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Marcos Sierra

Economía

Trump se pasa al régimen chino: donde dije libre mercado digo Diego

El proteccionismo se adueña de la política exterior norteamericana, tradicionalmente muy abierta en términos comerciales

El principal proveedor teléfonico de Japón cancela los pedidos de Huawei
El principal proveedor teléfonico de Japón cancela los pedidos de Huawei EFE

La Unión Europea es lenta como un elefante cojo. Flemática. Tiene mucha cachaza. Para todo. La aprobación de una directiva es una travesía en el desierto. La toma de decisiones con agilidad, un ideal inalcanzable. Hay que mover a 751 eurodiputados, cada uno de su madre y de su padre, cada uno de un partido y un país.

El caso Huawei está en la agenda de la UE, pero con tranquilidad. Desde Bruselas se pide paciencia, se deja claro que cuando haya que tomar una decisión, se hará con toda la información sobre la mesa, y con una radiografía completa de la compañía china. Una radiografía que tendrá a finales de junio. La Comisión Europea ha pedido a cada país un informe sobre ciberseguridad y desarrollo en torno a redes 5G. En España el grupo de trabajo ya se reúne, y con la presencia de Huawei. Desde hace unas semanas se avanza en este informe. La vida sigue su curso, a pesar de DonaldTrump.

El presidente de flequillo voladizo desciende de inmigrantes como los que ahora estigmatiza, es rápido en la toma de decisiones. Demasiado. Vehemente. Mucho. Representa al país que aboga por el libre mercado. El que regula -o desregula- al calor de las empresas.

La fórmula ha funcionado, es innegable. Estados Unidos apuntaba maneras desde sus inicios. Es fruto de un de una guerra, la de Independencia, cuya mecha prende la imposición del pago de aranceles a Gran Bretaña por la exportación de su té. Los colonos ingleses instalados en el norte del continente americano dijeron que nones, y se inventaron un país tras una cruenta guerra.

Trump, al aprobar una moratoria de tres meses a las restricciones a Huawei, hizo como el que queda a pegarse después de clase pero a última hora se arrepiente tras repasar la anatomía del rival

Donald Trump ha decidido romper con la tradición. O seguir la de arrimar el ascua a la sardina. El libre mercado ha encontrado un duro hueso de roer en China. La dictadura de Pekín se ha convertido en la fábrica del mundo, pero sus productos no son ahora únicamente copias de Moschino o Calvin Klein. Han aprendido de Occidente a fabricar con altos estándares de calidad. También han sabido innovar.

Huawei es, por ventas, la segunda marca de telefonía móvil a escala mundial, y también es el primer, y distanciado, actor en el desarrollo de redes 5G. Eso no gusta en la Casa Blanca. Hace unos días Trump, en un ataque de ira, firmó una directiva para cortar el paso a las empresas que envíen información confidencial del país al exterior.

Lleva meses denunciando que Huawei procede de esta manera, pero no hay pruebas definitivas al respecto. De todas maneras no hay que pasar por alto que Huawei se crió a los pechos de un sistema que llamamos régimen pero es una dictadura comunista. Su fundador es un ex oficial del Ejército Popular de Liberación y actual miembro del Partido Comunista. Ren Zhengfei cuenta con una fortuna de 2.800 millones de dólares según Forbes, ocupando el puesto 190 en el ranking de personas más ricas del orbe. No suena muy comunista. La hoz y el martillo sirviéndose del libre mercado.

La cosa es que Trump ha dado un golpe de timón. Para él, el libre mercado es libre, y es mercado, hasta que un tercero le pasa por la derecha utilizando esas reglas económicas que tantas alegrías han dado a EEUU. Entonces Trump se convierte en China y amenaza con duros aranceles y restricciones a empresas del país asiático. Proteccionismo. A esto se suma la decisión de Google de vetar los próximos terminales de Huawei. Se quedarán sin actualizaciones y sin tienda de aplicaciones. Una medida que duró 24 horas. Al día siguiente Trump aprobó una moratoria de tres meses para la aplicación de las restricciones. Es como el que queda a pegarse después de clase pero a última hora toma las de Villadiego tras repasar la anatomía del rival.

China es la fábrica de muchos productos norteamericanos y la despensa de metales específicos que, de ser bloqueados, pondrán en aprietos a parte de la industria norteamericana

Un enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China dejará muertos en ambos lados. El país asiático es la fábrica de muchos productos norteamericanos, y en su despensa se encuentran metales específicos -y únicos- que, de ser bloqueados, pondrán en aprietos a una parte de la industria norteamericana. Además, tiene en su poder parte de la deuda norteamericana. Poderoso caballero, ya saben el resto.

Hace unos meses la eurodiputada Pilar del Castillo comentaba a este redactor que Bruselas tomará una decisión en torno a Huawei. No detalló tiempo, pero sí matizó que había que estudiar en profundidad, y con tranquilidad, las cosas.

Y ahí tenemos a la UE, paquidérmica, en estado vegetativo, haciendo política donde otros materializan hechos. Esta vez la jugada, sin quererlo, puede ser la acertada. No conviene decidir sin sopesar. Esa genética flemática, esa burocrática eterna, el bienquedismo tradicional de las instituciones europeas, puede ser, por una vez, la mejor de las opciones en una crisis, la de China y Estados Unidos, en la que parece que lo mejor, de momento, es templar gaitas pero marcando de cerca al contrario.

Pasen el domingo sin pensar en el lunes, no me sean agonías. Serán mucho más felices. 

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