Litio, cobalto o tierras raras son algunos de los minerales más frecuentes en el desarrollo de los coches eléctricos; minerales necesarios para las baterías y cuya demanda se ha disparado poniendo en jaque a una industria del automóvil que parece tener ojos sólo para esta tecnología… empujados bien es cierto por las normativas europeas. Y es que limitar el calentamiento global, según los objetivos de los Acuerdos de París, cuadruplicará de aquí a 2040 la demanda de estos minerales dedicados a la construcción de tecnologías de energías limpias.

Así lo señala un informe publicado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que indica que si la transición energética fuera más rápida, con vistas a alcanzar la neutralidad de las emisiones de carbono a mediados de siglo, las necesidades en minerales para esas tecnologías se multiplicarían por seis. A modo de ejemplo, un coche eléctrico necesita seis veces más que uno convencional y una instalación de aerogeneradores eólicos en tierra nueve veces más que una central de gas con una capacidad de generación equivalente.

La AIE advierte de que si no se actúa para responder a esa explosión de la demanda de una serie de minerales fundamentales para los vehículos eléctricos y sus baterías, las metas de contención del cambio climático podrían quedar comprometidas. Según la agencia, los gobiernos deben dar señales claras sobre cómo planean convertir sus compromisos climáticos en acciones para reducir en gran medida los riesgos de volatilidad de precios y las interrupciones en el suministro.

Desarrollo del coche eléctrico

Según las estimaciones de la AIE, en un escenario en que se materializaran los Acuerdos de París –que buscan limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 grados centígrados–, el desarrollo de los coches eléctricos y de las baterías supondría multiplicar al menos por 30 el consumo de minerales de aquí a 2040. La mayor subida sería para el litio, para el que la demanda se multiplicaría por 32; para el grafito, por 25; para el cobalto, por 21; para el níquel, por 19; y para las tierras raras por siete.

Además, la generación de electricidad con procedimientos con bajas emisiones de dióxido de carbono como la energía eólica y solar, se traduciría en triplicar las necesidades en minerales para esa actividad. Los autores del estudio ponen el acento en que ante esas perspectivas hay debilidades que podrían causar cuellos de botella en el aprovisionamiento y una gran volatilidad en los precios que serían perjudiciales para evolucionar hacia un sistema energético más limpio.

Problemas por exceso de demanda

Entre ellas, la fuerte concentración de la producción de los minerales fundamentales: los tres primeros países en los que se extraen litio, cobalto o tierras raras suponen alrededor de dos tercios del total mundial. Esa concentración es todavía más marcada en el procesamiento, del que China acapara el 40% del cobre, casi el 60% del litio, más del 60% del cobalto y cerca del 90% de las tierras raras.

Otro problema son los largos plazos para el desarrollo de proyectos mineros. La AIE recuerda que de media pasan 16 años desde el descubrimiento hasta que empieza la explotación. Prueba de ello es el proyecto de extracción de litio en San José Valdeflorez (Cáceres), comenzado hace ya casi cinco años y ahora paralizado por la Junta de Extremadura cuando la empresa estaba ya con los permisos de investigación concedidos que va a retrasar todo el proyecto entre recursos de alzada y demandas posteriores.