No hace falta ser espía para detectar la estela inquietante que deja a su paso José Manuel Villarejo. Pueden dar fe quienes se han cruzado alguna vez en su vida con el polémico excomisario. El antiguo policía ha paseado por demasiados bufetes de abogados, despachos de políticos y redacciones de periódico con su porte achaparrado, su gorra sempiterna y esas gafas ahumadas que tapan la mirada suspicaz de quien acumula demasiados enemigos. Y, por supuesto, su inseparable carpeta, la que más curiosidad despierta entre sus interlocutores, por los secretos que pueda esconder.

Villarejo emana peligro. Por eso, y por muchas informaciones que sigan apareciendo, no deja de sorprender que empresas de renombre contrataran sus servicios. La imputación, esta semana, de Iberdrola, Repsol y CaixaBank marca un hito que, por esperado, no deja de ser preocupante. Y vuelve a recordar a quienes nos estudian como destino inversor que, a veces, España es diferente… para mal.

Cada una de los casos tiene diferencias y particularidades, pero todas comparten el mismo protagonista (Villarejo). Y reflejan maniobras miopes y arriesgadas para desplazar al rival con zancadillas. Son el resultado de un mismo 'modus operandi', aplicado por una vieja guardia de directivos de nivel intermedio que, en un momento de su trayectoria, confundieron la parte (su obligación de proteger a sus jefes) con el todo (la empresa y sus accionistas están por encima de cualquier presidente o consejero).

Villarejo Francisco González
Francisco González.

Los fantasmas vivos del pasado

Las sucesivas imputaciones -BBVA abrió la ronda en julio de 2019- son el último capítulo de una historia sin acabar, que arrancó en la época del 'boom' de ladrillo. Durante los siete primeros años del siglo, el dinero manaba a raudales de las obras en España. Empresarios como Florentino Pérez o Luis del Rivero vieron una ventana de oportunidad para hacerse aún más ricos.

El primero, presidente de ACS, se hizo con el control -sin lanzar ninguna OPA- de Unión Fenosa, y poco después usó la misma táctica para intentar dominar Iberdrola, comandada por Ignacio Sánchez Galán. El segundo, al frente entonces de Sacyr, realizó una maniobra similar en el BBVA -presidida por Francisco González- y otra idéntica en Repsol -con Antonio Brufau al mando y la CaixaBank de Isidro Fainé entre sus accionistas-.

Cuentan algunos altos directivos de la época que Del Rivero visitaba los despachos de mando del Ibex con aires de emperador, incluso con listas por escrito de exigencias y 'recomendaciones'. Aquel murciano venido a más y otros constructores con sueños de grandeza despertaron el recelo y la desconfianza entre los 'popes' del Ibex. La colección de sospechas generó aquellos días un caldo de cultivo donde Villarejo y sus secuaces pronto empezaron a pescar. A sus puertas llamaron directivos con encargos diabólicos, inaugurando la 'era del espionaje'.

Ningún juez ha demostrado hasta el momento que los gestores de las empresas que pagaron las facturas estuvieran al tanto. Ni González, ni Galán, ni Fainé, ni Brufau. Pero todos ellos se han visto atrapados de algún modo en la telaraña que tejió el policía. La 'infiltración' de Villarejo en las peleas del Ibex ya obligó a Francisco González a dejar la presidencia de honor de BBVA. Y tiene -y tendrá- consecuencias para las empresas

Galán elige a una Abogada del Estado como responsable de los servicios jurídicos de Iberdrola España
Ignacio Sánchez-Galán. Europa Press

Los riesgos del presente

De momento, la triple imputación se ha dejado sentir en las cotizaciones. Este jueves, el día que las empresas conocieron la mala noticia, Iberdrola registró las mayores pérdidas del Ibex: un 4,5% (frente al 2,3% del índice), que le restó 3.000 millones de capitalización.

Fuentes de las empresas imputadas coinciden en que, por ahora, no han sufrido daños desde el punto de vista reputacional. Que el proceso judicial acabe manchando más o menos su imagen dependerá de la duración y, sobre todo, del alcance. Es decir, de que alguno de los protagonistas acabe siendo procesado. BBVA, que en un principio restó importancia a las informaciones, acabó reconociendo en su Informe de Gobierno Corporativo de 2019 que el caso podría tener un "impacto negativo reputacional o económico".

La clave está en las decisiones de inversión que puedan tomar próximamente los grandes fondos que participan en las empresas imputadas. Como publicó esta semana Vozpópuli, Blackrock, Amundi, JP Morgan o Norgese están entre los inversores que apuestan fuerte por Repsol o Iberdrola. La mayoría aplica criterios de buen gobierno corporativo a la hora de inyectar -o retirar- dinero en el capital.

Villarejo y el Ibex
Antonio Brufau.. EP

Las amenazas del futuro

Más allá del impacto reputacional están las repercusiones que el caso pueda tener en los gestores. Todas las empresas implicadas están redoblando los mensajes de calma. Tras la imputación de Sánchez Galán, Iberdrola remitió una nota a su plantilla para recordar que en las investigaciones en torno a los trabajos de Villarejo aparecen nada menos que 21 empresas. El propio presidente de la eléctrica, a través de un comunicado enviado a la CNMV, se apresuró a ponerse a disposición del juez para arrojar luz a la caso.

Repsol también recordó este jueves que “la condición de investigada en la instrucción judicial no tiene consecuencia alguna sobre la sociedad, su gobernanza o actividad”. Por su parte, CaixaBank intenta remover lo menos posible el asunto, estirando el argumento de que Isidro Fainé -también imputado- no tiene actualmente ninguna responsabilidad actualmente en el banco.

Los próximos pasos del juez Manuel García-Castellón determinarán si el miembro más oscuro y representativo de las cloacas policiales contribuye a acelerar la renovación generacional en el Ibex.