Energía

El desmantelamiento de Garoña: un tedioso proceso que llevará varios años

La transferencia de titularidad de la central a Enresa será un proceso complejo que la compañía deberá llevar a cabo junto a Nuclenor. Antes de que se cierren las puertas de Garoña, tendrán que completarse varios procesos administrativos y presentar diversos estudios, solicitudes y planes para desmantelar las instalaciones de forma segura.

Vista del reactor de la central nuclear de Santa María de Garoña.
Vista del reactor de la central nuclear de Santa María de Garoña. EFE

La denegación del permiso de explotación a la central de Santa María de Garoña, la más veterana de las nucleares españolas y parada desde diciembre de 2012, inicia un "periodo de transición" hasta la transferencia de la titularidad de la central a la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa), un proceso complejo y que podría llevar "varios años", según la exconsejera del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) Cristina Narbona.

En estos momentos, Enresa está preparando la documentación necesaria para solicitar el desmantelamiento y la transferencia de titularidad de la central. Según explica en un comunicado, la compañía llevará a cabo, además, las actividades preparatorias del desmantelamiento en conjunción con el actual titular de la instalación, Nuclenor.

Enresa tiene experiencia en este tipo de procesos al ser la responsable del desmantelamiento de otras dos centrales españolas Vandellós 1 (Tarragona) y Zorita (Guadalajara) y un reactor experimental del Centro de Investigaciones Energéticas (CIEMAT), en Madrid. Durante este proceso administrativo y hasta su culminación, aclara Enresa, la titularidad exclusiva de la instalación continuará siendo de Nuclenor.

A Nuclenor (participada por Endesa e Iberdrola) les corresponde, entre otras, acondicionar los residuos operacionales y efectuar la descarga del combustible gastado de la piscina a los contenedores, suministrados por Enresa, para su disposición en el Almacén Temporal Individualizado (ATI) de la central. Ello como paso previo a su remisión al Almacén Temporal Centralizado, cuando éste se encuentre disponible.

La compañía también deberá colaborar con Enresa en las actividades preparatorias para el desmantelamiento. Administrativamente, la Empresa de Residuos Radiactivos debe presentar al Ministerio de Energía el "estudio básico de estrategias para el desmantelamiento" para su envío al CSN y solicitar su autorización al posterior "Plan de Desmantelamiento".

En paralelo, se deberá presentar el Estudio de Impacto Ambiental y solicitud de la autorización, como prevé el del Tratado de Euratom (artículo 37) sobre el posible impacto transfronterizo de esta operación. Para proceder al desmantelamiento, el Plan debe obtener el informe favorable del CSN -máximo organismo en materia de seguridad y protección radiológica- y la consiguiente autorización del Ministerio de Energía.

Todo este proceso "tardará varios años", ha asegurado a Efeverde la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, quien ha recordado el caso de la central José Cabrera de Almonacid de Zorita, que cesó su actividad en 2006 y cuyo desarme sigue activo.

El desarme de la central José Cabrera de Almonacid de Zorita, que cesó su actividad en 2006, sigue todavía activo

En cuanto a plazos, Narbona ha indicado que "tenemos experiencia con el caso de Zorita", en el que se decidió su cese en 2002, durante el mandato del expresidente José María Aznar (1996-2004), tras un acuerdo de todas las fuerzas políticas, pues "era una central de 40 años, pequeña, que hubiera requerido, igual que Garoña, inversiones elevadísimas".

Sin embargo, quince años después, su desmantelamiento aún continúa en marcha, "a pesar de que se trató de un proceso mucho más claro desde el principio, sin los equívocos y las falsas promesas que se han dado sobre Garoña", ha apostillado Narbona.

La central nuclear José Cabrera cerró sus puertas en 2006, pero su desmantelamiento aún no ha concluido.
La central nuclear José Cabrera cerró sus puertas en 2006, pero su desmantelamiento aún no ha concluido. EFE

Otra de las centrales clausuradas en España que se encuentra en un proceso bastante avanzado de desmantelamiento es la de Vandellós I, cerrada tras un incendio en 1989, "por el que hubo razones de seguridad que hicieron que el proceso fuera distinto".

Expertos en energía nuclear consultados por Efe coinciden en que la mejor solución es "dejar de producir residuos radiactivos para no tener que preocuparse de su almacenamiento". Por su parte, el portavoz de Ecologistas en Acción para temas de energía nuclear, Francisco Castejón, ha considerado que "no sería disparatado dejar los residuos en ATI de forma temporal ante la falta de una solución técnica satisfactoria" que, por otro lado, dice "ningún país ha hallado todavía".

Desde Nuclenor se apuntó antes de la parada de central que las labores de desmantelamiento se prolongarían durante no menos de 13 años

El especialista en temas de energía y miembro fundador de la consultora ambiental Salvia Team, Carlos Bravo, ha insistido en que "no tiene sentido producir un residuo que no tiene solución", e insiste en que "habría que abrir un gran debate a nivel europeo para una solución más allá de los ATI".

Desde Enresa se insiste en que "cada central es muy diferente y también lo será el desmantelamiento". Como referencia, el ministro de Industria, Álvaro Nadal, apuntó ayer una inversión de unos 600 millones de euros a pagar a medias entre la propietaria de la central y la administración general del Estado.

Fuentes de Nuclenor, que ahora guarda silencio y se ha limitado a emitir un breve comunicado en el que anuncian que decidirán en los próximos días su postura, se apuntó antes de la parada de central que las labores de desmantelamiento se prolongarían durante no menos de 13 años.

¿Qué pasará con los municipios?

Los catorce municipios burgaleses más próximos al entorno de la central nuclear de Garoña se preparan para diseñar su propio futuro desde la desconfianza en planes externos, como los desarrollados hace unos años, que no han supuesto una alternativa a la actividad de la planta cuyo cierre es inevitable.

Tampoco la actividad de la central ha sido la panacea durante más de cuarenta años. Los alcaldes coinciden en que ha podido contribuir algo a frenar la despoblación pero la realidad es que los municipios más próximos tenían 3.600 habitantes cuando la planta comenzó a funcionar a principios de los años 70 y ahora solo están censadas mil personas. Algunos vecinos del entorno trabajan en la central, aunque la mayoría a través de subcontratas, mientras que otros se beneficiaban del aumento de población flotante que generaba la planta mediante la prestación de servicios.

Una vista de la central nuclear de Santa María de Garoña desde un campo de girasoles.
Una vista de la central nuclear de Santa María de Garoña desde un campo de girasoles. EFE

También los ayuntamientos han cobrado impuestos a la empresa, de la que tradicionalmente han recibido ayudas para su desarrollo o la celebración de actos culturales, aunque estos apoyos se habían ido reduciendo hasta casi desaparecer en la última década.La alcaldesa de Trespaderne, Ana Isabel López, prefiere ver el cierre de Garoña como "una oportunidad" para el entorno. Lo que ha provocado Garoña en la zona es, en su opinión, "una bonanza fantasma" que ahora se traducirá en que los más de 200 trabajadores directos se irán a otras plantas nucleares y los también cerca de 200 empleados de las contratas serán "los que sufran más la situación", aunque la mayoría de estas empresas ya habían ido reduciendo plantillas desde que la central paró su actividad en diciembre de 2012.

La idea que persiguen los alcaldes de la zona es que "cuando se cierra una puerta se abre una ventana", porque confían en las posibilidades que ofrece la zona para el turismo y la explotación hortofrutícola. Es lo que dice el alcalde de Oña, Arturo Pérez, que recuerda que la central se puso en el Valle de Tobalina por el gran caudal del Ebro a su paso por la zona, lo que ahora se puede aprovechar para cultivos que no supondrán un perjuicio para el desarrollo turístico. En su opinión, lo que no sería deseable es una apuesta por grandes polígonos industriales, aunque sí contar con viveros de empresa y "naves nido" para emprendedores de negocios más respetuosos con el entorno.Un ejemplo es lo que ya ha ocurrido en Poza de la Sal, próximo a la central de Garoña pero fuera del radio de diez kilómetros que, según su alcalde, tiene casi los mismos perjuicios que los pueblos más cercanos "pero sin ningún beneficio".

Los alcaldes de la zona confían en las posibilidades que ofrece el entorno para el turismo y la explotación hortofrutícola

Poza de la Sal ha apostado por las energías renovables, con un gran parque eólico, y por el turismo, con un triángulo de promoción turística del que también forman parte Oña y Frías, dos localidades más cercanas a la planta atómica.

Los alcaldes del entorno más cercano a la planta nuclear, en un radio de diez kilómetros, se reunirán el viernes en el municipio de Valle de Tobalina, donde se encuentra la central, para avanzar en el diseño de soluciones alternativas, aunque ya trabajan en un plan de elaboración propia que expondrán a las administraciones en busca de ayuda. "Lo que no sirve para nada es que se vuelva a elaborar un plan desde fuera con propuestas que no son aplicables en esta zona", asegura la alcaldesa del Valle de Tobalina, Raquel González.

Desde la Asociación de Amigos de Frías, otra de las localidades del entorno más próximo a Garoña, José Antonio Martínez lamenta que se hayan perdido años en el diseño de alternativas a la central nuclear pese a que "ya se sabía que el cierre era inevitable y que solo era cuestión de saber cuándo". Cree que lo importante es "actuar de inmediato" porque si la zona se queda abandonada uno o dos años "quedará abandonada para siempre y se convertirá en un desierto".

La Asociación de Amigos de Frías insiste en que se actúe de inmediato: si la zona se queda abandonada uno o dos años "quedará abandonada para siempre y se convertirá en un desierto"

Ahora queda saber cuál será el futuro de los empleados de la nuclear, que hoy han acudido a su puesto de trabajo casi con total normalidad, solo rota por una asamblea en la que sus representantes sindicales les han asegurado que ahora comienzan a trabajar para asegurar su futuro.

A la espera de la reunión convocada para mañana en Miranda de Ebro con el personal de las contratas que trabajan para Garoña, mucho más difícil de proteger y del que ni siquiera hay un censo preciso, desde el comité de empresa dan por sentado que el futuro pasará por seguir con el plan de jubilaciones que comenzó al parar la central en 2012, los traslados de trabajadores a otras plantas nucleares o los trabajos de desmantelamiento de las instalaciones.



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