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Rubén Arranz

Desafío independentista

TV3: ahora se dan cuenta de que el bicho está descontrolado

Carles Puigdemont
Carles Puigdemont Javier Martínez

El independentismo se ha movido durante los últimos meses a golpe de cliffhanger, ese recurso tan manido en la mala literatura y en el cine de baja estofa que consiste en introducir tensión en la trama y pegar volantazos constantemente para tratar de mantener la atención del espectador. En la Cataluña actual, esto se ha convertido en el pan de cada día; y esto ha sido posible gracias a la labor de la cohorte mediática de la Generalitat, tan bien alimentada con jugosas subvenciones –más o menos directas- como especialista en hacer la vista gorda con las corruptelas y contradicciones de los líderes del separatismo. Sobra decir que el altavoz que más ha contribuido a mantener ese estado de neurosis ha sido TV3, que en esta última etapa se ha especializado en fabricar falsos mitos a partir de las desventuras de los secesionistas.

Al Estado nunca se le ha dado bien poner freno a los desmanes de las televisiones autonómicas. En buena parte, porque resulta impopular (así estamos). Hace unas semanas, la EiTB vasca recurría a un ex-prófugo relacionado con ETA para ejemplificar la mala situación de los jubilados sin recursos. El Gobierno de esa región no sólo evitó reprender a los directivos del canal, sino que defendió la aparición del tipo en cuestión en uno de sus programas. Lo contrario, hubiera sido un acto de censura, vino a decir el consejero de Cultura. Ninguna autoridad española hizo nada al respecto, como tampoco actúa en los casos que se registran casi a diario en las cadenas en las que los partidos nacionalistas tienen influencia. O en las que un barón o baronesa regional utiliza ingentes recursos públicos para aferrarse a su trono.

Los partidos acordaron a finales de octubre mantener TV3 fuera del paraguas del artículo 155 y –oh, sorpresa-, esta televisión ha seguido transmitiendo a los catalanes, cada día, a cada hora, esa particular receta del soberanismo catalán que mezcla manipulación, victimismo y resentimiento. El alcance de estos mensajes se puede apreciar al observar los datos de audiencia que ha registrado esta cadena, que han sido los mejores de los últimos años. Este domingo por la noche, su director, Vicent Sanchis -biógrafo de Lluís Prenafeta, otrora tertuliano peleón y actualmente hombre irascible con quien osa cuestionar la neutralidad del medio que dirige-, entrevistó a Carles Puigdemont desde su refugio alemán. Y no se lo va usted a creer, pero la conversación fue amigable y el resultado, todo un lavado de imagen.

Tarde y mal, muy mal

Después de conocer el resultado de la entrevista, Albert Rivera ha asegurado que TV3 es el equivalente al NODO de los independentistas. Lo ha hecho como quien, 16 de abril de 2018, año 35 después del inicio de las emisiones, hubiera tenido una epifanía. Poco después, Ciudadanos proponía la reactivación de la comisión de control parlamentario de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA). Y avisaba: en caso de que los partidos soberanistas se nieguen, iniciará maniobras para que el Senado autorice al Gobierno a aplicar el artículo 155 en la radio-televisión pública autonómica. Es decir, lanzaba un mensaje al Partido Popular para que tenga en cuenta que, en caso de que sus gestiones en el Parlamento catalán no prosperen -lo que no va a ocurrir porque los independentistas lo van a impedir-, le exigirá que haga uso de su mayoría en la Cámara Alta para devolver al orden a TV3. Básicamente porque Ciudadanos, con 3 senadores, poca fuerza puede ejercer.

En este contexto de desmedido tacticismo parlamentario, resulta complicado dirimir si los portavoces de los partidos creen en lo que dicen y están dispuestos a actuar o si realmente hablan para causar daño en las filas enemigas y ganar votos. En cualquier caso, lo cierto es que en el caso de TV3 se ha reproducido el mismo guión que en otras muchas ocasiones, en las que los partidos constitucionalistas estaban obligados a atajar un problema relacionado con el independentismo y no lo hicieron por miedo a pagar peaje político. Bien por el miedo al qué dirán o bien porque las decisiones podían perjudicar sus acuerdos con formaciones bisagra, como fue CiU.

El PSOE maneja Canal Sur y manejó RTVE a su antojo, pero, por alguna razón, se negó a intervenir TV3 en una situación de excepcional gravedad

El PSOE maneja Canal Sur y manejó RTVE a su antojo, pero, por alguna razón, se negó a intervenir TV3 en una situación de excepcional gravedad por los reparos que le producía controlar un medio de comunicación. Y el Partido Popular y Ciudadanos votaron a favor. Eso ha posibilitado que los independentistas cumplan con la siguiente parte de su estrategia, que pasa por convertir las imputaciones de sus líderes en medallas de guerra y por moldear ídolos a partir del barro que les llega al cuello a las formaciones rupturistas. Una parte de Cataluña considera hoy héroes a personajes tan oscuros y timoratos como 'los Jordis', Carles Puigdemont, Marta Rovira u Oriol Junqueras. En buena parte, la responsable de esto es TV3. La que consiente que una escritora queme un ejemplar de la Constitución en directo. O la que transmite a los niños que quienes esconder las urnas el 1-O era poco menos que un divertido juego.

Desde luego, hubiera sido complicado establecer un control efectivo sobre unos medios de comunicación en cuyas redacciones el independentismo es dominante. Pero la peor estrategia era la inacción, entre otras cosas, porque hay directivos de TV3 que no deberían seguir ni un segundo más en su cargo. Ni en lo público. Ahora, Rivera anuncia su intención de rectificar. La pregunta es: ¿acaso alguien pensaba que el guión para con TV3 no se iba a desarrollar de esta forma?



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