Rubén Arranzvozpopuli autores
Rubén Arranz

Opinión

¿Qué tendrán que hacer los periodistas para ganarse las habichuelas?

Lector de periódico
Lector de periódico Kaboompics / Karolina

Pocos meses antes de que Prisa desembolsara 2.000 millones de euros para hacerse con el 100% de las acciones Sogecable, el gigante Google compró Youtube por 1.300 millones. La estadounidense es actualmente una de las compañías más poderosas del mundo, mientras que la española se ha visto obligada hace unas semanas a pasar el cepillo entre los socios para evitar la quiebra. Cuando a Juan Luis Cebrián le preguntan por los motivos de la crisis financiera de la editora de El País, alude a la caída de Lehman Brothers y al ciclón que provocó en todo el mundo. Ciertamente, la falta de autocrítica ha estado íntimamente relacionada con la ausencia de buenas ideas en los medios de comunicación españoles.

Los periodistas no saben cuál será su futuro a 1, 5 o 10 años porque las sociedades, en general, y las empresas, en particular, tampoco conocen a ciencia cierta en qué entorno tendrán que desenvolverse.

Los gurúes hablaban hace unos años de “disrupción digital” y muchos empresarios no entendían el concepto. Hoy, alguno no ha comprendido su significado todavía mientras la banca cierra oficinas, desaparecen los buzones y las aplicaciones de alojamientos turísticos auspician burbujas de precios en los centros de las ciudades. Disrupción es que ya no hagan falta legiones de furgonetas y miles de quioscos para vender todos los periódicos que salen al mercado. Entre otras cosas, porque entre El Mundo, La Razón y ABC y El País apenas si difunden los mismos ejemplares que el diario generalista de Prisa hace 10 años.

La sociedad ha mutado y las relaciones y rutinas de las personas se han transformado. Se han adquirido nuevos hábitos y otros se han perdido. Hace una década, los ciudadanos bajaban el domingo al quiosco para comprar el periódico, mientras que una gran parte de ellos ya no lo hace. La socia del Departamento de Servicios Digitales de KPMG en España, Ana García de Madariaga, decía hace unas semanas que cada vez hay más jubilados que pueden definirse como millenials, pues es el grupo de población en el que más está creciendo el uso de iPads y tablets. Desde ahí leen el periódico.  

No hace mucho surgieron las plataformas de contenidos audiovisuales bajo demanda y el fundador de una de ellas –Netflix-, ya ha predicho que en 20 años no existirán las televisiones convencionales. Quizá habría que dejar de preguntarse si dentro de dos, tres o cuatro décadas se seguirá editando en papel para plantearse si lo que actualmente conocemos como ‘periódico’ existirá o si se comercializarán productos compuestos por los artículos y archivos audiovisuales elaborados por varias empresas. Totalmente personalizados para cada usuario. Y, por supuesto, sin nada que recuerde al pasado analógico.

Quizá habría que dejar de preguntarse si dentro de dos, tres o cuatro décadas se seguirá editando en papel para plantearse si el producto que actualmente conocemos como ‘periódico’ existirá.

En este contexto, los editores se hacen una pregunta que todavía nadie ha sido capaz de responder: ¿cómo financiamos el negocio? El consejero delegado de Vocento, Luis Enríquez –un ejecutivo inteligente y con ideas-, sugirió el pasado miércoles, en la Junta General de Accionistas del grupo, que el sector de los medios de comunicación cambia a tal velocidad que nadie tiene claro hacia dónde evolucionará.  “Todavía es demasiado pronto para estar seguros de la fisionomía del mercado publicitario a largo plazo”, afirmó.

Dicen que antes de que la llegada de una ola gigante, el agua del océano se retrae unos cuantos metros y anticipa la catástrofe. Los analistas del mercado publicitario dieron la voz de alarma en 2017, cuando comprobaron que, por primera vez, el crecimiento de la economía y del consumo privado no iba acompañado de un incremento de la inversión de los anunciantes. Eso indicó que detrás de las aguas calmadas que se apreciaban entonces, en un país en el que el PIB aumentó el 3,1%, podría estar gestándose un tsunami que tarde o temprano impactaría sobre las empresas periodísticas.

Evolución inversión publicitaria
Evolución inversión publicitaria i2p/Arcemedia

De momento, nadie sabe cuál será el alcance de esa ola gigante, pero todo el mundo tiene claro que el mercado publicitario ha cambiado, lo que ha obligado a los editores a tomar medidas para sobrevivir. Todo ello, pese a que el horizonte está nublado y nadie sabe lo que deparará el futuro para el negocio de los medios de comunicación.

Los anunciantes reclaman cada vez en mayor medida perfiles específicos de los lectores de prensa digital antes de invertir en estos diarios. Eso quiere decir que destinarán más dinero a quienes garanticen que sus mensajes llegan a un lector con unas características determinadas. Cada vez más específicas, lo que ha obligado a los medios a realizar inversiones en materia de big data. Ahora bien, pese a que este concepto esté actualmente en boca de todos los gurúes, tampoco hay que pensar que los periódicos se desenvuelven en un sistema de competencia perfecta en el que la buena información es suficiente para medrar e influir. Lamentablemente, los chanchullos, los favores y los impuestos revolucionarios seguirán existiendo e insuflando oxígeno a medios de comunicación que deberían desaparecer. Sin embargo, los editores son conscientes de que los anunciantes cada vez tendrán el morro más fino y eso les obligará a hacer un esfuerzo por conocer mejor a su audiencia.

Los chanchullos, los favores y los impuestos revolucionarios seguirán existiendo e insuflando oxígeno a medios de comunicación que deberían desaparecer.

Suscripciones, ¿escasos ingresos?

Por otra parte, existen serias –y fundadas- dudas sobre la posibilidad de que las cabeceras digitales puedan obtener ingresos significativos a través de las suscripciones. Es un modelo que en Estados Unidos ha tenido aceptación -además de algunos casos en Reino Unido o en referentes de la prensa económica-, pero que en España ha fracasado en la gran mayoría de los casos. La experiencia más exitosa, en este sentido, es la de eldiario.es, que en el primer semestre de 2017 obtuvo 673.000 euros a través de las cuotas de sus socios, lo que supuso casi una tercera parte de su facturación. No obstante, la publicidad fue la principal fuente de ingresos, con 1,3 millones, según sus propios datos.

No cabe duda de que los artículos de pago tarde o temprano se extenderán dentro de la prensa digital. Las estrategias que se han puesto en marcha, en este sentido, son varias.

Una de las más comunes –sino la que más- es el establecimiento de un muro de pago a cuyos contenidos sólo pueden acceder quienes pasen por caja. Otras empresas han apostado por realizar una oferta específica para públicos muy concretos (legal, por ejemplo), con la esperanza de encontrar una nueva vía de ingresos. En otros casos, como el de la holandesa Blendle, se ha apostado por los micropagos. El usuario introduce cuando se registra el número de su tarjeta de crédito y, a partir de ahí, tiene la posibilidad de abonar 25 céntimos cada vez que le interese leer un artículo de algunas de las varias cabeceras de referencia a cuyos contenidos ofrece acceso esta página, como The New York Times, The Washington Post o The Economist.

Audiencia sin influencia

En España, las experiencias de este tipo no sobran, precisamente. Los editores –salvo excepciones- han demostrado una preocupante cortedad de miras y han apostado por librar la batalla de la audiencia con todas las consecuencias. Aunque eso haya provocado una degradación de sus ediciones en internet, actualmente infectadas de artículos sensacionalistas o, sencillamente, intrascendentes o estúpidos.

En la mayoría de los casos, se trabaja para Comscore (medidor de audiencia), para las redes sociales y para Google. Los medios se han acostumbrado a distribuir sus contenidos de forma gratuita en estas plataformas con la lógica de que su negocio será más rentable si sus artículos llegan a un mayor número de personas. Es un pensamiento cortoplacista que deja clara su falta de visión y anticipa un futuro muy negro.

Mientras en este lugar del mundo los editores demuestran esta torpeza, Jeff Bezos (The Washington Post) se inventó una vía de ingresos a través de una plataforma que pueden contratar los medios "que se quieran preocupar exclusivamente de hacer periodismo, y no de cuestiones técnicas". En concreto, les permite elaborar sus contenidos en un software concebido exclusivamente para la elaboración de diarios digitales. Cuantos más lectores tienen, más dinero pagan a Bezos, que sólo pone el sistema y el ‘ancho de banda’. En su lista de socios figuran actualmente ‘ilustres’ como The Boston Globe.

Los medios se han acostumbrado a distribuir sus contenidos de forma gratuita en estas plataformas con la lógica de que su negocio será más rentable si sus artículos llegan a un mayor número de personas. Es un pensamiento cortoplacista que deja clara su falta de visión.

Hace unos años, los usuarios de internet descargaban películas y música gratis por sistema. Las cosas han cambiado sustancialmente gracias a que empresas como Spotify, Netflix o HBO han logrado dar con la tecla para hacer cientos de miles de suscriptores. Parece que el periodismo deberá seguir un proceso similar si no quiere sufrir en los próximos años y verse aplastado por fenómenos como el de las fake news o (más grave) el de las noticias elaboradas, por decenas, por las grandes compañías, según sus intereses.

Lo que está claro es que la situación tiene que cambiar y deben encontrarse los mecanismos necesarios para que la prensa gane libertad. Este jueves, la Audiencia Nacional imputaba a CaixaBank por supuesto blanqueo de capitales. Los principales medios españoles situaron esta importante noticia por debajo de varios temas intrascendentes. Este viernes podía saber usted más detalles de la renta per cápita de los ciudadanos de Macao que de los hechos supuestamente cometidos por esta entidad bancaria. Es un perfecto ejemplo para ilustrar el estado de la prensa actual. La que el lector no quiere y la que se ha dejado de comprar. O se ha dejado comprar, según se mire.

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba