Compra Popular Por qué los bisnietos de José María Ruiz-Mateos maldecirán a Banco Popular

El fundador de Rumasa realizó en los años ochenta del pasado siglo un préstamo de 1.770 millones de pesetas a una empresa vinculada al Opus. La sociedad ha estado desde entonces gestionada por reconocidos ejecutivos ligados a la prelatura de la Iglesia católica.

Familia Ruiz-Mateos en una imagen de los años ochenta.
Familia Ruiz-Mateos en una imagen de los años ochenta. GTRES

En el año 2057 es posible que alguien explique a los bisnietos de José María Ruiz-Mateos que hace 40 años, en 2017, existía un banco llamado Banco Popularque desapareció en junio de ese año, y que sus accionistas perdieron todo el dinero invertido en la entidad. Y que su bisabuelo había prestado cuando era joven y uno de los hombres más ricos, si no el que más, de España, 10,6 millones de euros -¿existirá todavía el euro?- a una empresa que invirtió buena parte del dinero en aquel banco.

También es posible que en el futuro, a los bisnietos de Ruiz-Mateos alguien les explique que su bisabuelo, a principios de los años ochenta del siglo pasado, era miembro de una organización religiosa llamada Opus Dei -¿seguirá existiendo entonces?-, y que las mismas personas que invirtieron esos 10,6 millones en Banco Popular, pertenecían igualmente a la misma organización. Pero que un día todo saltó por los aires, que el abuelo abandonó el Opus -quizá no les cuenten que en realidad fue expulsado-, y que, en definitiva, se quedan sin ese dinero.

En la actualidad, sobre el préstamo que Ruiz-Mateos hizo al Opus Dei y la gestión que sobre ese dinero se ha hecho, sobre la vinculación entre unos y otros, sólo es posible atar cabos a través del Registro Mercantil, la hemeroteca, y las fuentes dispuestas a contar lo que saben. Porque la prelatura de la Iglesia Católica niega haber recibido préstamo alguno de Ruiz-Mateos, así como rechaza tener o haber tenido participación en la entidad financiera adquirida esta semana por Santander. Pero los datos mercantiles son tozudos.

Pedro Pasquin, consejero delegado de Lazard, contratado para la venta de Popular, abandonó en diciembre IEISA por motivos profesionales

Entre 1980 y 1982, José María Ruiz-Mateos suscribió con Gregorio López Bravo, este último en representación de la empresa Instituto de Educación e Investigación (IEISA), contratos de préstamo por un importe total de 1.770 millones de pesetas, sin interés, y por un plazo de 75 años.

López Bravo, Ministro de Industria durante la dictadura franquista, supernumerario del Opus Dei, fallecido en 1985 en el accidente de avión del monte Oiz de Bilbao, fundó IEISA en 1981 para financiar proyectos sociales. Desde entonces, reconocidos representantes de la empresa española ligados a la prelatura de la Iglesia Católica se han hecho cargo de la gestión de la compañía.

Las últimas cuentas disponibles en Registro Mercantil de IEISA, del año 2014, hacen una referencia sutil a aquel préstamo de Ruiz-Mateos. En el epígrafe 'Otras deudas a largo plazo', la empresa explica que incluye ahí "los préstamos concedidos para garantizar el cumplimiento de los fines y actividades de carácter social que motivaron la constitución de la sociedad, instrumentados en seis efectos financieros por importe de 10,6 millones, con un vencimiento único del 31 de diciembre de 2057". 

Los 10,6 millones de euros es la misma cantidad, aproximadamente, que Ruiz-Mateos prestó a principios de los años ochenta, poco antes de la expropiación de Rumasa, a la empresa vinculada al Opus Dei (1.770 millones de pesetas). Si restamos a 2057 -la fecha de vencimiento del préstamo que figura en las cuentas de IEISA- los 75 años de plazo de devolución del mismo, resulta 1982, el año en el que se firmó. Y los "seis efectos financieros", coinciden prácticamente con el formato de pago que acordaron el empresario jerezano y López Bravo, como publicó en 1986 el diario El País.

Luis Herrando Prat de La Riba, presidente de IEISA, ha sido consejero de Banco Popular entre 2001 y 2016

IEISA está controlada, desde el año 1986, por la Fundación Instituto de Educación e Investigación, en un 75% de forma directa, y en un 25% indirectamente. A principios de este siglo, la fundación se comprometió a adquirir el 1% de Banco Popular. Una participación valorada entonces en 43 millones de euros. Desde entonces, el triángulo IEISA-Opus Dei-Banco Popular ha estado flotando en el ambiente, siempre presente, pero nunca de forma transparente. 

Aunque las cuentas de IEISA no precisan en qué valores cotizados invierte año tras año, todo sugiere que buena parte ha estado destinada a la adquisición de acciones de Banco Popular.

El presidente de la Fundación Instituto de Educación e Investigación, y de IEISA, Luis Herrando Prat de La Riba, hermano de Ramón Herrando Prat de la Riva, vicario regional del Opus Dei en España, fue nombrado consejero de Banco Popular a mediados de 2001, cargo que abandonó el pasado año.

De acuerdo a las cuentas de la compañía fundada por Gregorio López Bravo, que este diario ha consultado desde 2008, a través de Insight View, tanto los resultados como los deterioros anotados ejercicio tras ejercicio coinciden con los vaivenes en Bolsa de Banco Popular. También el coste de la cantidad anotada en las cuentas de IEISA de inversión en sociedades cotizadas, entre 40 y 45 millones de euros, coincide con la valoración del 1% de Banco Popular adquirido por la Fundación Instituto de Educación e Investigación en 2001.

En el consejo de administración de IEISA, de acuerdo a las cuentas de 2014, se sienta José Ignacio Ramírez Ollero, secretario del consejo de Unión Europea de Inversiones, grupo empresarial accionista de Banco Popular, también vinculado al Opus Dei, y en cuyo accionariado participa Fundación Instituto de Educación e Investigación.

También en el consejo de IEISA ha estado presente Pedro Pasquín, consejero delegado de Lazard. El banco de inversión fue seleccionado por el último presidente de Banco Popular, Emilio Saracho, para vender la entidad. El pasado mes de diciembre la Fundación Instituto de Educación e Investigación comunicó que Pedro Pasquín renunciaba "como Patrono de la Fundación IEISA por motivos de índole profesional, incompatibles con sus funciones anteriores" y que también abandonaba el consejo de IEISA.



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