Cabezas de turco o chivos expiatorios son dos términos que todavía no se han pronunciado en el juicio de las ´tarjetas black´, pero que flotan en el ambiente de la sala de Audiencia Nacional. Así se sienten los 65 acusados por el uso de estos plásticos presuntamente opacos. Creen que todo es una trama en su contra, orquestada por Bankia con el visto bueno del Fondo de Reestructuración (Frob) y la Fiscalía Anticorrupción.

También consideran que se está vinculando injustamente el caso de las 'tarjetas black' con la crisis financiera. Es decir, los gastos de estas tarjetas de Caja Madrid, sobre la que no se ponen de acuerdo en si eran de libre disposición o de representación, no tuvo nada que ver con el posterior rescate de Bankia, en 2012. Posiblemente esta visión se deba a su postura de que "Caja Madrid no era una entidad pública, sino privada", como señaló José María Arteta.

"No se puede mezclar esto con la crisis financiera, no se puede mezclar, es un tótum revolútum interesado", expuso el exconsejero Rodolfo Benito. "Probablemente Bankia no quiere admitir ningún fallo en la hoja Excel [de los gastos de las tarjetas] porque tendría que explicarlo y se sabría que se hizo con un medio no santo, algo poco serio", añadió Alberto Recarte, cuantificando en entre 3.000 y 6.000 los errores que cree que hay en el documento.

Los acusados cargan contra el informe de Bankia que abrió el caso, en el que ven 6.000 fallos

Se unieron así a la declaración del día anterior del exvicepresidente José Manuel Fernández Norniella, quien dejó en el aire que "hay algo raro en todo esto". Tendrán ocasión de hacer creíble esta tesis cuando declare como testigo el autor del informe de Bankia, su director de Auditoría Interna, Iñaki Azaola.

El juicio está dejando otro gran interrogante: el papel de Jaime Terceiro, presidente de Caja Madrid previo a Miguel Blesa. Algunos acusados han llegado a cambiar su declaración como imputado para señalar a Terceiro creador de las 'tarjetas black' en 1988.

A pesar de estos retoques de estrategia, las versiones sobre el papel de Terceiro siguen siendo muy diferentes entre unos procesados y otros. Unos, como Francisco José Moure, mantienen que el entonces secretario general, Ángel Montero, les entregó este plástico para cualquier tipo de gasto que no tenían que justificar. Una auténtica 'tarjeta black'.

Versión más extendida

Sin embargo, la mayoría reconoce que se la dieron para gastos relacionados con su trabajo como consejero -viajes, libros y restaurantes, por ejemplo- y que había cargos rechazados si no encajaban en esta descripción. "Montero me dijo que gastara con prudencia, y lo menos posible. Controlaba exhaustivamente los gastos, llegando a prohibir compras de tres billetes en un mismo vuelo, sólo permitía el del titular de la tarjetas, no familiares", apuntó el exconsejero Juanjo Azcona.

Por tanto, dos visiones muy alejadas sobre un mismo hecho. Está acreditado que la tarjeta para consejeros se creó en 1988, pero de momento gana por mayoría los que apuntan que les explicaron que se usara con "prudencia" y para gastos relacionados con su labor en Caja Madrid. Las distintas versiones coinciden en que fue con la llegada de Miguel Blesa cuando las denominadas 'tarjetas black' se descontrolaron.