puesto por las nubes. La lista de las subidas es interminable y seguramente será aún mayor en abril ya que los precios de marzo se recogieron hasta el día 22, fecha habitual de cada mes para los técnicos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir, estos precios sólo recogen la subida de los productos una semana después de que Sánchez decretara el primer estado de alarma.

De los 54 índices nacionales por subclases de alimentos que computa el INE, al menos 30 registran subidas respecto al mes anterior y sólo seis se mantienen por debajo del IPC general mensual. El pescado fresco, el arroz, todas las carnes, el pan, la leche, el marisco, la leche desnatada y otros productos lácteos, los huevos, las frutas en conserva, los alimentos para bebés, el queso, e incluso las pizzas, registran incrementos mientras que otros productos también básicos, como el aceite y las legumbres, reducen el decrecimiento que se venía observando en meses anteriores, es decir, suben de precio. Lo mismo sucede con el agua envasada.

Sube el precio de los anticonceptivos

Pero no para aquí el “subidón” de precios de productos de mayor consumo. Incluso, el alza se ha acentuado en productos cuyo consumo ha crecido con la situación de confinamiento. Por ejemplo, llama la atención el incremento de los precios de los anticonceptivos. También suben en tres décimas productos como grandes herramientas y equipos de motor para bricolaje; de casi un punto de las gafas graduadas; y la comida de animales crece en siete décimas. También resulta curiosa la moderación (subida en definitiva) del precio de los equipos de telefonía móvil, que en febrero registraban una tasa del -1,8% y ahora es sólo del -1,3% (hace un año llegaba al -2,8%). Lo que significa que los precios repuntan a medida que va aumentando la demanda por la hibernación en los domicilios. Así, los servicios empaquetados de telefonía crecen a un ritmo del cercano al 2% cuando hace un mes lo hacían al 0,2% mientras que los equipos para la reproducción de imagen suben ya tres décimas frente al descenso del -0,8% en febrero, y los precios de las cámaras registraban hace un mes una tasa del -2% y ahora su precio aumenta un 1,6%. Por su parte, los costes de los accesorios para equipos de programación informática caían un -2,6% en febrero y en marzo crecen a un ritmo del 3,5%. Es evidente que el confinamiento ha incrementado la demanda de estos productos y el alza de precios pese a que la oferta no se ha reducido porque se han activado los canales de compra por Internet y de reparto domiciliario por parte de las tiendas.

El aumento de precio de productos básicos también ha llegado al textil. Si en febrero pasado las prendas para hombre registraban precios negativos mensuales del -1,6%, en marzo la subida llega al 5,3%. Es decir, se ha producido un incremento de golpe de casi 7 puntos. Es como consecuencia, por una parte, del inicio de la temporada de primavera, pero también se debe a que algunos comercios han apurado los precios hasta que se han visto obligados a cerrar y, posiblemente, al aumento de las ventas por Internet ya que el incremento en el mismo mes del año pasado fue inferior. Por su parte, el precio de las prendas de vestir de mujer han crecido un 3,9% frente al -1,4% del mes anterior y la de bebés ha pasado del -1,2% en febrero al 4,7% en marzo (casi seis puntos más). Y dónde más se nota la subida es en la denominación “Otros artículos de vestir” (complementos) que pasa del -3,3% en febrero al 10,3%, es decir, el alza es de es de más de 13 puntos.

Los autónomos, al vacío

En el IPC de marzo se observa además que los precios permanecen invariables donde no hay ni oferta ni demanda, es decir, se ha producido una zona muerta porque no hay actividad. Por ejemplo, se han congelado los precios de las entradas a museos, cines, equipos de acampada, transporte (metro, autobús, taxis), servicios de autoescuelas, seguros (a quienes el confinamiento les supone un ahorro importante del pago de siniestros, por ejemplo, del automóvil y, sin embargo, no bajan las primas), enseñanza, juegos de azar, servicios de restaurantes y bares, albergues, campings, saneamientos, comisiones bancarias (las han retrasado al otoño), peluquerías e incluso, como es evidente, permanecen inalterables los precios de servicios de fontaneros, pintores, carpinteros, automóviles nuevos y de segunda mano, jardinería en general, alquileres, conservación y reparación de las viviendas y de calefacción. Es la España de los autónomos, que se ha precipitado al vacío. De momento, los precios de los servicios funerarios, es situación de oligopolio, como tantos servicios en España sin que ningún Gobierno se atreva a abrir el melón, mantienen una discreta alza del 0,3% frente al 0,5% de febrero. En todo caso, se trata de precios de hasta el 22 de marzo, en abril la situación parece que puede ser más comprometida para los bolsillos de los confinados.