El año 2019, en el que se han celebrado dos convocatorias de Elecciones Generales en España y el país ha estado cinco meses con las Cortes disueltas, llega a su fin como un año nulo en cuanto a la aprobación de reformas estructurales que reactiven el crecimiento, sirvan para sanear las cuentas del país y palíen el frenazo económico

Mientras que para la economía mundial el año 2019 será el de menor crecimiento desde la crisis pero precederá a años de mejora en la década de 2020, a España le esperan todavía varios años de desaceleración, ante la falta de medidas que cambien de rumbo la economía del país. Según los últimos pronósticos del Banco de España, el Producto Interior Bruto (PIB) pasará de un crecimiento del 2,4% en 2018 a uno del 2% en 2019 y éste irá disminuyendo paulatinamente en el trienio siguiente:1,7% en 2020, 1,6% en 2021 y 1,5% en 2022.

Los datos del tercer trimestre, divulgados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística, revelan ya que el PIB creció por primera vez desde 2014 por debajo del 2%, registrando un avance del 1,9% entre junio y septiembre. 

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Al compás del frenazo económico que se ha producido este año, el ritmo de creación de empleo ha perdido fuelle. El número de afiliados a la Seguridad Social ha recuperado los niveles precrisis (en parte debido al aumento de la población activa), pero no ha conseguido lograr romper el techo de los 20 millones de afiliados tal y como preveía el Gobierno. 

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Los nuevos contratos son en un 90% temporales, por lo que mejorar la calidad de los puestos de trabajo es uno de los retos principales de cara a 2020. Además de que la creación de empleo es cada vez más lenta, la reducción del paro se ha frenado, y desde el mes de julio el número de parados no ha dejado de aumentar.  

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La industria, por primera vez en recesión desde 2013

La industria española ha entrado este año en recesión por primera vez desde el año 2013, lastrada por el sector manufacturero, que ha sufrido una caída de los pedidos por la debilidad de la demanda internacional -agravada por la contracción en China- y la crisis que atraviesa el sector automóvil -tras la entrada en vigor en Europa de nuevos requisitos medioambientales-.

Según los últimos datos divulgados por el INE, la producción industrial registró un descenso interanual del 2,8% en noviembre, siendo el sector energético (-5,6%) y de bienes intermedios (-3%) los que sufrieron los mayores descensos. 

La economía del sector manufacturero se contrajo en noviembre, y además de caer la producción se redujo el ritmo de entrada de nuevos pedidos para exportaciones.

Las fábricas también están llevando a cabo recortes de empleo, según recogen los datos de la consultora interancional Markit, y el índice PMI que marca la situación del sector se sitúa en el nivel del 47,5 a cierre de noviembre, por debajo del umbral de 50 puntos que delimita la diferencia entre recesión y crecimiento.

Contracción del consumo

El consumo de los españoles también ha bajado, en favor de la tasa de ahorro, ante el temor a una recesión. El Banco de España prevé que pase de subir un 1,8% en 2018 a crecer un 1,2% este año.

Los últimos datos publicados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestran que la confianza de los consumidores se ha desplomado este año hasta su nivel más bajo desde el año 2014.

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Déficit y deuda públicos disparados

A la ralentización económica se suma que la situación de las cuentas públicas en España sigue siendo motivo de preocupación y que el Gobierno no ha aprovechado el crecimiento del PIB de los últimos años para reducir su nivel de deuda pública y mejorar su situación presupuestaria.

En el año 2018 España consiguió por primera vez en diez años que la Comisión Europea sacara al país del Procedimiento de Déficit Excesivo, un sistema de vigilancia para los países que tienen un déficit público igual o superior al 3% del PIB. 

El desfase presupuestario del Reino de España a cierre de 2018 se situó en el -2,48% del PIB y aunque el Gobierno insiste en que en 2019 cerrará en el 2%, instituciones como el Banco de España asumen que este año habrá sido perdido en mejora de déficit y que el desfase presupuestario a cierre de diciembre seguirá siendo del -2,5%.

Sobre el papel el Ejecutivo se había comprometido con Bruselas a bajarlo hasta el -1,3% del PIB, pero siempre ha reconocido que con su política de incremento del gasto no conseguiría que bajará del 2%, lo que supone gastar unos 24.000 millones más de los que ingresa. Si finalmente cierra en el -2,5% equivaldrá a un desfase de 30.000 millones.

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La deuda pública, por su parte, equivale al 97% del PIB a cierre de noviembre, según los últimos datos del supervisor. El Gobierno se ha comprometido a reducirla hasta el 95,8% para finales de 2019 en su Programa de Estabilidad remitido a Bruselas.

Ese descenso, de conseguirse, sería todavía muy insuficiente ya que la Comisión Europea exige a todos los países que ya han conseguido bajar su déficit público del 3% que reduzcan su nivel de deuda pública hasta el 60% del PIB.