No hace falta ser un lince en matemáticas para saber que 7,7 puntos sobre 100 es un completo desastre. Es la audiencia de La 1, el principal canal de Televisión Española, en caída libre desde hace unos años como consecuencia del desatino de sus gestores y de la situación de un mercado audiovisual cada vez más saturado. Esa cuota de pantalla la obtuvo la primera cadena el pasado miércoles y no fue un hecho aislado. De hecho, en marzo va camino de batir su peor registro histórico. Una vez más.

José Manuel Pérez Tornero será nombrado presidente de RTVE, presumiblemente, el 25 de marzo. Sustituirá a los mandos a Rosa María Mateo y lo hará en el momento más complejo de la historia de la corporación, con su audiencia y su influencia bajo mínimos. Sirva como ejemplo lo que sucedió el pasado miércoles, cuando Telecinco cerró el día con el 17,6% del share, Antena 3, con el 15,4%; las autonómicas, con el 8,7% y La Sexta, con el 7,8%. Incluso el segundo canal de Atresmedia superó a La 1.

Hace una semana, TVE realizó una exhibición de medios audiovisuales para mostrar las consecuencias del coronavirus en la sociedad española, un año después de que se decretara el confinamiento. El sindicato UGT envió una nota a los trabajadores de la corporación en la que celebró el contenido de ese telediario, que era el de las 21.00 horas. La audiencia del noticiario fue de 9,3 puntos y 1,6 millones de espectadores. A esa hora, Vicente Vallés marcó un 22%, con 3,8 millones.

Pérez Tornero accederá a su cargo a sabiendas de que tendrá que cabalgar un tigre durante seis años. Porque RTVE es una réplica a escala del sector público español, por lo que siempre estará vigilado por quienes buscarán derivadas políticas en cada una de sus decisiones.

El nuevo presidente de RTVE

Este periodista y catedrático es el único de los diez miembros del futuro Consejo de Administración que quedó entre los cinco candidatos más puntuados dentro del concurso público que se convocó para elegir al presidente de RTVE.

PSOE, UP, PP y UP eligieron hace un mes a los vocales sin tener en cuenta el resultado de este proceso, lo que provocará que en este órgano entren algunos de los aspirantes que obtuvieron una peor puntuación.

Lo primero que encontrará Pérez Tornero en su despacho será una lista de directivos a los que mantener o cesar. Entre ellos, los pesos pesados de la actual etapa, como Enric Hernández –jefe de Información  y Actualidad-, Federico Montero –director general corporativo-, Verónica Ollé –secretaria general-, David Valcarce –director de TVE-, Ignacio Elguero –director de RNE-, Fernando López Puig -director de Contenidos Digitales- y María Escario –directora de Comunicación-.

A partir de ahí, tendrá que configurar su equipo y tomar decisiones que podrían ser cuestionadas por los sindicatos de la corporación –con mucha fuerza en Torrespaña- y por el Consejo –politizado y difícil de gobernar-. Entre ellas, la elección del próximo director de Informativos.

El rumbo que deberá tomar RTVE debería estar supeditado al Mandato Marco, que es la norma que establece el servicio público que debe cumplir y las actividades que merecen financiación pública. El problema es que este documento lleva caducado desde más de tres años y en el Congreso de los Diputados nadie ha movido un dedo para renovarlo. Tampoco para desarrollar el contrato-programa que ha de justificar el dinero que debe recibir RTVE a través de los Presupuestos Generales del Estado.

En manos de Pérez Tornero estará la decisión sobre la cercanía o lejanía de la corporación con respecto al Ejecutivo

En manos de Pérez Tornero estará la decisión sobre la cercanía o lejanía de la corporación con respecto al Ejecutivo. Las decisiones políticas siempre han sido importantes en RTVE; y no sólo por la influencia que el partido de Moncloa ha tratado siempre de conseguir en Torrespaña y Prado del Rey, sino también porque los operadores privados han sabido jugar bien sus cartas para lograr minimizar el papel de la televisión pública en la sociedad española.

Un exdirectivo de la corporación también llama a tener en cuenta la influencia de las productoras audiovisuales en RTVE –algunas, ligadas al entorno de los partidos-, pues reciben cada año decenas de millones de euros y, en algunos casos, sus presiones moldean el criterio de los administradores de la televisión pública.

Productos caros

Pérez Tornero encontrará una parrilla de programación con productos caros y desgastados. Es el caso de Cuéntame cómo pasó, cuyos capítulos obligan a desembolsar 9.215 euros por minuto. La audiencia media de su última temporada fue del 14,1%, mientras que la actual ha marcado, de momento, un share del 10,7%.

La gran reforma de las mañanas de La 1 que se orquestó el año pasado, y que culminó con la salida de esta franja de Xabier Fortes y de María Casado, no ha dado grandes resultados. De hecho, el día en que se emitió el citado informativo de Carlos Franganillo, el programa de Mónica López (La hora de La 1) cosechó una audiencia del 8,6%. El de Jesús Cintora (Las cosas claras), el 7,5%.

Pérez Tornero deberá decidir si mantiene estos espacios de cara a la próxima temporada, si modifica su contenido o si los retira. Cualquier movimiento a este respecto podría despertar recelos en la corporación, donde las aguas bajan turbias desde hace unos cuantos años.

Su confirmación como presidente se espera para esta próxima semana, salvo cambio de planes en el Parlamento. Ello supondrá el fin de Rosa María Mateo, quien, lejos de frenar la decadencia de RTVE, la ha acelerado. La pregunta que se plantea en este sentido es: ¿esto ha ocurrido por su culpa o es responsabilidad de quienes la eligieron para ocupar ese puesto?