Donald Trump

Las gestoras mantienen la cautela frente Trump

Los vientos de cola de los que disfruta la economía de Estados Unidos podrían no ser suficientes para mantener el ciclo de crecimiento en un año en que se esperan repuntes de la inflación. El alcance de las medidas fiscales del nuevo presidente serán decisivo para sostener el optimismo de los inversores.

Chapas para celebrar la llegada a la presidencia de Donald Trump.
Chapas para celebrar la llegada a la presidencia de Donald Trump. Efe

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca va a significar un revulsivo para los mercados financieros. Nunca antes la proclamación de un presidente de gobierno en Estados Unidos había sido esperada con tanta incertidumbre por parte de los inversores. Aunque Trump ya esbozó durante la campaña electoral sus principales líneas de actuación en materia económica y fiscal, el detalle de las medidas y su alcance es esperado con expectación, en un momento en el que cualquier decisión política introduce más volatilidad en los mercados.

Pese a que la victoria de los republicanos pareció insuflar un aire de optimismo entre los consumidores y los inversores, los datos macroeconómicos de Estados Unidos indicaban desde hacía ya bastantes trimestres una situación positiva para la subida de tipos de interés, como efectuó finalmente la Reserva Federal por segunda vez en diciembre del año pasado.

Pero esta situación de inyección de más crecimiento en una economía que ya parece carburar por sí sola más la recuperación paulatina de los tipos de interés podría provocar un efecto que los gestores de activos no terminan de ver claro cómo puede terminar, pese a la sensación de euforia por el nuevo modelo de liderazgo de Trump.

“El efecto Trump es tan solo un acelerador muy poderoso del repunte del ciclo económico. Pero es muy posible que este ciclo empiece a decaer en la segunda mitad del año, dado que los sectores de energía, materiales y manufactureros han registrado unos rendimientos muy sólidos en el último año. Por ello, los mercados financieros podrían verse tentados de empezar a recoger beneficios en los próximos meses”, apunta Didier Saint-Georges, miembro del comité de inversión de Carmignac.

“Es posible que las políticas que se propone aplicar Trump resulten reflacionarias, o incluso inflacionarias para Estados Unidos, al menos durante algún tiempo. Pero lo cierto es que es difícil ver que las rebajas de impuestos, los estímulos fiscales y el resto de medidas propuestas vean la luz antes del cuarto trimestre de 2017, como muy pronto”, advierte Brendan Mulhern, estratega mundial en Newton, firma que forma parte de BNY Mellon IM.

“A medida que la nueva Administración entre en las diferentes agencias gubernamentales, no se empezarán a implementar planes de gasto específicos hasta, al menos, el segundo semestre del año. El comercio internacional podría verse lastrado mientras los diferentes participantes del mercado se muestran dubitativos hasta que se defina la política de Estados Unidos, lo que también podría impedir el progreso del mercado”, asegura Bill Hench, gestor en Royce & Associates, filial de Legg Mason especializada en compañías norteamericanas de pequeña capitalización.

Pero Saint George teme que los vientos de cola de los que disfruta la economía norteamericana no sean suficientes para mantener el optimismo de los inversores durante tanto tiempo. “El panorama podría tornarse especialmente complicado para los mercados de renta variable si el ciclo económico empieza a perder fuelle en EEUU en la segunda mitad de año, momento en el que los tipos de interés se ajustarán ante el aumento de la inflación. Esta secuencia de eventos no puede descartarse bajo ningún concepto”, subraya.

Mulhern comparte esta visión y avisa de que “el repunte de las tires de los bonos mundiales, la apreciación del dólar y el hecho de que el precio del petróleo se haya duplicado desde los mínimos del pasado febrero implican que los vientos de cola se han disipado y el entorno al que nos enfrentamos será más difícil”. Y en esta nueva etapa podrían producirse menos sorpresas positivas de las que descuenta el mercado, por lo que “la precipitada carrera hacia las áreas cíclicas del mercado” podría llegar a su fin este año.

Para Witold Bahrke, estratega macro 'senior' de Nordea Asset Management, "tanto en la política económica de Trump como, más en general, en las perspectivas de crecimiento a escala mundial, el optimismo requiere un cierto nivel de certeza para materializarse en inversiones concretas, en contrataciones y, en última instancia, en crecimiento. Una situación prolongada de incertidumbre resulta negativa para el crecimiento. En realidad no puede haber, al mismo tiempo, una gran incertidumbre acompañada de un gran optimismo. Una de las dos variables tiene que ceder".



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