No ha sido 2020 un buen año para la banca en España. Además de contra los tipos de interés negativos ha tenido que hacer frente a los problemas derivados del confinamiento de la población y las restricciones de movilidad, que han limitado su operativa hasta extremos jamás imaginados. El último movimiento del sector ha sido la reducción de los tipos de interés de los créditos al consumo, los más rentables para las entidades financieras, con el objetivo de tratar de frenar el desplome de las nuevas operaciones.

La actividad bancaria en este segmento del crédito acumula una caída media interanual del 29,09% entre enero y noviembre, que se ha hecho más acusada en los tres últimos meses, con la intensificación de las medidas restrictivas a la movilidad de los ciudadanos. La respuesta de la banca ha sido reducir el coste de los créditos al consumo, que han pasado del 8,2% en agosto de media, al 6,98% en noviembre en tasa anual equivalente (TAE), lo que equivale a hablar de un descenso del 14,8%. En enero del pasado año, el tipo de interés estaba en el 8,41%, el más elevado de los últimos cinco años.

El año 2020 empezó como había terminado el anterior, con una actividad crediticia al alza. En el mes de febrero, cuando en Europa aún se pensaba que la crisis del coronavirus se restringiría al continente asiático, se concedió en España un 11,08% más crédito al consumo que en el mismo mes de 2019: 3.137 millones en nuevas operaciones, frente a 2.824. Pero ahí se acabó todo. Apenas dos meses después, en abril, se rozó la hecatombe. De 2.841 millones prestados en 2019 se bajó a 626 millones, un 78% menos, tras decretar el Gobierno el primer estado de alarma.

A falta de conocerse los datos definitivos del conjunto del año, las previsiones apuntan a que en 2020 las nuevas operaciones de préstamos al consumo estarán en el entono de los 27.000 millones de euros, un 25% menos que en el ejercicio anterior. Serán los peores datos desde 2016, después de acumular crecimientos anuales del 10%. El saldo vivo (lo que las familias deben aún pagar a los bancos) está en 189.841 millones de euros, una cifra solo superada en 2011 y los años anteriores.

La reducción del coste de financiación para los hogares viene acompañada de algunos signos de endurecimiento de los criterios de concesión de los préstamos

A lo largo del último trimestre del año, según el Banco de España, se produjo una ligera contracción de la oferta crediticia, que el instituto emisor vincula con el aumento de los riesgos percibidos por las entidades financieras. Las perspectivas económicas tampoco invitaron al optimismo y la situación terminó por reflejarse en un descenso de la demanda de préstamos en todos los segmento del mercado.

Es cierto que, en los seis primeros meses, los criterios y las condiciones se habían relajado sensiblemente mediante la concesión de avales públicos, lo que disparó las peticiones de dinero en el conjunto del sistema financiero. De un extremo se ha pasado al otro, al compás de la evolución de las cifras de la crisis sanitaria.

Evolución por entidades

Ninguna de los grandes bancos ha escapado de esta tendencia. Bankinter ha sido capaz de mantener su cartera global de crédito, pero Bankinter Consumer Finance redujo su nueva producción a 800 millones de euros en 2020, un 25% menos que en el ejercicio precedente. Peor le fue a Bankia. De los 2.648 millones de euros concedidos en créditos al consumo en 2019 se pasó en 2020 a sólo 1.229 millones, un 53,6% menos. La comparación entre los tres últimos meses de ambos años lo dice todo: un 54,1%; de 735 millones a solo 337. En Sabadell, la caída anual ha sido del 8,2%; en BBVA, del 6,1% y en Caixabank, del 3,8%.

La reducción del coste de financiación para los hogares viene acompañada de algunos signos de endurecimiento de los criterios de concesión de los préstamos. No todo van a ser facilidades. Según el Banco de España, se observan repuntes de los créditos dudosos en algunas carteras específicas como la vinculada al consumo. El consejero delegado de Bankia, José Sevilla, destacó que un 10% de los préstamos sufre retrasos en el pago de las condiciones pactadas. Un 2% entran en la consideración de impagados al estar los retrasos por encima de 90 días, aunque son “menos de lo que preveíamos”. Unicaja, por ejemplo, destaca en sus resultados de 2020 un aumento del 5,3% en el montante de los créditos dudosos en consumo, que han pasado de 209 a 221 millones.

De acuerdo con la última Encuesta de Préstamos Bancarios, para el primer trimestre de este año se prevé una repetición del endurecimiento de las condiciones de concesión de todos los préstamos, lo que debería llevar acarreada una disminución de la demanda, salvo en el caso de los destinados a la compra de una vivienda. Todo dependerá, una vez más, de cómo evolucione la incidencia de los contagios.

En la Eurozona la situación cambia algo. Las respuestas de las entidades financieras hacen pensar en un endurecimiento de los criterios similar al de España, pero con un aumento de la demanda de financiación por parte de las empresas y las familias para consumo y un retroceso en los préstamos hipotecarios.